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En el mensaje, Bin Laden elogió la pérdida de vidas en los Estados Unidos, se refirió a los autores de los atentados como «musulmanes de vanguardia» y describió al presidente norteamericano, George W. Bush, como el «líder de los infieles». Y además señaló que el conflicto actual era entre «los creyentes musulmanes y los infieles».
«Cada musulmán debe alzarse para defender su religión. El viento de la fe está soplando y el viento del cambio está soplando para eliminar al diablo de la península de Mahoma», dijo, refiriéndose a Arabia Saudita.
«América no vivirá en paz antes de que la paz no reine en Palestina», añadió, en referencia al conflicto entre Israel y Palestina.
Bin Laden ha descrito desde hace tiempo a Estados Unidos como el enemigo del Islam y afirmado que las tropas norteamericanas deberían retirarse de Arabia Saudita, que alberga los dos lugares sagrados del Islam, y del Golfo.
«Ciertamente espera provocar una reacción mayor con tales ataques, provocar una revuelta popular que debilitaría los lazos entre Occidente y los países árabes y musulmanes», dijo Neil Patrick, director del programa de Medio Oriente en el Royal United Services Institute.
A pesar de que Bush ha insistido en que Estados Unidos es amigo de los casi 1.300 millones de musulmanes del mundo, el fervor religioso podría encenderse en las calles del mundo islámico.
Inclusive antes de que comenzara la operación militar contra Afganistán, los musulmanes llevaron a cabo protestas desde Pakistán, Indonesia y Malasia hasta el Líbano, quemando figuras de Bush y advirtiendo a sus gobernantes que no se aliaran con Washington.
Muchos musulmanes todavía consideran la acción militar estadounidense como un pretexto para atacar a los musulmanes y árabes en general, y dudan de que Bin Laden esté detrás de los atentados suicidas contra Estados Unidos.
Aunque pocos aprueban los métodos sangrientos de Bin Laden, la mayoría de los musulmanes comparte su hostilidad hacia la política norteamericana, como las sanciones a Irak, su presencia armada en Arabia Saudita o su apoyo a Israel sin tener en cuenta los derechos palestinos.
Clérigos en todo Medio Oriente han dicho a sus fieles que está prohibido que cualquier gobernante o país musulmán apoye a Estados Unidos en su lucha contra un país musulmán.
En los años '80, sin embargo, los clérigos sí habían aprobado las alianzas con Washington en apoyo de los mujaidines que lucharon contra los soviéticos en Afganistán.
En esa lucha contra la Unión Soviética fue donde se estrenó Bin Laden, y una vez que se logró la victoria sobre la superpotencia soviética, Bin Laden volvió su ira hacia la otra super-potencia.
Bin Laden y sus miles de voluntarios árabes atribuyeron entonces la victoria a una combinación de celo religioso y avanzada tecnología occidental, una fórmula que muchos fundamentalistas creen que está detrás del éxito israelí sobre los árabes.
Aquella guerra contra la Unión Soviética eliminó para los musulmanes el mito de las super-potencias, dijo entonces Bin Laden, quien empezó a ser considerado invencible por sus seguidores.
«La hostilidad hacia América es un deber religioso, y esperamos ser recompensados por Dios. Tengo confianza en que los musulmanes serán capaces de acabar con el mito de la llamada superpotencia que es Estados Unidos», dijo Bin Laden una vez en una entrevista.
Dia'a Rashwan, un experto islamista en Egipto, predijo una larga batalla y más ataques organizados por Bin Laden. «Estamos en una guerra abierta y larga. Las fronteras de esta guerra están abiertas y sus repercusiones no se producirán sólo en Afganistán sino en todo el mundo», dijo.



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