La interna de la UCR se desmadró definitivamente. El partido no sólo está fracturado entre lavagnistas, kirchneristas y puros. Los adeptos a la candidatura de Roberto Lavagna, a su vez divididos entre alfonsinistas y la Renovación, se disputan un nombre para ocupar la vicepresidencia. Pero el ex ministro los ningunea y no les da ningunacerteza. El panorama se repite en Santa Fe pero con Hermes Binner, quien eligió a su propia acompañante de fórmula al margen de la convención radical de esa provincia. El cisma de la UCR se completa con los gobernadores que adhieren a la concertación «plural» convocada por Néstor Kirchner. Ayer, en Catamarca, Julio Cobos; su par de Santiago del Estero, Gerardo Zamora; y el intendente de Río Cuarto, Benigno Rins, asistieron al acto de lanzamiento de campaña del Frente Cívico y Social y el Frente para la Victoria, que impulsan la reelección del gobernador Eduardo Brizuela del Moral junto a Lucía Corpacci Saadi, referente de Compromiso K.
Como si las negociaciones entre el radicalismo y Roberto Lavagna por consensuar la fórmula presidencial y plataforma de campaña no acumularan ya demasiados problemas, en los últimos días se sumó la interna de la UCR bonarense y las pretensiones de Federico Storani de hacerse de la candidatura a vicepresidente.
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Storani apareció autoproclamándose para ese puesto, «me apoya la mayoría de la provincia de Buenos Aires y también en el interior del país», dijo. Fue tal el impacto negativo dentro del partido que hasta algunos radicales con malicia vieron una mano oculta del oficialismo. Todo después de que Raúl Alfonsín casi diera un portazo a la posibilidad de apoyar a Lavagna en las presidenciales.
El mensaje del ex presidentetuvo dos destinos; hacia afuera y hacia adentro de la UCR. Primero, a Lavagna, porque Alfonsín tuvo que hacerse eco de las protestas de la conducción partidaria cansada de los desplantes del ex ministro de Economía y de la pretensión de reservarse, también, el nombramiento del radical que lo acompañará en la fórmula. El mensaje al interior del partido estaba dirigido a calmar lo que ahora estalló: la pretensión de Storani, apoyado como siempre por Leopoldo Moreau, de ocupar el mejor lugar que la UCR obtendrá en ese acuerdo electoral.
Incertidumbre
La respuesta del resto del partido no se hizo esperar. A un mes y medio de una convención partidaria que debe decidir el apoyo a la fórmula encabezada por Lavagna, el candidato que lo acompañará y la plataforma de esa coalición, el resultado de ese encuentro partidario pasó de estar garantizado a ser incierto.
Nadie puede jurar hoy que los disidentes como Margarita Stolbizer, que pretenden ir a elecciones con candidato propio o partir hacia una alianza con el ARI, o los gobernadores e intendentes que no están de acuerdo en un choque con Néstor Kirchner, no terminen complicando esa convención del 23 y 24 de marzo.
Por otra parte, los radicales ven tan estancadas las alternativas de su acuerdo con Lavagna -por disidencias de estilo-como el accionar del ex ministro como candidato.
Frente a ese panorama, Storani no podía haber hecho nada peor que lanzarse a una candidatura que casi nadie apoya, pero complica al máximo distrito de la UCR.
«Tanto Freddy como Leopoldo son portadores de dos sellos de goma, sin presencia partidaria real, lo hacen sólo para fastidiar. Se sienten marginados de la toma de decisiones y plantean esta 'cosa' que objetivamente no le sirve al partido y tampoco a Lavagna.» Así definió la situación a Ambito Financiero un integrante del Comité Nacional del radicalismo.
¿Cuál puede ser la intención, entonces? «Pueden destruir o intentarlo. Son como esas rabietas de los chicos para llamar la atención», respondió otro dirigente bonaerense.
A las complicaciones en las negociaciones con Lavagna, se sumó además que el catamarqueño Eduardo Brizuela del Moral cerró un acuerdo para incorporar como candidata a vicegobernadora junto con él a la kirchnerista Lucía Corpacci, cambiando, además, la sigla partidaria.
«A Brizuela del Moral no lo teníamos en cuenta en el armado con Lavagna, pero el cierre de la fórmula es otra señal que miran muchos radicales que gestionan en municipios y temen enfrentarse a Kirchner», reconocieron ayer en el Comité Nacional.
Entre las reacciones más duras a la autocandidatura de Storani estuvo, sin duda, la del presidente de la convención nacional, Adolfo Stubrin: «Yo no apoyo esa postulación y no creo que vaya a tener gran repercusión en el Comité Nacional», dijo, «el compañero de fórmula debe ser alguien con el perfil adecuado, que exprese una renovación en el partido».
Aunque Stubrin prefiere evitar entrar en una confrontación entre el nombre de Storani y el del mendocino Ernesto Sanz como posibles candidatos a vice, lo cierto es que la cúpula radical tiene todas sus fichas puestas en el titular del bloque de senadores de la UCR, aunque no haya recibido la bendición de Lavagna y deba soportar que el ex ministro se reserve no sólo el derecho de veto sino también el de elegir la fecha en que sería anunciado.
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