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La Argentina gastó $ 1.250 millones en formar científicos que emigraron

Más de 40% de los investigadores argentinos están radicados en América del Norte; de ese número, más de 80% vive en Estados Unidos, 11% en Canadá y 8% en México. El otro continente que disputa la preferencia argentina es Europa, donde se ha asentado más de 27% de los técnicos altamente capacitados.
Costos
Rafael Gagliano, jefe de Gabinete de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación, es claro cuando manifiesta que «la globalización empuja a las poblaciones no sólo a los diferentes mercados financieros, sino también a los mercados del conocimiento y de la inteligencia».
Bienes invisibles
«Se va un activo intangible de la Nación, porque el conocimiento y la inteligencia son bienes invisibles», destaca.
Estados Unidos es uno de los países que con mayor claridad ha desplegado una estrategia para reclutar extranjeros de máxima calidad, con políticas que incentivan la inmigración.
Para los próximos tres años, el país del Norte emitirá 200 mil visas del tipo H-1B, cuyo propósito es importar materia gris especializada, principalmente la vinculada a la industria electrónica.
Un reciente informe de OCDE señala que de los 150 millones de personas que desarrollan en el mundo actividades científicas y tecnológicas, 90% se concentra en las siete naciones más industrializadas, y un poco más de cuatro millones, 3% del total, están directamente implicadas en actividades de investigación y desarrollo.
Estados Unidos dispone de 3.700 investigadores de tiempo completo por millón de habitantes, mientras que Uruguay apenas si alcanza los 320 investigadores por millón y sólo es sobrepasado por la Argentina, Cuba, Costa Rica y Brasil. La diferencia se amplía si se tiene en cuenta que mientras los estados de Latinoamérica llegan a totalizar unos 150 mil investigadores, Estados Unidos se aproxima al millón, lo que pone en evidencia la enorme distancia entre un Estado que tiene políticas de ciencia y tecnología y aquellos que aún ignoran que el crecimiento está relacionado con la capacidad del conocimiento.
Europa sabe de los efectos de la «fuga de cerebros» (con mayor fuerza, Alemania), razón por la cual ha diseñado una estrategia para contener sus científicos o bien hacer circular sus «cerebros» por el mundo.
«No se trata de impedir que los profesionales e investigadores se vayan del país. Se trata de transformar lo espontáneo en planificado y de saber el valor de la gente», dice Gagliano.


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