Claro, ahora la malicia campea en los quinchos del justicialismo, y son muchos los que, con un dejo de sorna, arguyen que, más que un semiólogo, Riutort necesita los servicios de un mago, aunque no puede dejar de señalarse que los comentarios son de aquellos que seguramente malquieren a la ex secretaria de Gobierno.
Las clases a cargo del semiólogo, licenciado en Educación, cuyo nombre permanece guardado bajo siete llaves, para mejorar la dicción y modales de las punteras, ya tendrían una larga lista de inscriptas, mientras otros sostienen que son de rigurosa obligatoriedad.
La idea surgió ante la necesidad de «mejorar la imagen de cuadros femeninos poco presentables, funcionarias y legisladoras especialmente», dijo un empinado «olguista» sin mucho convencimiento de que realmente se trate de una buena iniciativa.
También se procura trabajar sobre segundas líneas que aspiran a ocupar lugares expectables en las listas legislativas el año próximo.
«No permitiremos más el 'andai' o el 'vai'», dijo otro acólito de Riutort, aunque más convencido que el primero consultado, regodeándose con la intención de suplir la falta de una escuela de dirigentes (como propuso en su momento
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