El primer día de control de la ley seca en la Capital Federal resultó «positivo» para los funcionarios porteños, pero en la práctica -según un relevamiento hecho por este diario-la mayoría de los quioscos y maxiquioscos no sólo desoyó la norma, sino que, además, amenaza con presentar recursos judiciales contra su aplicación.
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La ley prohíbe la venta de bebidas alcohólicas en quioscos, maxiquioscos, lavaderos de autos y otros locales donde se atienda a automovilistas, y restringe -en los comercios habilitados para vender, como supermercados-el horario de expendio hasta las 23. La avenida Corrientes, por ejemplo, y la calle Florida, en particular, exhibían las bebidas alcohólicas en los quioscos como lo hacen habitualmente, quizás en mayor proporción debido a las Fiestas, en las que aprovechan para vender botellas como regalo. Algunos quioscos de la peatonal Florida mutan en esta época al estilo licorerías, donde ofrecen desde latas de cerveza hasta whisky, vinos y champagne, o promocionan, con degustación incluida, el lemonchello.
•Inspecciones
Con cien inspectores, el Gobierno porteño inspeccionó ayer, hasta las 17, 90 comercios (menos de un negocio por funcionario) y encontró sólo a 16 en infracción (18%), a los cuales se les incautaron en conjunto 860 envases de bebidas alcohólicas. Los operativos continuaban durante la noche, mientras el flamante secretario de Seguridad Urbana y Justicia, Juan Carlos López, enfrentaba, a la vez, en medio de los controles, la parálisis de los juzgados porteños por un paro de empleados. Si bien esa irregularidad no afecta a la primera medida de decomiso y multas a los comercios en infracción, hay una instancia judicial que es a la que quiere llegar la federación de quiosqueros en protesta. El paro lo armaron desde hace días los gremios por el aumento de $ 200 que impuso el gobierno y salieron a ventilar los sueldos de los miembros del Consejo de la Magistratura Local ($ 7.200) y del secretario coordinador ($ 8.200), como el aumento de $ 200 del Tribunal Superior de Justicia.
Ante esa situación, sin embargo, López aseguró que «los controles van a seguir». Esto, además, se enfrenta a otra cuestión, que es que muchos maxiquioscos estarían habilitados como almacenes y, en ese caso, quieren defender esa cuestión. Sin embargo, el decreto de necesidad y urgencia de Aníbal Ibarra que se transformó en ley seca -casi en realidad, porque beber en público está permitido-lo que hace es cambiar el código de habilitaciones dándoles una definición a esos polirrubros que sólo ahora pueden vender como un quiosco -nunca tuvieron permitido vender bebidas alcohólicas-con la diferencia de que atienden al público que accede por la calle o ingresa en el local.
•Amenaza
Los quiosqueros intentarán con recursos judiciales «hacer caer» la norma, según salió ayer a explicar el presidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, Eduardo Medaglia, quien también amenazó con movilizaciones y protestas. «Que hagan lo que quieran, pero seguimos adelante», se ofuscó Ibarra.
«Tres mil personas con sus familias son afectadas por la medida», retrucó Medaglia, quien entiende que actualmente para los quioscos la venta de bebidas se transformó en un rubro esencial.
«Con esta medida, se suspende también el comercio de vinos finos, champagne, sidras o licores, que son generalmente llevados como artículos de regalo», insistió el titular de quiosqueros.
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