Entre los hechos curiosos ocurridos merece subrayarse que los radicales volvieron a hacer honor a su tradición misógina. Fue cuando la convencional porteña Norma Allegrone planteó una cuestión de privilegio porque la comisión de poderes -que acredita a los delegados- no había respetado el cupo femenino. El pedido fue rechazado por abrumadora mayoría de varones.
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