Aníbal Ibarra refrescó ayer la idea de hacer una reforma política en la Ciudad de Buenos Aires, como parte de su estrategia hacia el ballottage porteño del próximo 14 de setiembre.
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El jefe de Gobierno presentó, en una conferencia de prensa, a los legisladores electos el domingo pasado y aunque no los nombró, dijo que ellos serían los encargados de la sanción de una ley que modifique en la Capital Federal el actual sistema electoral para imponer uno de votación por zonas, con listas uninominales y la posibilidad de que se presenten candidatos de partidos vecinales. Ibarra hizo esa promesa desde el tradicional bar Querandí en el barrio de San Telmo, con algunas ausencias y otras presencias sorpresivas entre el público. Estuvieron casi todos los electos, diputados y legisladores porteños, de las tres listas que llevó Ibarra al cuarto oscuro, pero no se vio a los ganadores de la lista propia, Claudio Lozano y Juliana Marino.
Exultante estaba la jefa de los inspectores, Silvana Giudici, quien logró una banca en el Congreso merced a la campaña que realizó Jorge Giorno con el partido de la Ciudad, quien logró imponer la lista que lo llevó de primer candidato a legislador porteño más que la propia de Ibarra. Todo un regalo para esa desconocida funcionaria, que es radical y se integraría al bloque UCR en Diputados y que ni siquiera participó del proselitismo que desde principios de año ese diputado que reelige viene haciendo con un colectivo acondicionado a modo de local partidario ambulante para recorrer los barrios.
Llamó la atención el ingreso al lugar de la menemista Raquel Kismer de Olmos, quien fuera partenaire de Gerardo Sofovich cuando el animador se postulaba a jefe de Gobierno porteño antes de postergarse las elecciones de la Ciudad de junio a agosto. Olmos, actual directora de la Corporación Sur -un ente estatal de bajo brillo e ignorada utilidad- y habría sido convocada por el ibarrismo para colaborar en la campaña, curiosamente antimenemista, del jefe de la Ciudad. Ibarra se sentó junto a Giorno, Norberto La Porta y Diego Kravetz (bonassismo) y se mostró abatido, seguramente porque aún está digiriendo los reproches de casi todo el arco político que lo acompañó, por el resultado del domingo.
En las mesas del Qurandí no le perdonaban siquiera la elección del Hilton para esperar los resultados electorales. «Desde ahí no se puede convocar a Zamora», opinaban sabedores de campañas perdidas.
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