9 de abril 2002 - 00:00

La única verdad es la realidad

El 19 de enero del año 2000 en un documento difundido en la sede del Consejo Nacional del Partido Justicialista, con mi firma expresaba: «En escasas semanas de gestión el actual gobierno amenaza crear una crisis de gobernabilidad de características similares de las que padeció el país al borde del abismo que heredáramos en julio de 1989». Y agregaba en el mismo comunicado que aún estábamos a tiempo de rectificar el rumbo antes de que estalle la crisis; expresaba también: «Quiera Dios que la lucidez política se imponga sobre el espíritu faccioso».

Uno de los excelentes periodistas que tuvo el diario «La Nación»: Germán Sopeña, manifestaba en una columna del prestigioso diario el 30/9/2000, lo siguiente: «Desde el primer día del nuevo gobierno instalado el 10 de diciembre, desde el Dr. Fernando de la Rúa para abajo, se optó por la errónea opción de alarmar a cualquier argentino, planteando que la economía se encontraba en un estado alarmante».

«Fue una exageración que no sirvió a nadie ni mucho menos a la gestión económica. En términos históricos, aun si el nuevo gobierno heredó un déficit más alto que el que declaraba la gestión saliente, lo cierto es que la situación era globalmente muy superior a la de todos los cambios de gobiernos anteriores en muchas décadas. Sin inflación, sin créditos vencidos, con un sistema financiero sólido y con cambios estructurales que habían atraído una fuerte inversión directa por varios años, el panorama global era más que razonable para comenzar con optimismo una nueva gestión.»

«En lugar de valorar y subrayar esos aspectos, para generar más confianza, el nuevo gobierno comenzó con un pesimismo sobreactuado. Se habló únicamente del déficit, y se transmitió una idea de una etapa muy crítica por delante.»

«Cuando a esa forma de presentar el futuro se agregó el error de frenar el arranque de la economía con un impuesto directamente dirigido a detener el consumo, el resultado no podía ser otro que un brutal aumento de la desconfianza.»

La realidad era totalmente distinta, a la prédica destructiva por parte del gobierno de la Alianza, respecto de las grandes realizaciones llevadas a cabo desde 1989 a 1999. Por ejemplo, el ingreso por habitante creció en los primeros nueves años a la tasa anual acumulativa de 14%, récord en el mundo. En ese período el ingreso del argentino promedio que era de apenas 11% del norteamericano, y de 84% del ingreso del brasileño, al inicio de la gestión alcanza a un cuarto del ingreso del habitante de EE.UU. y a más del doble del brasileño.

• Desocupación

Se han recibido muchas críticas sobre la desocupación. Pero nadie comenta que la ocupación pasa de menos de 10.000.000 de puestos de trabajo a casi 12.000.000 al finalizar el mandato. Más aún, los procesos de privatizaciones y modernizaciones transformaron trabajos no productivos en productivos, como lo reflejan las estadísticas del ingreso promedio, que muestran que el argentino tenía un poder adquisitivo más que triplicado al término de la gestión.

La baja sistemática de la tasa de inflación contribuye a sostener el poder adquisitivo de todos los ingresos y patrimonios. Las empresas y personas ampliaron su capacidad de compra, además del ingreso, con el aumento del crédito. Este, el crédito, en 1989, apenas alcanzaba 1.290 millones de pesos. A fines de 1998, superaba los 72.000 millones, al sector privado.

Las reservas internacionales del país prácticamente no existían al principio de la gestión y superaban los 34.000 millones de pesos o dólares al finalizar 1999. Las estadísticas nos hablan del aumento de la producción de energía eléctrica, del transporte de pasajeros por tren y avión, las ventas de automóviles y camiones, como indicadores de la actividad en amplios sectores.

Respecto de la competitividad, la Argentina tenía exportaciones fundamentalmente agropecuarias al comienzo de la administración que orillaban los 10.000 millones de dólares. A pesar de las fuertes caídas de los precios internacionales, en 1999, las exportaciones argentinas excedían los 23.000 millones con una base mayor de productos elaborados y energía.

