8 de octubre 2001 - 00:00

Hay que aprender de experiencia europea

La inestabilidad cambiaria en Brasil y las declaraciones del Ministro Domingo Cavallo instando al gobierno brasileño a ordenar su economía han generado una polémica que merece las siguientes reflexiones:

1) En primer lugar, el intercambio de declaraciones gubernamentales deja al descubierto algunas falencias del Tratado de Asunción que es necesario resolver. Resulta curioso observar que quienes redactaron el texto del acuerdo no hayan tenido en cuenta la inestabilidad de las economías de los países integrantes del mismo y no hayan previsto un mecanismo de resolución para los desequilibrios, tal como se hizo en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea. En éste se dispuso que los Estados miembros considerarán sus políticas económicas como una cuestión de interés común y las coordinarán en el seno de un consejo creado para resolver este tipo de cuestiones. Dicho consejo elaboró una serie de orientaciones generales para las políticas de los Estados miembros y de la Comunidad y presenta permanentemente informes al Consejo Europeo.

Cuando el Consejo comprueba que la política de un Estado miembro contradice las orientaciones generales de política económica que rigen para los países miembros de la Comunidad, después de un procedimiento de advertencias y comunicaciones que pueden llegar a ser públicas, exige al Estado parte una serie de informes para que éste corrija los desajustes y en ciertos casos aplica sanciones financieras o exige depósitos en la Comunidad sin pago de intereses o el pago de costosas multas, hasta que el déficit sea corregido.

• Peligro

De tal forma, al estar legislado el procedimiento no resulta posible la fricción entre los representantes del gobierno, ya que todos saben cuáles son sus derechos y obligaciones.

2) Otro aspecto para rever es la actitud de la Argentina frente a este tipo de problemas. Con la crisis actual, en lugar de intentar restablecer el equilibrio dentro del Mercosur, por medio de negociaciones, sus representantes han quedado involucrados en situaciones que terminan poniendo en peligro la continuidad del Tratado.

Desde principios de 1999, en que comenzó el proceso de devaluación del real, los representantes del gobierno no han llevado ninguna propuesta en la que la Argentina pudiese resarcirse de los daños causados por la devaluación.


Por el contrario, en lugar de sacar rédito de los incumplimientos de su principal socio, nuestro país generalmente cede frente a los negociadores brasileños. La muestra de esto se observa en que la Argentina está aceptando discutir en este momento la idea de Brasil de desmantelar el arancel externo común, cuando en realidad está haciendo sus deberes en política económica y Brasil no, y en lugar de ser el beneficiario de esta situación va a ser una víctima en un mismo nivel de igualdad con Brasil. Esto es como si dijésemos que en un caso en que una persona no cumple un compromiso con otra, cuando el damnificado le pide un resarcimiento al que no cumple, éste le propusiese que los dos se tiren por una ventana de un décimo piso.

Dejar caer el arancel externo común sin que caiga el Tratado de Asunción no es técnicamente posible. El arancel externo común es una condición básica para el mantenimiento de la desgravación del comercio intrazona. Eliminarlo significa lisa y llanamente el fin del Mercosur. El interés de la Argentina no está precisamente en la desaparición del Mercosur sino en la corrección de los desequilibrios, y cuando un país genera desequilibrios a su favor dentro de un mercado común, lo primero que tiene que hacer es lo que se hace en el mundo: tratar de corregirlos y no sentirse agraviado cuando sus socios se lo señalan, y si no puede corregirlos deberá pagar por ello.

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