23 de octubre 2002 - 00:00

El gobierno de las compañías

Los recientes colapsos empresariales, fundamentalmente los de Enron y WorldCom, no sólo han producido una enorme destrucción de riqueza sino que obligaron a cuestionar la raíz misma de los mecanismos que hacen al funcionamiento de las sociedades por acciones.

Para dar una idea de la magnitud, debe tenerse en cuenta que en su pico del año 2000, el valor total de las acciones de las empresas cotizantes en la Bolsa de Nueva York alcanzaba a los 15 trillones de dólares estadounidenses. Hoy el mismo valor alcanza a 9 trillones.

Obviamente, este impacto no puede ser asignado exclusivamente al efecto de estos colapsos, sino que ellos se insertan dentro de un contexto estructural coadyuvante al desplome de los mercados accionarios en general. Las consecuencias: cientos de miles de empleos perdidos, personas retiradas que han visto evaporarse gran parte de sus ahorros; ejecutivos, bancos, analistas, auditores, abogados, políticos y reguladores desprestigiados; una de las grandes firmas de auditoría pulverizada y, lo peor de todo, fundamentalmente en los Estados Unidos, la fenomenal pérdida de credibilidad sobre algunos de los íconos del sistema capitalista, la empresa, y los conceptos de ética en los negocios y responsabilidad individual, lo que tomará largo tiempo reconstituir.

Académicos, empresarios y reguladores están tratando de llegar a una conclusión sobre lo que ocurrió y las formas de minimizar la posibilidad de que hechos similares vuelvan a ocurrir. Sin embargo, no se debe pensar que hay unos pocos factores causales y que corrigiéndolos el peligro quedará eliminado. Los factores son muchos y complejos y complicada es su solución. Y siempre debe tenerse en cuenta lo que el profesor Charles Elson, entrevistado por el «Financial Times» argumenta: ... «las compañías siempre caerán, no hay sistema a prueba de fallas, ésa es la naturaleza de la competencia. Lo que hay que desear es que no caigan por las razones equivocadas...».

Falla

Algo es seguro: en los casos que hemos visto recientemente las compañías no han caído por factores inherentes a las reglas de la competencia, la falla fue sistémica.

Para una mejor comprensión es conveniente conceptualizar el funcionamiento de la empresa dentro de un sistema conformado por los siguientes elementos: el marco legal y regulatorio, el marco conceptual y ético, las normas que hacen al gobierno corporativo (corporate governance) y su aspecto más importante, el funcionamiento de los directorios y, finalmente, las normas contables y de transparencia, incluyendo lo inherente a la función de auditoría externa.

En relación con el marco legal y regulatorio, en los Estados Unidos -es igual en nuestro país- la actividad de las empresas se desenvuelve siguiendo las normas de la ley de sociedades (corporate law), las normas que regulan la actividad de las sociedades por acciones (securities law) y, como parte de este marco, las normas contables (accounting standards).
Los escándalos produjeron el convencimiento de que las normas, en los tres ámbitos, debían ser modificadas y endurecidas.

La respuesta inicial fue la Ley Sarbanes-Oxley que, en esencia, para las compañías que cotizan sus acciones en Bolsa, crea un cuerpo de supervisión de auditores, fortalece su independencia, requiere que los principales ejecutivos certifiquen los estados contables, amplía las reglas sobre el manejo de los conflictos de interés e incrementa las sanciones por criminalidad.

Si bien se acepta que un marco normativo más estricto ayudará al objetivo planteado, no pocos expertos destacan dos aspectos que no pueden ser pasados por alto.
El primero es que el problema no debe ser focalizado exclusivamente en la debilidad del marco legal y regulatorio ya existente y pensar que al reestructurar el marco se termina el problema, sino que lo que ocurrió se debe en gran parte a falencias en el cumplimiento del rol por parte de los distintos actores, ya que la causa reside más en la ética y la efectividad en el cumplimiento del rol que en las debilidades de la ley y las regulaciones.

Un trabajo realizado por The Economist Intelligence Unit con el patrocinio de KPMG International, llevado a cabo en los meses de julio y agosto de 2002, que incluyó entrevistas a destacadas figuras del mundo de los negocios y reguladores en Europa y los Estados Unidos, reveló: «Las regulaciones son sólo una parte de la respuesta.
El gobierno de las corporaciones se refiere a cómo las compañías son dirigidas y controladas. Los estados contables son un producto de decisiones estructurales y estratégicas a través de toda la compañía»(...) «la principal responsabilidad para un buen gobierno descansa dentro de la compañía y no fuera de ella».

El segundo aspecto advierte sobre un riesgo que no debe ser minimizado:
si la tendencia hacia la «sobrenormatividad» no atentará contra la agilidad de las empresas a la hora de la toma de decisiones. En el trabajo arriba citado, un alto porcentaje de los ejecutivos entrevistados sostuvo que las normas estrictas acerca del gobierno corporativo impactarán negativamente sobre la habilidad de las compañías para tomar decisiones rápidas y efectivas.

• Conflictos

El marco conceptual y ético, el segundo componente del sistema, incluye un aspecto fundamental en todo el razonamiento hacia un mejor funcionamiento de las empresas: el manejo de los conflictos de interés. En este aspecto, no se debe dejar de enfatizar que la ley por sí misma nunca es suficiente para evitar las malas administraciones si lo que falla es el comportamiento ético (incluyendo los conflictos de interés) de los distintos actores del sistema.

Como menciona
Eric Orts en el «Financial Times» del 23 de agosto: «El caso Enron demuestra que la ley nunca es suficiente» (...) «corporate governance requiere ética de negocios en distintos niveles: toma de decisiones a nivel individual, cultura corporativa y un entendimiento global del propósito del negocio que balancee los distintos intereses y valores» (...) «los conflictos de interés son endémicos a las corporaciones y necesitan ser manejados a través de una combinación de negociaciones, transparencia, aprobaciones y confianza sobre las reglas subyacentes» (...)» los problemas de Enron se originaron al máximo nivel. Las entidades con propósito específico fueron aprobadas por el directorio aunque conociendo que Andrew Fastow, su CFO, estaba en ambos lados de la transacción. La prohibición de negociar consigo mismo contenida en el código de ética de Enron fue repetidamente violada». Otro caso resonante que demuestra la importancia de la ética en el delicado tema del conflicto de intereses es el de Tyco, un conglomerado con ingresos por 36 mil millones de dólares y 200.000 empleados. Su ex CEO Denis Kozlowski está acusado por la Security and Exchange Commission de manejar la compañía como un «banco privado» y haber otorgado cientos de millones de dólares en préstamos no autorizados y regalos exorbitantes para él y su plantel gerencial... (Business Week, setiembre 2002). La acción de Tyco ya ha sufrido una baja de 75%.

Dejá tu comentario