Un conflicto con alarmante exceso de irracionalidad
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Sin embargo, sería un error pensar que Scioli está solo en la escena. Los que le retiraron el banquito existen, están en un rincón deseando que gane. Es probable que el primero en advertirlo haya sido el Presidente y que la desproporción de su reacción se deba a eso. Kirchner distingue algunas sombras que se mueven detrás de Scioli tal vez más que el propio Scioli.
• Coincidencia
Entre esas figuras todavía imprecisas están los senadores del bloque peronista. Antes de expresar de lo que dijo sobre la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, Scioli habló con la mayor parte de los senadores de su partido, sobre todo con los de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero y Mabel Müller (el «otro yo» de Chiche Duhalde). En todos los casos coincidieron con él. Fue a partir de esas conversaciones que, desde la presidencia del Senado, resolvió enviar el texto que llegó desde Diputados a la Comisión de Asuntos Constitucionales pero también a la de Justicia. Ayer, los senadores votaron todo, no objetaron nada. Es lógico: Duhalde no quiere nada detonante hasta que se vote en la provincia de Buenos Aires (14 de setiembre), aun cuando es cierto que esto lo preferían los militares porque así se caen las extradiciones del juez Garzón.
Asuntos Constitucionales está presidida hoy por Cristina Kirchner, con lo que la derivación a la otra comisión suponía quitarle a la esposa del Presidente el monopolio en el control del proceso legislativo de este caso. Justicia la encabeza el radical Jorge Agúndez, un penalista de prestigio y moderado.
Ayer caminó la «anulación» (en definitiva resolverá la Justicia). ¿También le darán la increíble designación de Eugenio Zaffaroni como ministro de la Corte y la condena de Eduardo Moliné O'Connor en el juicio político que se le sigue como integrante del mismo tribunal? Las objeciones que se interpusieron contra la figura de Zaffaroni son tantas que hay senadores que suponen que el gobierno no remitirá su pliego para que sea considerado en público. Respecto de Moliné, es posible que el tratamiento de su caso no sea para nada expeditivo y liviano como el que tuvo en Diputados: «No puede ser que se lo condene por las sentencias que firmó, considerando que, además, hay otros jueces que participaron de esos mismos fallos a los que ni se los acusa», le dijo a este cronista uno de los legisladores que intervendrá como árbitro. La diferencia entre la función de ambas cámaras es obvia: siempre es más fácil acusar que condenar. El comportamiento del Senado será el que asigne la verdadera dimensión al conflicto que se abrió con Scioli. No es que los legisladores quieran convertir al vicepresidente en un caudillo. Pero tratarán de preservarse ellos mismos. La Cámara alta, como el peronismo entero, sospecha que el Presidente trata de construir una base de poder capaz de hacerlo prescindir de quienes lo llevaron a la Casa Rosada. Con una Corte que no le ofrezca resistencia y con los recursos de los decretos de necesidad y urgencia siempre a mano, Kirchner podría pasar por el costado del PJ ante cada objetivo que se le muestre esquivo. Es curioso: la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia perdió estado parlamentario y Cristina Kirchner, de cuya comisión depende el tratamiento, no ha hecho ninguna señal para reactivarla, a pesar de que el uso de ese tipo de norma haya sido uno de los rasgos más criticados de la gestión de Carlos Menem. Este detalle, igual que el afán puesto por Kirchner en modificar la composición de la Corte, es mirado por los senadores y la dirigencia del PJ con evidente preocupación.
Que la medianera de fricción entre el PJ y Kirchner haya sido la Cámara alta no es una casualidad. Desde que se consagró la existencia, en 1994, de un régimen de dos senadores por la mayoría y uno por la minoría, el peronismo consolidó allí un bloque de poder que convirtió a las decisiones del Senado (y, por ende, de los gobernadores de provincias) en la última frontera de cualquier reforma de las que los gobiernos negocian con el Fondo Monetario Internacional. Aquí radica el extraordinario poder de ese cuerpo que hoy tiene al frente a Scioli. Por eso Scioli puede vivir con poder al margen de Kirchner. Pero no se reconocerá lo que diga como «voz» del gobierno.
Por otra parte, Kirchner se ha cuidado poco de agredir a los integrantes del Senado. Apoya a Carlos Rovira en contra de Ramón Puerta (Misiones); a Néstor Aguad en contra de Carlos Verna (La Pampa); a Eduardo Rosso en contra de Miguel Pichetto (Río Negro) (a propósito: no le gustaron a Sergio Acevedo las expresiones de Pichetto respecto del Presidente en la última conversación telefónica que tuvieron, el jueves pasado); a los Castillo contra Luis Barrionuevo (figura central del «eje del mal» en Catamarca, adonde Alicia Kirchner se dirigió esta semana a entregar subsidios); a Hermes Binner contra Carlos Reutemann en Santa Fe; además de los conflictos abiertos con el menemismo de La Rioja, con los Rodríguez Saá de San Luis y con Juan Carlos Romero en Salta. ¿Habrán pensado en todo esto los Duhalde cuando invitaron a Scioli, el sábado pasado, a sumarse a sus presentaciones bonaerenses desde ahora hasta el cierre de la campaña electoral? Es probable, ya que la polémica entre Kirchner y su vice puede ser solamente el primer acto de un drama institucional más complejo e inquietante.
En este episodio se podría estar insinuando la primera limitación al impulso más vigoroso que se despliega hoy en la política argentina: la voluntad de Néstor Kirchner de no quedar reducido, como lo soñaron los Duhalde cuando lo llevaron al poder, a ser un jefe administrativo de la Nación. Felipe Solá también querrá independencia pero con más inteligencia y menos complejos personales que el Presidente.
• Pretensión
Kirchner quiere transformarse, sobre la base de la agitación mediática de una opinión pública ajena al peronismo, en el titular de un nuevo ciclo político argentino que lo tenga como líder por años. Pero líder de un nuevo movimiento de izquierda dura. No es producto del azar que este conflicto se haya manifestado ahora, a través de las más o menos premeditadas declaraciones de Scioli. El peronismo sabe que llegó la hora en que Kirchner más depende de su colaboración: es el momento de acordar con el Fondo sobre la base de una agenda parlamentaria (coparticipación, compensación a los bancos, ajuste de tarifas, reforma tributaria, ley de emergencia económica y presupuesto nacional con superávit primario de 3,3%) sin la cual no habrá ningún compromiso de largo plazo, como explicó Roger Noriega a todos sus interlocutores. Frente a esta encrucijada, acaso Kirchner esté más solo que Scioli y el conflicto con el vice haya sido el llamado de atención previo a una negociación crucial con el poder institucional del peronismo. Salvo que estemos en las vísperas de un hecho todavía más trascendente aunque mucho menos probable: la decisión del Presidente de soltar amarras respecto de cualquier poder establecido, externo e interno, para lanzarse a una navegación sin destino conocido. Pasadas nueve elecciones provinciales, el 1 de octubre se tendrán mayores certezas. Se sabrá el verdadero consenso que hoy se invoca y todos dudan.




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