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El recelo predomina ya en China y Rusia
En medio de los saludos por su victoria electoral y deseos de que las relaciones con Estados Unidos no experimenten grandes transformaciones, el gobierno chino no perdió oportunidad ayer de pedirle al presidente electo que acabe durante su administración con el plan nacional de defensa antimisiles, que considera una amenaza para la estabilidad y la paz internacional. Los analistas consideran que el apoyo de Bush al escudo antimisiles -una versión en escala de la proyectada Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan-, junto con el aumento del gasto militar en 45.000 millones de dólares en diez años programado por el nuevo gobierno republicano, son dos puntos muy conflictivos que pueden llevar a un nuevo enfriamiento de las relaciones de Washington con Moscú y Pekín. El fuerte rechazo del gobierno chino está relacionado con los planes de Bush de integrar a Taiwán al Escenario de Defensa Balística. «Si algún país piensa en integrar a Taiwán en un esquema militar, eso supondría una flagrante violación de la soberanía y la integridad territorial de China, y no podremos tolerarlo», advirtió la cancillería de Pekín.
También desde el otro lado de la desaparecida cortina de hierro llegó el mensaje del gobierno ruso. La bienvenida al nuevo mandatario estadounidense estuvo acompañada por el anuncio de que el presidente Vladimir Putin había acordado el indulto para el norteamericano Edmond Pope, condenado recientemente a 20 años de prisión por espionaje. Sin embargo, el importante gesto se produjo en momentos en que Putin se encuentra de visita oficial en Cuba y apenas poco tiempo antes de que se reuniera con el líder comunista Fidel Castro. Aunque esto difícilmente será considerado por la nueva administración como una provocación rusa, lo cierto es que siguen habiendo cuestiones conflictivas en las relaciones entre Washington y su antiguo rival. Entre ellos, como se dijo, está el escudo antimisiles, que viola términos del Tratado Anti-balístico firmado entre los dos países y, según Moscú, reactivará la carrera armamentista.
Aunque los rusos interpretan que los planes de Bush apuntan a restablecer el potencial militar de Estados Unidos -sobre todo a través de un importante aumento del gasto para el desarrollo de armas de alta tecnología-, muchos responsables cercanos al Kremlin consideran que el pragmatismo del presidente electo evitará conflictos serios. De hecho, muchos de ellos reconocieron que prefieren esta característica de Bush al moralista del vicepresidente Al Gore.
Bush, probablemente, también tendrá que poner a funcionar su pragmatismo para evitar choques con sus socios europeos, especialmente de Francia. La Unión Europea también desconfía de los planes militares de la nueva administración estadounidense y, aunque permanece en el marco de la OTAN, los Quince están dando los primeros pasos hacia la creación de un ejército europeo. Aunque en principio esta iniciativa fue alentada por Washington, el secretario de Defensa William Cohen, el único republicano del gobierno de Bill Clinton, expresó sus temores de que la llamada Fuerza de Reacción Rápida de la UE hiciera peligrar el futuro de la Alianza Atlántica. Además, los europeos temen que con la llegada al poder de Bush se tensen las relaciones en torno a cuestiones comerciales -por su posición más aperturista-y al tema de la pena de muerte.
Otro tema que puede convertirse en un escollo para el presidente Bush es el agravamiento del conflicto en Medio Oriente. El ministro de Relaciones Exteriores israelí Shlomo Ben Ami dijo tener dudas de que el nuevo presidente demuestre el mismo compromiso que Clinton con la paz en esa región, algo que también plantearon los palestinos, aunque todos expresaron ayer sus esperanzas de seguir negociando con el auspicio de Washington. Pero, desde el otro bando, los países árabes expresaron sus rechazo a la propuesta de Bush de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén.


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