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Girasol: la Argentina pierde el liderazgo

Competencia
También se ha generado una fuerte competencia con otros productos. La alternativa trigo-soja de segunda o la de sembrar directamente soja en reemplazo del girasol en muchas zonas, incluso marginales para ésta, ha resultado ser válida y rentable en las últimas tres campañas. La llegada de la soja RR, con el consiguiente abaratamiento en la implantación de este cultivo, también tuvo mucho que ver con este comportamiento.
Esta tendencia podría acentuarse incluso más durante el próximo año, de persistir los bajos precios inter-nacionales de los aceites a expensas de la solidez de las harinas proteicas vegetales.
En el MAT (Mercado a Término de Buenos Aires) la operatoria en este producto ha disminuido de un modo también significativo. Durante el período 1-7-99 al 31-12-1999, el volumen total negociado (futuros y opciones) alcanzaba las 1.159.500 toneladas; en idéntico período del año 2000, la operatoria alcanzó 813.650 toneladas, lo que representa una caída operativa de 30%.
Poco tiempo atrás, al referirnos al girasol, influenciado negativamente por la particular situación del mercado internacional de aceites decíamos que, de no mediar cambios en el corto plazo, este cultivo se podría convertir en una curiosidad botánica. Al haber pretendido exagerar en esta definición, podemos al menos confirmar que la misma sigue vigente e intacta.
A esta altura, resulta difícil definir qué ocurrirá con el girasol en la Argentina. Algunos comentan que este cultivo será una réplica del lino, donde nuestro país pasó de producir algo más de 2 millones de toneladas a principios de la década del '30 a solamente 47 mil toneladas en la campaña 99/2000.
Otros señalan que una vez recompuesto el nivel de precios del mercado de aceites en el ámbito internacional, además de las decepciones que sufrirán algunos productores que se han cambiado a soja en zonas marginales, se determinará un brusco cambio de tendencia.
Por encargo
También se escucha una premonición ingeniosa que señala que ocurrirá con el girasol lo mismo que con algunos otros cultivos (el trigo candeal o la cebada), que se siembran casi exclusivamente por convenio con los compradores; se implantan por encargo, pactando previamente las condiciones de calidad, pago y entrega.
En tanto, otros señalan que no habrá que alarmarse mientras se alcance un nivel productivo que no comprometa el abastecimiento del consumo local, unas 500 a 600 mil toneladas de aceite por año, una meta muy poco ambiciosa para el principal exportador de aceites vegetales del mundo. Mientras tanto, el mundo acusará este año un déficit mundial de casi tres millones de semilla, casi por culpa exclusiva del recorte productivo de nuestro país. De acuerdo con el USDA, la campaña mundial de este año alcanzará 23,6 millones de toneladas, lo que en alguna medida asegura que el premio del aceite de girasol contra otros aceites vegetales que compiten con él, se mantenga sostenido.
Tal vez el déficit productivo de la Argentina de hoy determine, paradójicamente, la firmeza del mercado internacional de mañana.


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