Contra todos los pronósticos, no habrá por ahora ley seca en la Ciudad de Buenos Aires, una de las medidas contra la inseguridad reclamadas por el gobierno nacional. La falta de acuerdo entre los bloques de la Legislatura porteña impidió que la norma fuera votada en particular, por lo que el proyecto (que había sido aprobado en general el 22 de julio) pasó a secretaría por tiempo indeterminado. Se estima igualmente que pronto sobrevendrán otras propuestas, que no se referirían sólo al horario permitido para la venta de bebidas alcohólicas -como lo hacía este proyecto-o al control vecinal. Para salir del paso, se piensa ahora en abrir un registro y un sistema de licencias, tal como lo anunció Felipe Solá en la provincia.
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Sorprendió la decisión, porque la norma formaba parte del plan de lucha contra la inseguridad que el gobierno nacional había anunciado 3 meses atrás. Además, se había aprobado en general el 22 de julio pasado, con un alto apoyo de los legisladores.
Ayer, giraron las opiniones y prevalecieron las críticas sobre las dificultades de su aplicación y control, el tipo de multas y sanciones (y a quiénes corresponderían) hasta el porqué no se prohibía la venta a los deliveries o boliches también.
La norma -que pretendía prohibir la venta de bebidas alcohólicas desde las 23 hasta las 8 en los quioscos solamente-constaba de 4 artículos, de los cuales sólo fue convalidado el primero (que se refería a los horarios de venta). Cuando se discutió el segundo artículo, no se logró acuerdo y se dejó de lado. «No habrá ley seca. Hay mucho desacuerdo, y no veo por ahora consenso. Muchos legisladores que la apoyaron se dieron vuelta, y la ley entró en riesgo», dijo Fernando Caeiro, diputado porteño de Unión por Todos, que impulsó la medida.
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