Enunció el Presidente una tesis algo esbozada ya pero dificilísima de implementar: que los sindicatos absorban a los piqueteros.
Sería para que los desocupados tengan una cobertura asistencial.
Para los sindicalistas todo lo que sea el tema salud acrecienta sus ganancias y no se oponen.
Piensan en descuentos sobre los suculentos millones de los planes Jefas y Jefes de Hogar.
Por las buenas, los caudillos piqueteros no aceptarán.
Menos los ideologizados, que han llegado al sueño de tener milicias de calle pagas por el Estado.
Otra sorpresa del Presidente es que no los hizo esperar por la nueva actitud que tomó desde el acto de la AMIA, al que llegó 20 minutos antes.
La demora la usó siempre como otra arma para robustecer su imagen.
¿Habrá concluido que ya no necesita más robustecimiento?
Dio otro síntoma: les dijo que no hablaría del pasado sino del futuro, algo que hizo respirar aliviados a los presentes mezclados con todos los gobiernos recientes.
El Presidente alentó, imponiéndose a sí mismo, aumentos de salarios, pero para nada están previstos en los gastos de Hacienda.
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