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25 de marzo 2004 - 00:00

Tensión, deslealtad y bromas colegiales

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Pompa y circunstancia en El Palomar, sede del Colegio Militar, al sorprender, circunspectos y con mirada huidiza, un fotógrafo a José Pampuro y Néstor Kirchner cuando Roberto Bendini bajaba retratos de las paredes de esa unidad.
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Si Bendini padecía la ira de varios de sus subordinados, las protestas también se extendieron al ministro de Defensa, José Pampuro, quien estaba tieso y blanquiñoso por el disgusto castrense (lo que se comprobó luego, por televisión, cuando se transmitió el acto). Ni siquiera podía disfrutar Pampuro de que lo sacudieran a Bendini -alguien con quien no se lleva, pues a menudo suele saltearlo en la toma de decisiones por la protección de Julio De Vido-y, ciertamente, por enésima vez se preguntaba si tenía sentido atravesar tanta violencia para conservar el cargo. Dos días antes, en la Armada, había sufrido otro duro cuestionamiento y él, si bien asiente y comprende, hasta comparte con los militares, luego explica que es ajeno a las determinaciones que toma el Presidente. Era más fácil la vida en ese ámbito cuando sólo era médico de la Aeronáutica en tiempos pasados que nadie visita.

Lo cierto es que previo a la llegada, atrasada claro, de Néstor Kirchner al Colegio Militar, hubo picos de alta tensión y la novedad de que eran 5 los altos oficiales que pedían el retiro. Un hecho casi sin antecedentes en la fuerza, acostumbrada casi siempre a que las jerarquías sean obligadas a pasar a retiro, jamás renuncian. Pero esta vez, para alegre preocupación del mandatario (alguien de su cercanía dijo: «Se la pusimos, eh», casi como si fuera un artefacto explosivo el retiro de los retratos), el episodio de las dimisiones registra la novedosa disconformidad de que la gente se retira por razones políticas y profesionales, de convicción. Casi como se vivía en los tiempos de Juan Perón hasta la rebeldía del '51. Los 5 que ahora se van, por otra parte, al margen de gozar de un razonable respeto en la fuerza, no pueden considerarse oportunistas: empeñan su carrera y no discrepan por defender a dos generales del Proceso y a la metodología de la represión, más bien optan por apartarse de una etapa signada por la discriminación, por el olvido voluntario de ciertas evidencias históricas y por no tolerar el sometimiento militar al arbitrio más político que castrense de Kirchner.



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