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24 de septiembre 2008 - 00:00

Valijero, aguafiestas, apagó los festejos

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Néstor Kirchner, munido de coqueta notebook, siguió el discurso de su esposa desde un sector reservado a la delegación oficial argentina que viajó a Nueva York.
Nueva York (enviado especial) - El humor de la delegación argentina en Nueva York cambió ayer por la tarde, justo en el mismo momento en que el venezolano Guido Antonini Wilson comenzaba su declaración en el juicio en Miami. En 15 minutos, el lobby del hotel Four Seasons se vació de los argentinos que durante la mañana habían seguido con su rutina de reuniones en el bar de ese hotel. No era para menos: ese momento amenazó desde el inicio el brillo que la Casa Rosada quiso darles a las presentaciones de Cristina de Kirchner en Estados Unidos, justo cuando el gobierno esperaba que, al menos, el testimonio del valijero se demorara un día más. No fue posible: las declaraciones llegaron el mismo día que la Presidente se dirigió a la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso que tuvo como centro un ataque al neoliberalismo que representa el sector financiero de los Estados Unidos, una reivindicación de la política de derechos humanos del gobierno, el pedido de colaboración para llevar a declarar a Buenos Aires a los funcionarios iraníes acusados por el atentado a la AMIA y una acusación a Gran Bretaña por negarse a dialogar sobre la cuestión de Malvinas.

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Después del impacto de las declaraciones de Antonini Wilson, que llegaban a la suite del Hotel Four Seasons directamente por informantes del gobierno en Miami, el primero en reaccionar fue Néstor Kirchner. A media tarde, el ex presidente bajó solo al lobby para tomar café. Enseguida lo rodeó la seguridad de presidencia y se ubicó en el mismo sillón de todos los días, de espaldas a la Avenida 57. Esta vez no hubo saludos a la prensa ni confidencias.

Nadie en el gobierno se animaba a dar alguna explicación. La euforia del día anterior cambió por un protocolo cerrado que respetaron ministros y prenseros.Poco después bajó Cristina de Kirchner y se recluyó (esta vez saludando pero sin detenerse) junto a su marido. No tenían tiempo: salieron poco después hacia la sede de las Naciones Unidas donde junto al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, y Estela de Carlotto inauguraron una muestra sobre los 30 años de las Abuelas de Plaza de Mayo, que organizó Jorge Argüello, embajador argentino ante el organismo, donde se volvió a anunciar que ya se recuperó la identidad de 95 nietos.

  • Mensaje

  • El día había empezado brillante para el gobierno. Al mediodía, Cristina de Kirchner llegó a la sede de las Naciones Unidas para pronunciar un discurso que comenzó con la reivindicación del acuerdo para crear un banco de datos genéticos internacional, con una queja por la poca cantidad de países que hasta ahora lo han ratificado. A pesar de que el gobierno no pudo concretar un encuentro con Nicolas Sarkozy, Cristina de Kirchner no evitó mencionarlo en el discurso al afirmar que Francia está a punto de suscribir ese convenio internacional que ella firmó como primera dama en París hace un año.

    En ese mensaje no hubo sorpresas: la Presidente volvió a reivindicar la multilateralidad como eje de las relaciones internacionales, atacando nuevamente, aunque sin mencionarlo, al gobierno de George W. Bush, algo que repitió cuando se refirió a la crisis financiera.

    En esa explicación, Cristina de Kirchner pudo mencionar a Evo Morales -insistió con el ejemplo del conflicto en Bolivia para describir cómo se solucionan, según su visión, los problemas en Sudamérica-, que estaba presente en el recinto, pero no a Luiz Inácio Lula da Silva ni a Michelle Bachelet, que se levantaron de sus lugares minutos antes de que ella comenzara a hablar.

    Lula había iniciado el día de sesiones en la ONU, pero el protocolo le reservó a Cristina de Kirchner el décimo lugar. La ausencia del brasileño, entonces, tenía su explicación en la cantidad de reuniones bilaterales que poblaron su agenda (también la de Bachelet) y que escasearon en la de la Argentina.

    Así se contentó con que la escucharan la presidente de Liberia, el de Turquía, Abdulá Gül, y el emir de Qatar, que hablaron antes que ella, ya que para entonces Sarkozy también había abandonado el salón. El francés había tenido también su crítica contra los Estados Unidos y Rusia: pidió un capitalismo controlado y, como lo había hecho Lula, exigió ampliar el Consejo de Seguridad de la ONU.

  • Premio

    De todas formas, esas ausencias no eran para preocuparse: lo normal es que los presidentes hablen ante un recinto casi vacío y sólo para la transmisión por televisión. Hacia el final, Cristina de Kirchner se llevó como premio un aplauso más prolongado que el de sus predecesores. No era para menos: en un mismo discurso había resumido los temas que más deleitan a ese foro, como derechos humanos, la resistencia de Irán a reconocer su participación en atentados y las consecuencias para el mundo en desarrollo de la crisis especulativa de Wall Street.

    Por si faltaba reforzar su posición, Jorge Taiana salió inmediatamente a explicar la protesta por Malvinas: « Evidentemente la lucha diplomática por recuperar el ejercicio pleno de la soberanía sobre las islas Malvinas es una lucha que requiere el concierto de la comunidad internacional para que los británicos finalmente se sienten a dialogar».
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