12 de febrero 2003 - 00:00

La izquierda no debe llorar si Saddam Hussein es derrocado

Ayer cuando los políticos de centroizquierda y los responsables de la elaboración de políticas celebraron, en el número 10 de Downing Street (la residencia del primer ministro británico), una serie de reuniones preparatorias de la conferencia sobre el gobierno progresista que tendrá lugar en julio, la atención se centró, naturalmente, en la posibilidad de un conflicto en Irak.

Es esencial explicar en detalle que la política que hemos seguido en lo referente a Irak se ajusta exactamente a nuestra visión de la política progresista y destacar dos aspectos principales.

En primer lugar, la ONU ha dado a Saddam Hussein una clara orden de desarmarse, una orden que podría obedecer fácilmente. Si la desobedece, la voluntad de la ONU debe ser respetada; de lo contrario, será difícil abogar por esta organización como instrumento para abordar estas cuestiones en el futuro.

En segundo lugar, dado que el régimen de Saddam es probablemente -ahora que ha caído el de los talibanes- el más brutal, opresivo y dictatorial del mundo, y que sus principales víctimas son los iraquíes, resultaría extraño que hubiese alguien en la izquierda que derramara lágrimas por la marcha de aquél. Si esa marcha se produce en cumplimiento del mandato de la ONU, debe ser apoyada enérgicamente.

Nuestra tarea no debe ser rehuir una plena participación en la batalla contra las armas de destrucción masiva y el terrorismo sino ampliar el programa, insistir en que se muestre el mismo empeño en buscar la paz en Medio Oriente, actuar sobre la pobreza en el mundo, Africa y el cambio climático. Los próximos meses determinarán si podemos cambiar las cosas. Creo que así será.

• Ejemplo

Es la solidaridad internacional lo que ha permitido que Gran Bretaña dé ejemplo en la cancelación de la deuda del Tercer Mundo, el aumento de la ayuda como porcentaje del PBI y la concepción de una estrategia para el desarrollo de Africa. En política exterior, Gran Bretaña ha ido más allá de las tradicionales posiciones de la antigua izquierda y la nueva derecha. Los conservadores recortaron nuestro presupuesto de ayuda y aislaron a Gran Bretaña de Europa. Hemos luchado por algunos objetivos laboristas tradicionales, por ejemplo, relativos a la ayuda y el desarrollo, pero también hemos estado dispuestos, como sucedió con Kosovo y Afganistán, a emprender una acción militar para defender nuestros valores; también hemos tenido muy claro que el sitio de Gran Bretaña está en el corazón de Europa.

Algunos han argumentado que la política de la tercera vía se define por lo que no es: ni de derecha ni de izquierda. Esto supone malinterpretar nuestro enfoque. Es la social-democracia moderna, firmemente asentada en la tradición de la política progresista de izquierda, pero inspirada en la herencia de Keynes, Beveridge y Lloyd George, así como en la de Attlee, Bevin y Bevan.

• Dinámica

Nuestros valores -justicia social, igualdad, solidaridad- siguen siendo los mismos. Lo que hacemos es aplicarlos de una manera diferente a un mundo diferente. La ola de liberalización y avance tecnológico ha estimulado una nueva dinámica en el capitalismo mundial. El final de la Guerra Fría y el hundimiento del comunismo alimentaron un enorme optimismo en Occidente acerca del futuro. Después de una década, podemos ver con claridad los límites y tensiones desencadenados por la globalización.

Estamos presenciando un aumento de la inseguridad en todas sus formas: armas de destrucción masiva y un terrorismo que no conoce límite alguno en cuanto a escala ni a geografía, el impacto de la inmigración y el delito en nuestras calles. En la economía mundial, el optimismo de fines de la década de los '90 se ha desvanecido. Los mercados han caído. Los peligros de la deflación y la desaceleración están exacerbando los problemas estructurales en buena parte de Europa Occidental y en Japón. Ahora, los ciudadanos vuelven la mirada al poder colectivo del gobierno en busca de ayuda. Saben que no pueden hacer frente solos a esas situaciones de inseguridad. Pero ésta es también una época más individualista, en la que la elección del consumidor, la libertad en el estilo de vida y la globalización ofrecen una gran variedad de oportunidades que la generación de nuestros abuelos jamás soñó.

