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¿De quién es la culpa, del modelo o del gobierno?
• Era la Argentina de los precios políticos, de los controles, del déficit de las empresas públicas, de los subsidios y tipos de cambio múltiples (que se traducían en prebendas sectoriales)... Nosotros transformamos ese cuadro en un escenario de estabilidad, de crecimiento y de modernización.
• La convertibilidad fijó reglas de juego claras y transparentes. Un peso es un dólar. ¿Quién puede dudar de los beneficios de esa sencilla fórmula? Después se intentó modificar esa paridad en forma discrecional, con los resultados observados.
• Abrimos la economía argentina al mundo -después de años de aislamiento- para tornarla competitiva a través de mejoras continuas en la productividad laboral. Virtualmente multiplicamos por dos el monto de las exportaciones argentinas. Baste con decir que en 1989 representábamos aproximadamente 0,25 del comercio mundial (lejos de 3% registrado a principios de siglo) y que en 1999 esa representación se había duplicado largamente.
• Creamos el Mercosur como una alianza para abrir mercados y recibir inversiones.
• Sufrimos los efectos de cuatro crisis internacionales de gran envergadura y salimos indemnes. Después del tequila registramos dos años de intenso crecimiento, y después de la crisis por la devaluación del real vimos una recuperación clara en los indicadores económicos. En la segunda mitad de 1999 todos los indicadores «rebotaron» a pesar de la incertidumbre generada por el cambio de administración.
• Creamos un Banco Central independiente y lo respetamos. En el año 2001 dicha independencia se vulneró abiertamente.
• Cuando en 1989 llegamos al gobierno me informaron que en las arcas públicas había solamente 60 millones de dólares. Cuando dejé la Casa Rosada había 33.000 millones en las reservas del país. Hoy no sabemos a ciencia cierta cuál fue el saldo en reservas de la ruinosa administración De la Rúa-Cavallo.
• Procesamos positivamente un problema mayor, como es el del desempleo, oculto por años tras el empleo público sobredimensionado. Pusimos en blanco sobre negro la situación laboral de los argentinos e iniciamos un camino a lo largo del cual se pueden advertir mejoras significativas.
Creo, en síntesis, que el diagnóstico que habla de fallas del «modelo» como causa de nuestros males actuales es errado. No en vano la Argentina creció durante diez años 60% (con años realmente notables) para caer 5% en los años del gobierno de De la Rúa.
El gobierno aliancista exageró el déficit que recibió en 1999 a través de artimañas conocidas por todos (desconocimiento de ingresos genuinos, anticipo de pagos correspondientes al año 2000, registro demorado de impuestos aduaneros). Así presentaron un cuadro que justificaba su discurso de una pesada «herencia»: de un déficit de 6.500 millones pasaron a un dibujo de 10.000 millones. Claro que a fines del año 2000 debieron recorrer el camino inverso: para exhibir una situación más próspera se pasaron gastos al año 2001.
Todo el experimento liderado por la Alianza resulta difícil de entender. El impuestazo de enero de 2000, más el blindaje, más el impuestazo del año 2001, más el megacanje no hicieron sino incrementar estrepitosamente la tasa de riesgo-país, que de aproximadamente 600 puntos pasó al rango de los 5.000 puntos básicos.
El gobierno aliancista cambió la política de dejar que el mercado premie a la eficiencia por políticas activas que subsidian a sectores ineficientes.
El consumo se retrajo sin cesar a partir del relevo gubernamental. El Indice de Confianza del Consumidor cayó de 42% que exhibía el país en diciembre de 1999 a 10% actual (pasando por pisos aun inferiores hace un par de meses).
La estabilidad, la credibilidad y el prestigio internacional que logramos los argentinos a lo largo de la década del '90 han sido rifados en dos años por un gobierno inepto e incapaz. No sólo eso: se ha despedazado la paz social que caracterizó la década pasada, durante la cual no hubo necesidad de recurrir ni por un solo día al estado de sitio. Desde la presidencia de Marcelo T. de Alvear que no se registraba ese récord en la política argentina.
Para terminar, como jefe de la administración peronista que supo desplegar todas las potencialidades del país, me pongo a disposición de los argentinos para contribuir a recrear aquellas condiciones en orden a un nuevo contexto internacional en permanente cambio. La Argentina tiene salida y debe interactuar con el mundo. Pero esa salida no es la que se busca demiúrgicamente a partir de diagnósticos equivocados.
(*) Ex presidente de la Nación (1989/1999) y presidente del Partido Justicialista.


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