19 de diciembre 2003 - 00:00

Invaden camiones zona más cara de la Capital

Como una caravana de circo, camiones de mudanza, taxis y micros escolares apiñados hacen pensar en un lugar de transferencia o ingreso en algún sistema extraño de control de tránsito pesado, o quizá propaganda encubierta en esos acoplados que exhiben marca de las empresas. La pantalla de carrocerías encubre, sin embargo, uno de los lugares privilegiados de la Ciudad de Buenos Aires, como es la plaza Grand Bourg, sobre la avenida Del Libertador y Ortiz de Ocampo, transformado hoy en libre estacionamiento de micros de todo tipo que han tomado las calles a su gusto, ahorrando la necesidad de contar con un lugar apropiado para el albergue de semejantes estructuras. Es que en los paseos porteños todo es posible, más cuando los nuevos funcionarios se están acomodando en sus sillas, y los que se fueron se habrán ocupado de sus propias mudanzas, no en los camiones de ocasión, seguramente.

La zona de la plaza Grand Bourg es una de las más exclusivas de la Capital Federal. Para los turistas, un recorrido casi obligado para apreciar la obra del francés Carlos Thays, justo en este año que la Ciudad ha declarado récord la visita de turistas, con más de 5 millones durante los primeros diez meses, guías mediante que no habrán reflejado la verdadera postal.

Esa estampa, tomada de noche, conjuga magníficos edificios con leyes de protección especial, micros estacionados a pesar de la prohibición y taxis que se agregan al paisaje aprovechando los lugares que dejan los camiones para utilizarlos también como playa de estacionamiento propia. Tal encuentro de corporaciones merece, a la usanza criolla, la degustación de un clásico choripán, que los conductores preparan al aire libre, «emparedado con cortes cárnicos», así definido por ley, cuenta con una norma especial que no lo habilita a ofrecerse en cualquier parte.

«El estacionamiento de camiones y micros está totalmente prohibido en la vía pública en toda la Capital Federal»,
sentencia el director de Tránsito porteño, Osvaldo Storani, a pesar de la elocuencia de la infracción de larga data además.

• Conversión

Así, la falta de controles dio pista para convertir la plaza y las calles que la rodean en un lugar de estada permanente de micros de empresas, escondiendo y perturbando el paseo porteño ante el descuido del espacio sin poder apreciar, por ejemplo, la réplica de la casa que ocupó José de San Martín entre 1834 y 1848, en Grand Bourg. Se encuentran con ella también la Embajada de España, la Plaza de la República de Chile, todo en varias manzanas que ofician hoy de estacionamiento especial.

Según Storani, el rechazo a las multas fotográficas, cuya vigencia es acotada en estos momentos por un plan de advertenciasque las suple, hace demorar en la zona la aplicación de actas para que se corran los vehículos de la que es, además, una de las zonas más caras de la Ciudad, con un valor promedio de u$s 2.000 el metro cuadrado, precisamente por tratarse de un lugar de residencias y pisos amplios en un paisaje especial.

«Los permisos para mudanzas los damos los sábados en general y por una cantidad de horas; la permanencia no es posible»,
insiste el funcionario que deriva la responsabilidad de las infracciones «a la Policía, que debe labrar las actas».

Ni control del Gobierno, ni amparo de funcionarios como los que existen en la llamada Oficina de Patrimonio Histórico, que al parecer desconocen el daño que el estacionamiento de vehículos pesados provoca no sólo en el espacio verde, sino en los edificios que acunan pasado nacional. Es que, al utilizar el lugar de morada de transporte, también se padece el quehacer de los transportistas en el espacio verde que, por la noche, además agrega a empresas de taxis que usan la plaza para la estada de sus vehículos, cambio de choferes y tareas administrativas al paso o de espera, que alejan al transeúnte y se convierten en una pantalla grotesca del paisaje. Ni que decir del entorpecimiento de las actividades de edificios como la Embajada de Bélgica -su sede está en la residencia Tornquist, diseñada por el arquitecto Bustillo-o el propio Instituto Sanmartiniano.

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