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El Presidente, intrigado, dicen que anduvo averiguando cómo Powell sabía tanto de la Corte. Y la especie asegura que fue Eduardo Moliné O'Connor, quien se encargó de propalar lo que se estaba cocinando en Buenos Aires. Lo hizo a través de una jueza a quien George W. Bush le debe el resultado de los dudosos comicios en los que fue electo, Sandra Day O'Connor. La cual, no obstante el apellido, no tiene parentesco con Moliné, pero que en ocasiones ha jugado con él algunos dobles mixtos en polvo de ladrillo.
Por último, otra versión dice que llamó la atención de los observadores el ataque del que fue objeto el juez de la Corte Juan Carlos Maqueda, por parte de algunos ahorristas que con total impunidad lo estaban aguardando la semana pasada en el cuarto piso del edificio de Tribunales. El cordobés, hombre de confianza de José Manuel de la Sota y ex presidente provisional del Senado, le dirigió una carta a Julio Nazareno en la que, sin ahorrar adjetivos y sentimientos, le pidió que renunciara. Ese día Maqueda se debe haber palpitado algo porque en lugar de ingresar por Talcahuano, lo hizo por el portón que da a la calle Lavalle, lugar usado habitualmente por los detenidos que ingresa el Servicio Penitenciario Federal.
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