En estos días, la Argentina y Brasil tendrán como meta resolver un nuevo conflicto: las cláusulas de salvaguardias aprobadas en la reunión de ministros de San Pablo, hace 15 días. Es importante observar que la aceptación por parte del gobierno brasileño de analizar la implementación de este tipo de herramienta permitida por la OMC, no quiere decir de ninguna manera que bastará que la Argentina indique los sectores para que Brasil acepte su implementación. Será necesario que nuestros negociadores demuestren que la desvalorización del real afectó negativamente determinado sector de la economía argentina... y esto no será nada fácil.
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La embajada brasileña en la Argentina redactó un informe que demuestra (por supuesto con los datos oficiales de Brasil) que no se observa un aluvión de exportaciones brasileñas a nuestro país, y que en cambio las exportaciones argentinas a Brasil crecieron más que las de nuestros socios a nosotros. Independientemente de este informe, fácilmente podemos verificar tal dato a través del resultado de la balanza comercial entre Brasil y la Argentina: la Argentina vendió a Brasil más de 700 millones de dólares de lo que le compró, en el período enero-setiembre del corriente año. Al margen de la necesaria preparación de nuestros negociadores, tenemos que ser conscientes que la Argentina estará colocando la desvalorización del real como intento de impedir o complicar las exportaciones brasileñas hacia la Argentina, pero nada estará siendo realizado respecto de programas para aumentar las exportaciones argentinas a Brasil. En términos futbolísticos, con las cláusulas de salvaguardia estaríamos colocando nuestros 11 jugadores dentro de nuestro arco para que no puedan hacernos goles, pero no tendríamos un solo delantero para poder hacer goles al otro equipo.
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El mejor resultado que podríamos lograr sería un empate, sin posibilidad alguna de ganar. En una reunión organizada por la Cámara de Comercio Argentino Brasileña en Buenos Aires, se consultó al ministro Felipe Frydmann, que participó en representación de la Cancillería argentina, porque nuestros negociadores no tenían una posición pro-activa respecto de las exportaciones argentinas, solicitando a Brasil que abra sus bases de datos, que permita que el BNDES financie bienes de capital argentinos no fabricados en Brasil, que se divulgue al empresariado argentino el excelente trabajo del consulado argentino en San Pablo sobre demanda potencial, que se aceleren las homologaciones de productos con necesidad de registros, que se eliminen las licencias de importación para productos argentinos, etc.
En la mayoría de los casos, el ministro Frydmann indicó que se trataba de negociaciones que debían realizar los privados (para el caso de abrir la base de datos de quién importa, qué y de dónde en Brasil), que el Banco Nación financiaba la exportación de bienes de capital a una tasa de 7% (se le observó que una cosa era que la línea de crédito exista y otra muy diferente era que las empresas pudieran tomarla), y que se estaba trabajando en la parte de homologaciones. La conclusión luego de la reunión, era que los empresarios argentinos que deseen exportar a Brasil y que les piden auxilio a nuestros negociadores (no se trata de ningún subsidio o similar), debían resolver las cuestiones por ellos mismos. Difícil de creer, pero cierto.
La importancia de continuar mirando al mercado brasileño -que continúa consumiendo productos argentinos a pesar de un tipo de cambio desfavorable-se puede sintetizar con algunos datos contenidos en un informe redactado por el Dr. Luiz Marins que debería hacer recapacitar a quienes determinan nuestra política comercial con Brasil, sobre colocar un par de jugadores en la ofensiva y no dejar a todo el equipo tratando de parar los goles de Brasil. Los números hablan por sí solos:
En los mercados desarrollados, el interés de crecimiento de consumo está vinculado a la expectativa de crecimiento de la población. En este sentido los Estados Unidos, Japón e Ingla-terra, tienen una expectativa de crecimiento de consumo proyectado a 5 años de 2% aproximadamente. Sin duda, a los ojos de los oferentes internacionales, los mercados con mayor potencial de consumo son China, India y nuestro socio, Brasil. La gran diferencia entre China, India y Brasil está dada en que en tanto China e India tienen 76 por ciento y 72 por ciento de su población viviendo en la parte rural respectivamente, Brasil tiene el mismo porcentaje (78 por ciento) viviendo en regiones urbanas.
El mercado brasileño nos presenta algunos números sorprendentes: • 1,3 millón de lavadoras de platos (82% mayor que Canadá) siendo así el cuarto mercado del mundo • 8.000 billones de litros de gaseosas (343% mayor que Canadá) siendo el tercer mercado del mundo • u$s 1.300 millones en alimentos ligth (fueron u$s 100 millones en 1990 y se proyectan 6.000 millones de dólares en 2010) • 63.400 toneladas de dentífrico (456% mayor que el mercado italiano) • 51.400 títulos de libros (12% mayor que el mercado italiano) • u$s 1.200 millones en ventas de CD, siendo el quinto mercado del mundo • 681.900 toneladas de galletitas (27% más que el mercado japonés) siendo el segundo mercado del mundo • Brasil tiene 33 millones de pobres y por consiguiente 140 millones de no pobres. Considere que las empresas brasile-ñas deben financiarse a una de las tasas de interés más altas del mundo, pero que si estas tasas de interés fueran más cercanas a las tasas internacionales, Brasil podría expandir su consumo por medio de mayor financiación de su pueblo que dicho sea de paso tiene una propensión al consumo mayor que el ciudadano argentino... dicen que no hay mejor defensa que un buen ataque... Saquemos un par de jugadores de nuestro arco, y propiciemos entre todos que nuestros negociadores no se dejen llevar por un sentimiento únicamente de protección de las exportaciones brasile-ñas hacia la Argentina, sino también que intercedan para generar acciones pro-activas que permitan que lo que Brasil compra de otros mercados (donde el dólar es igual de caro) pueda ser enviado desde la Argentina. Hay un mercado, Brasil, que a pesar de un dólar caro, consume productos importados que, sin duda, pueden ser productos argentinos.
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