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1) Las leyes, como se sabe, requieren de la participación de las dos cámaras. Si hubo senadores que cobraron sobornos para aprobar la norma gremial, ¿por qué no hubo diputados que plantearan la misma exigencia? ¿Acaso unos disponen de naturaleza ética más pura que los otros?
2) Se puede aceptar, en ese mundo de irregularidades, que el gobierno tentara con dinero a los senadores peronistas, de la oposición, para que le aprobaran la ley. Pero, ¿cuál es la razón por la que les entregó dinero también a sus propios senadores, inclusive aquellos que más verticalmente le respondían a Fernando de la Rúa (caso José Genoud)?
3) Si se imputa como corruptos o receptores de la coima a senadores que no votaron la ley (José Luis Gioja), ¿qué se puede decir de aquellos otros que votaron a favor como Antonio Cafiero? (aunque más tarde él fuera quien denunció primero el posible cohecho en la Cámara alta).
4) ¿Le puede caber también esto a una legisladora como Graciela Ocaña, fiel seguidora de una impoluta como Elisa Carrió, quien también se acopló con dulzura al voto mayoritario a favor de la ley?
5) Si es cierto que Genoud le confesó a Pontaquarto que le había entregado, en el reparto, 350 mil dólares al ministro de Trabajo Alberto Flamarique, ¿cuál es el sentido de este pago a quien en alguna medida había propiciado el pago? ¿Una comisión? ¿Por qué no hubo otras?
6) Si Pontaquarto siempre jugó para los radicales (Federico Storani, José Genoud) aunque resultó tan funcional a los peronistas que lo nombró en determinado momento Carlos Ruckauf. No tuvo demasiada relación con Carlos Chacho Alvarez ni con la izquierda. Entonces, ¿cómo es que termina con su denuncia en manos y la confianza de Aníbal Ibarra?
7) Si Pontaquarto gozaba, en apariencia, de una relación casi mensual con la SIDE -tanto que entraba y se llevaba 5 millones de dólares-, ¿no puede actuar ahora con la inspiración del mismo organismo?
8) Las cifras que aportó ayer Pontaquarto sobre lo percibido por un núcleo de senadores no cierra aritméticamente. O sea, hay serias lagunas sobre la forma en que se repartió y hasta existe la sospecha de que alguien se quedó con la parte del león.
9) Aunque ha sido infeliz el rol de Beatriz Raijer -al decir que votó la ley por instrucción de José Manuel de la Sota y éste la acaba de desmentir-, ¿para qué se le asignó tamaña porción del soborno a la sena-dora cordobesa si ésta no participó en la negociación de la ley?
10) Más allá de que la Alianza haya querido imponer su sello y no fracasar como Raúl Alfonsín con la «ley Mucci», ¿tenía sentido pagar 6 millones de dólares -como revela Pontaquarto-para una norma que en términos generales no cambió demasiado la vida sindical? Además, ¿para qué pagar por una ley que el peronismo, en las tratativas previas, modificó el corazón de la norma a pesar de los reclamos oficialistas?
11) Si la norma sindical se arregló previamente al tratamiento legislativo en la Casa de Gobierno (recordar foto de sindicalistas con De la Rúa) y hasta en las oficinas de Carlos Menem cerca de la cancha de River, donde fueron varios senadores, ¿qué sentido tuvo pagar el voto posterior? ¿Habrá que hablar de sobornos o de otra figura si se comprueba la entrega?
12) Aunque el gobierno radical haya sido torpe y primario, ¿se concibe que presuntos profesionales de inteligencia hayan entregado 5 millones de dólares bajo la forma que relata Pontaquarto? Cualquier lumpen dedicado al secuestro express, buscando hoy una recompensa de 500 pesos seguramente toma más precauciones que las atribuidas a De Santibañes en 2000.
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