Además, sabemos que las soluciones del gran Estado pueden no ser más que otra forma de intereses personales, que los productores no siempre saben más que el resto de la gente, que los servicios pueden ser suministrados por medios voluntarios o privados además de públicos. Como la definimos en un principio, la tercera vía se compone de cuatro posturas claras, cada una de las cuales lleva la política progresista más allá de las antiguas líneas divisorias de la izquierda y la derecha: en economía, aceptación de disciplinas fiscales junto con inversión en capital humano, ciencia y transmisión del conocimiento. En la sociedad civil, un enfoque basado en los derechos y las responsabilidades, firme por lo que atañe a la ley y el orden, pero con programas sociales para encarar las causas del delito. En los servicios públicos, inversión para garantizar la igualdad de oportunidades, pero también una reestructuración para ofrecer unos servicios más adaptados al individuo, basados en las necesidades del consumidor moderno, y garantizar los bienes públicos que los mercados, si se dejan a su albedrío, no podrían proporcionar. En política exterior, firmeza en la defensa y compromiso con la justicia en el mundo. Estas ideas nos permitieron adherirnos a posiciones que, en el pasado, la izquierda había considerado imposibles de conciliar: patriotismo e internacionalismo, derechos y responsabilidades, la promoción de la empresa y la lucha contra la pobreza y la injusticia social.

Estas ideas se han ganado el apoyo de un notable número de líderes políticos, han logrado marginar otras corrientes de la izquierda y han hecho que la derecha se ponga a la defensiva en el debate intelectual. Han tendido un puente entre los nuevos demócratas de Estados Unidos y los socialdemócratas de Europa. La bandera de la tercera vía se ha impuesto como un importante punto de referencia en los debates del centroizquierda sobre el futuro, desde la Europa continental hasta Brasil e inclusive China.

Pero, si bien la tercera vía ha suministrado un puente transatlántico a los demócratas de
Bill Clinton, la política estadounidense ha cambiado de manera fundamental desde el 11 de setiembre y tras el estallido de la burbuja de las puntocom. En Europa se ha debilitado el control del poder que a finales de los '90 disfrutaron los gobiernos de izquierda. Es preciso renovar la política progresista para el mundo de hoy. Sobre todo, es preciso examinar cómo vamos a constituir una población activa calificado y unas empresas capaces de incrementar la marcha de la economía, cuándo los países con bajos costos laborales producen bienes y servicios a precios más bajos.

• Servicios públicos

Esta es la razón por la cual son esenciales la inversión en ciencia y tecnología, la reforma de las universidades, la lucha contra el analfabetismo y contra los bajos niveles educativos en adultos y unas formas de aprendizaje más modernas.

Tenemos que tratar de resolver la injusticia de los servicios públicos deficientes, que son por lo general utilizados por los más pobres, y hacerlo por medio del cambio estructural, además de dinero adicional. Tenemos que considerar la ley y el orden como algo más que crimen y castigo. Es necesario, asimismo, contribuir al desarrollo de una ciudadanía responsable que permita a las personas sentirse parte de su propia comunidad. Por encima de todo, debemos ser más radicales en la separación de medios y fines. La pesadilla del centroizquierda es la confusión entre ambos. Los objetivos, valores y creencias no cambian nunca. Los medios deben cambiar conforme cambia el mundo.

En todo el mundo, las personas están dispuestas a aceptar estos objetivos y a respaldar estos valores; a creer, como creemos nosotros, que en un mundo interdependiente debemos apoyarnos unos a otros para reducir al mínimo las incertidumbres e incrementar al máximo las oportunidades. De lo que dudan es si tenemos la voluntad de utilizar cualquier medio que sea preciso para producir esos resultados, y si podremos renovar las ideas del centroizquierda para estar a la altura de las nuevas demandas. Es en esto en lo que debe centrarse ahora el debate político entre los progresistas.

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