6 de julio 2001 - 00:00

Mecanismo para distribuir mejor

Hace más de ochenta años Francia, victoriosa de la guerra, se ponía en marcha para superar las devastadoras consecuencias del conflicto. Es en ese contexto cuando, en 1918, la Asamblea Francesa otorga fuerza de ley a la asignaciones familiares. Nace allí esta institución de la seguridad social que procura apoyar y proteger al hombre que ha decidido conformar una familia, la más antigua entre todas las sociedades y la única natural, según lo afirmara Jean Jacques Rousseau.

Desde entonces, el salario familiar, como se lo conoce popularmente, ha sido adoptado en casi todo el mundo. Europa, los países de América latina y el Japón lo han instituido considerando que es preciso apoyar a los hombres y mujeres que resuelven unirse y tener descendencia.

Las asignaciones familiares ayudan a solventar los gastos que se originan en los momentos culminantes de la vida de una pareja, cuando contraen matrimonio, en el embarazo de la mujer, cuando nace un hijo y luego durante su infancia y pubertad. Además, es estímulo para que los padres manden a sus hijos a la escuela al ayudar en el desembolso en útiles y vestimenta escolar.


Apoyo

La asignación familiar es una herramienta que utiliza la sociedad organizada para apoyar a las familias. No se trata de sufragar la totalidad de los gastos exigidos por la crianza o educación de un hijo, sino de una asistencia que la comunidad brinda a las familias que la integran, en particular a las de menores recursos.

Durante mi gestión cumplimos a rajatabla con este objetivo. En el inicio de mi primer mandato aumentamos sensiblemente el monto del salario familiar, liberando los fondos ociosos que tenían los organismos que administraban el sistema. Asimismo, extendimos a gran parte de nuestro país su pago en forma directa, asegurándonos que lo cobrarían todos aquellos que tenían derecho a recibirlo. De esta forma, además, liberábamos a los empresarios de la carga financiera que significa pagar y luego esperar el reintegro.

Nos propusimos, también, que las asignaciones sirvieran a propósitos que hasta entonces no habían sido tenidos en cuenta. Cumpliendo con el principio alberdiano de «Gobernar es Poblar» dispusimos incrementos en el salario familiar que se pagaba en las áreas de frontera, en los puntos más recónditos de nuestro territorio, con el claro objetivo de ayudar a las familias radicadas en esas zonas y, además, inducir la instalación de otras nuevas.

Son esas razones, así como la experiencia concreta de mi gobierno en este tema, las que me obligan a expresar públicamente mi gran preocupación por una reciente medida oficial. Se trata de la decisión del gobierno nacional de eliminar el pago de las asignaciones a todos aquellos que cobran un salario mensual de cien pesos o menos. En definitiva, se ha suprimido una parte sustancial de los ingresos de los trabajadores más humildes, de los que menos ganan.

Me cuesta imaginar un criterio de ajuste del gasto que sea más contradictorio con los lazos de solidaridad sobre los que se consolida una comunidad nacional. Lejos de disminuir su valor, creo que el salario familiar debe ser potenciado para cumplimentar objetivos tanto sociales como políticos. Con directivas adecuadas y una buena administración de sus recursos genuinos puede y debe convertirse en una verdadera columna donde se afirme el principio de la solidaridad y de la justicia social.

La sociedad de este siglo XXI exige de todos un esfuerzo de imaginación para conjugar al unísono dos principios que deben complementarse: Crecimiento Económico y Paz Social. Si alguno de ellos está ausente las comunidades son presa fácil de la desazón y la violencia.

Uno de los más grandes pensadores contemporáneos, Su Santidad el papa Juan Pablo II dijo(1): «... En nombre del futuro del hombre y de la humanidad, es necesario pronunciar la palabra Solidaridad. Hoy, esa solidaridad se desliza como una ola extendida a través del mundo, que se da cuenta de que no podemos vivir según el principio de todos contra todos, sino solamente según el principio de todos con todos, todos para todos».

(1) La frase pertenece a un discurso pronunciado por S.S. en Polonia en 1987.

1 La frase completa pertenece a un discurso pronunciado por S.S. en Polonia en 1987. Me he permitido resaltar un concepto que considero central.

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