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Los deudores no pesificados acorralaron al legislador, ex cavallista, cuando salía del edificio anexo al Congreso de la Nación. Caviglia debió atrincherarse en el conocido café Casa Blanca, en cercanías del Congreso hasta que la Policía lo rescató de la ira de los manifestantes, algunos de los cuales gritaban «muerto no nos sirve», y la mayoría insistía con el epíteto «ladrón» en poco original coro.
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