También cuestionan a la Dra. Carlucci
No por nada Horacio Verbitsky estaba a cargo en la formación «Montoneros» de «inteligencia» en los '70. Marcaba objetivos, «hacía los manuales y efectuaba las delaciones de compañeros», suele recordar un activo participante con nombre de guerra (subversiva), «Chacho». Por eso se sospecha de la campaña lanzada públicamente contra la jueza mendocina Aída Kemelmajer de Carlucci, de quien se ha dicho -este diario también lo ha dicho- que le correspondería una nominación a la Corte y no la tan repudiada de Eugenio Zaffaroni. Frente a las terribles circunstancias que van surgiendo sobre Zaffaroni se miraba a la Dra. Carlucci por ser mujer -la Corte las desprecia por no tener ninguna-, del interior del país (hasta que apareció el abogado Juan C. Maqueda, eran todos abogados capitalinos, salvo Julio Nazareno, de la Rioja) y judía, la colectividad que más sufrió con la Corte en las investigaciones sobre sus dos atentados. Que una parte de los ataques contra la letrada mendocina haya salido por «Día D» da sospecha de «campaña», pero también publicó objeciones «El Guardián», semanario de gran actualidad que tiene precisamente su base en Mendoza. Hiere a algunos, pero sobre un país generalizadamente transgresor como el nuestro se expresó que «para tener un argentino puro hay que criarlo y aislado». No sabemos qué hay de cierto sobre esta jueza y sobre el accionar de su esposo, Nedo Carlucci, a quien se lo vincula nada menos que con el ex juez Leiva, destituido por el Consejo de la Magistratura por coimero. Veamos párrafos salientes de lo que expresa «El Guardián»:
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$LIBRA: diputados denunciaron al fiscal Taiano por provocar "demoras injustificadas"
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El Consejo de la Magistratura blanquea sus números para contrarrestar opacidad
Mario Centarti está viviendo un calvario cuyo epicentro son las cuentas que tiene en el Banco Crédito de Cuyo. Según él, dice, en esa entidad lo estafaron. Porque habrían fraguado documentación para hacerlo pasar como deudor de un crédito de 100 mil pesos. El abogado del banco se encargó de rematarle la bodega familiar. Y todas las demandas que puso en la Justicia para denunciar a las maniobras de los banqueros fueron siempre falladas en su contra. Centarti cree que lo que lo hundió fueron las relaciones de los denunciados con la jueza de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza, Aída Kemelmajer de Carlucci, algo similar a lo que le quita el sueño al gobernador Roberto Iglesias. Los directivos del banco eran Daniel y Carlos Ostropolsky y su abogado era el ya famoso Nedo Carlucci, esposo de la jueza y uno de los hombres más ricos de Mendoza. Ante la Justicia, Centarti los denunció a los directivos del Cuyo por pedido de quiebra ilegal, falsificación de firma, apropiación de cheques y fabricación de documentación. Lo extraño es que en tribunales, Centarti conseguía dictámenes fiscales favorables y pronunciamiento de los jueces en contra. Lo que él dice es que estos jueces estarían presionados por la jueza -que lidera a veces la Corte Suprema mendocina- Kemelmajer.




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