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El cuadro es el siguiente: para vencer a Felipe Solá y al duhaldismo, es imprescindible juntar las fuerzas de Rico y Patti (aunque ambos son conscientes de que no es aritmético el agregado de uno sobre el otro). Además, para la nueva sociedad se reserva más de un conflicto: no abundan los cargos a repartir porque cada candidato ya tiene compromisos asumidos (no olvidar que toda campaña implica gastos) y, cualquier fundición partidaria supone que desaparezcan muchos adherentes. Esta búsqueda desesperada por la permanencia y la incorporación -por parte de personajes menores-oculta otra realidad clave: Rico o Patti deben resignar la aspiración de gobernador. Y, en ese punto, está parte de la enojosa cuestión.
No cualquier atrevido le dice a Patti o a Rico que se baje. Aunque, obvio, esa devaluación significa una ganancia: el que retrocede pasa a encabezar la lista de diputados. Y, si bien no hay garantías de triunfo para el gobernador, sí la hay para el ingreso al Congreso. Aun así, los dos hombres son orgullosos y no resuelven el tema. Uno, Rico, porque se considera con más desarrollo provincial y nacional, más habituado a las grandes ligas; el otro, Patti, debido a que las encuestas -en relación con Rico-lo privilegian por una mínima ventaja. Y así están en la semana, con nuevos intermediarios, presiones varias, sabiendo que la fecha se acorta y que en no más de 10 días tendrán que definirse. Además de enfrentarse al espejo por lo que decidan, tendrán que enfrentar a su propia gente para decirle quién queda y quién no, aparte de entregarles trofeos a políticos que ofrecen estructura a cambio de figuración. ¿O acaso, si es cierto que vale el aparato de Pierri en ciertos distritos, se lo van a prestar gratis? En la tierra del duhaldismo, como se sabe, todo es al contado.
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