La aplicación de más retenciones a las exportaciones provoca fuertes polémicas. En general, y tomando el tema con objetividad, los economistas apoyan la decisión basándose en la necesidad de cubrir el déficit fiscal y alertando que debe ser una medida estrictamente temporal. Como contrapartida, los productores, sobre todo los agropecuarios, toman la decisión como una violación más de la seguridad jurídica y advierten sobre las consecuencias que las retenciones tendrán sobre los sectores potencialmente exportadores que, según esta visión, serían los únicos que podrían ayudar a pa-liar la depresión económica. Ambito Financiero reproduce dos buenos ejemplos de ambas posturas. El economista Horacio Schreyer considera las retenciones como la consecuencia necesaria del cierre de la economía. Por su parte, el vice-gobernador de Santa Fe, Marcelo Muniagurria, dice que la medida "cambia las reglas de juego a mitad de camino".
En medio de la disparada del dólar y de los precios en la última semana, el gobierno se ha puesto a considerar la posibilidad de aumentar los derechos de exportación. Cuando ya parecía que la medida iba a tomarse, el Presidente ha comenzado a vacilar, temiendo una reacción del sector agropecuario y de los fabricantes ligados directamente al mismo. Este tema va y viene en la historia económica del país, como casi todas las cosas. Lo que permanece siempre es el deseo gubernamental de proteger la industria. Aunque la opinión común es que no se lo hace, basta observar los niveles casi siempre elevados de los derechos de importación en los últimos sesenta años para concluir lo contrario. No pretendo extenderme aquí sobre la conveniencia o no de esta política. La cuestión es que por razones de protección o de recaudación impositiva siempre está presente.
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Sí vale la pena, dentro de un marco fuera del librecambio, considerar la conveniencia de aplicar derechos generales de exportación en las actuales circunstancias. Hace ya mucho tiempo, los economistas han concluido que «impuestos equivalentes sobre las exportaciones o las importaciones crean la misma divergencia entre las relaciones de precios internos y externos (si el balance comercial está en equilibrio), de modo que los efectos reales de los derechos de importación y exportación son simétricos», según escribe Robert Mundell, Premio Nobel de Economía, en su libro «International Economics» (1968). Es decir que en principio, desde el punto de vista de la promoción a la industria, y su contracara, la desprotección del sector agropecuario, da lo mismo un arancel de importación general, digamos de 25 por ciento, con derechos de exportación de 0%, que impuestos a la importación de 0% con retenciones de exportación de 20 por ciento.
• Equivalentes
Sin embargo, aunque respecto de los precios relativos ambas situaciones son equivalentes, en la primera de ellas, para un tipo de cambio dado, el nivel general de precios expresado en moneda extranjera será 25% mayor. De lo cual se sigue para el segundo caso respecto del primero que: a) el turismo receptivo se ve impulsado con relación al turismo hacia el exterior, b) no es necesario dar un subsidio a las exportaciones no tradicionales, si así se lo hace en el primero, pues no se gravan con derechos (aunque, como todo en economía, nada es gratis, y esto se paga en parte por la mayor ineficiencia en la asignación de recursos). Asimismo, la recaudación de Aduana se verá afectada tanto si cambia el saldo del comercio internacional, como la magnitud de importaciones y exportaciones. En un caso como el actual, con importaciones cayendo y exportaciones subiendo, está más que claro que, de no modificarse los derechos a éstas, la renta aduanera puede caer. Por último, hay que considerar cómo juegan las expectativas inflacionarias y el proceso de formación de precios en todo esto. Se ha visto cómo se ha dado una espiral tipo de cambioprecios, dada la desconfianza del público hacia el accionar gubernamental respecto de la moneda y el sistema bancario. Es decir, la gente remarca en parte, a falta de reglas claras, en función del precio de la moneda extranjera, más allá de las reales consideraciones de costo y mercado, que por otro lado son bastante inciertas, precisamente por la volatilidad de la tasa de cambio. La imposición de derechos de exportación, al afectar los precios de los alimentos, ayudaría a cortar al menos transitoriamente esta espiral, dando algo de tiempo para ver si la incertidumbre cambiaria se reduce.
• Consideraciones
Cuando uno examina los argumentos en contra de los derechos de exportación, teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, surge claramente que los que se oponen, en el mejor de los casos, abogan por el librecambio. Es decir, para que tenga sentido su reclamo, éstos deberían también proponer una reducción general de gravámenes a la importación. Hoy por hoy, dada la contracción de la demanda interna, es de suponer que el sector que compite con las importaciones no utilice los márgenes de remarcación que le permiten los aranceles. Pero, pensando en perspectiva, cuando los precios domésticos y el tipo de cambio se ajustan a la emisión doméstica, también lo hacen los precios relativos de bienes importables y no transables en contra de los exportables, debido a la existencia de una estructura arancelaria con derechos de importación, reapareciendo la protección a la industria y el desaliento al agro.
Por mi parte, lo único con resultados prácticos que he observado, desde que tengo cierta capacidad para comprender los acontecimientos económicos, es el clamor del sector agropecuario por la eliminación de los derechos de exportación, luego de que éstos hayan sido impuestos por cualquier motivo. Pero muy pocos se animan a ir más allá.
• Hipocresía
Como he expresado más arriba, no es del caso discutir si es o no es conveniente que haya cierta protección a la industria. Pero sí la hipocresía o el error en demandar que se eliminen las retenciones, manteniendo los derechos de importación, lo que después provoca, mediante el aumento de precios que se genera en el tiempo, los reclamos para solucionar la «falta de competitividad» de la economía.
Promover de alguna manera las exportaciones no tradicionales y el turismo hacia el país, o inversiones externas, al tener un menor nivel de precios en dólares, no es despreciable en las circunstancias actuales. Si además, como se ha visto, la decisión del gobierno es flotar el cambio y hacer una política monetaria activa, tratando a la vez de que no se desencadenen aumentos generales de salarios, que dificulten el ajuste a un cierto equilibrio en el nivel de precios, es obvio que no puede soslayarse la implementación de las retenciones a la exportación. Por supuesto, también deberían bajarse los derechos de importación y plantearse para más adelante si se quiere tener una economía más abierta y competitiva y una reducción progresiva de los gravámenes a la exportación, sin volver a la «calesita» de reimplantar aquéllos.
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