En los años 1997/1998, las ventas al exterior superaron los 26.000 millones anuales. Como es notorio esa elevación de las ventas al exterior se obtienen en el marco del más amplio respeto a los contactos sin devaluaciones monetarias.

Además, crecieron en forma significativa la producción de energía eléctrica, del transporte de pasajeros por trenes y por avión, la venta de automóviles y camiones, como indicadores de la actividad de varios sectores.

Ahora, estamos asistiendo a los efectos devastadores de una devaluación y a la falta de rumbo de la política del gobierno.

Cada mes cientos de miles de familias argentinas franquean los umbrales de la pobreza, como consecuencia del quiebre masivo de empresas, las reducciones de salarios y los aumentos de precios de la canasta familiar.

La pesificación forzosa significa el despojo de los ahorros del pueblo, repetidamente rechazada en todos los ámbitos de la Justicia, por violar expresamente derechos consagrados en la Constitución Nacional.

El cuestionamiento del orden jurídico y de las instituciones y el repudio de los contratos públicos y privados producen no sólo el desprestigio de la Nación en el mundo sino que han paralizado todas las inversiones de producción y consumo.

• Amenaza

Esta política desarrollada en nombre del justicialismo, al amparo de una nueva y espuria «alianza», amenaza con disolver los históricos logros que vinculan al pueblo argentino con su gran movimiento nacional, los cuales fueron forjados por décadas de muchos sacrificios y grandes conquistas y luchas populares.

Así las cosas, es urgente un cambio de rumbo con una conducción firme y clara del Estado. ¿Qué medidas se imponen en estas circunstancias?:

Es imprescindible aumentar el poder adquisitivo del mercado interno, a partir del aumento de los salarios de los trabajadores y motorizar rápidamente el consumo popular.

Simultáneamente, se debe estabilizar el tipo de cambio por medio de la convertibilidad, adoptando lo más rápido posible un proceso de dolarización.

Eliminar los impuestos distorsivos que encarecen el consumo anulando aquellos que penalizan la creación de empleo, las exportaciones y la inversión.

Disminuir el Impuesto al Valor Agregado, de tal forma que con estas medidas se pueda asegurar un crecimiento sostenido a mediano plazo.

Iniciar de inmediato las negociaciones con los acreedores del Estado y restablecer el orden jurídico subvertido, lo que nos permitirá no sólo recobrar el crédito de la Nación, sino también recuperar el lugar de privilegio que nuestra Argentina había conseguido en el contexto de las naciones del mundo durante la década de los noventa.

Terminar el proceso de reforma del Estado y consolidar el federalismo por medio de un verdadero pacto federal que deje atrás los parches e improvisaciones que caracterizaron estos oscuros años.

Esto constituirá una contribución mayor a la estabilidad de la República que no puede seguir siendo postergada.

• Añoranzas

La restauración de la confianza y del crédito de la Nación harán posible la devolución de los ahorros del pueblo tal como éstos fueron constituidos cuando los argentinos confiábamos en el destino de nuestra Nación y en las leyes de la República.

Ya no existen dudas por más que se pretenda confundir al pueblo por ideólogos del desorden y de la destrucción, el ciudadano común añora la década de 1989/ 1999. En esos años podía transitar por todas las calles y rutas libremente y sin temor a ser detenido por piquetes y cacerolazos. También contaba con un amplísimo surtido de bienes para poder elegir. Confiaba en que los contratos y convenios serían cumplidos. Los comerciantes no sufrieron saqueos. Una vez afianzada la Administración, nadie temía ni se angustiaba por el poder adquisitivo de sus cobros, depósitos, créditos, alquileres y salarios.

Así las cosas, estoy en condiciones de asegurar que el justicialismo es el único movimiento capaz de terminar definitivamente con los males que asuelan nuestra patria desde hace más de dos años, y ponerla, como en 1989, nuevamente a transitar el camino del crecimiento para hacer, de nuestra patria, una patria grande, y en ese marco, un pueblo feliz.

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