24 de septiembre 2001 - 00:00

Posible renuncia de Peres amenaza al premier Sharon

Jerusalén - La decisión del premier israelí Ariel Sharon de volver a suspender la esperada reunión entre el canciller Shimon Peres y el líder palestino Yasser Arafat, por no haberse cumplido su condición de una calma total por espacio de 48 horas, provocó ayer una fuerte crisis de gobierno.

Sharon intentará superar el trance esta misma tarde en una reunión especial que mantendrá con los ministros del Partido Laborista; sin embargo Peres no se dispone a participar.

Los ministros laboristas lograron a duras penas convencer ayer a Peres de que no se vaya de licencia en protesta por la decisión de Sharon. El canciller había contemplado la posibilidad de renunciar al gobierno y hasta de abandonar la política, pasos que aparentemente no habrían arrastrado al resto de los ministros laboristas.

• Apoyo perdido

El Partido Laborista Israelí vive uno de sus peores momentos, con una marcada pérdida del apoyo popular y una crisis de liderazgo agudizada por acusaciones mutuas de fraude en las últimas elecciones internas, tres semanas atrás. Sin embargo, su eventual salida podría ser un golpe mortal para el gobierno de Sharon.

Arafat, uno de los factores de mayor influencia en la política israelí, logró ya derribar a todos los primeros ministros laboristas o del Likud durante el último decenio, a excepción de Yitzhak Rabin, quien fue asesinado por un extremista judío, justamente por haber firmado la paz con los palestinos. El desmembramiento del gobierno de Unidad Nacional, creado para combatir la Intifada, sería la campanada de triunfo de doce meses de lucha palestina.

• Ataques

Palestinos e israelíes declararon un cese de fuego hace una semana, pero desde entonces se produjeron decenas de ataques palestinos y acciones israelíes de represalia. A pesar de la continuación de la violencia, aunque en menor intensidad, Peres dice que Israel tiene una deuda de gratitud con Estados Unidos por decenas de años de apoyo y que su reunión con Arafat, que facilitará la formación de la coalición con países árabes, es una forma de ayudarlo.

La negativa de Sharon a un encuentro destinado a afianzar el cese de fuego y crear los fundamentos para la reanudación del diálogo político, aunque temporaria, contradice los planes de Estados Unidos de tranquilizar a esta región con el objeto de poder formar sin contratiempos una coalición internacional para la lucha contra el terrorismo.
El secretario de Estado, Colin Powell, llamó ayer por la tarde a Sharon y a Peres y los apremió a establecer una nueva fecha para la reunión con Arafat.

A partir de hoy llegarán a la región, uno tras otro, varios de los ministros de Relaciones Exteriores europeos y su presencia aumentará las presiones sobre Israel, pero también sobre los palestinos.

En Jerusalén se estima que después de la primera reunión con Peres, comenzará la cuenta regresiva para la invitación de Arafat a Washington, para una primera reunión con el presidente
George W. Bush, aunque para ello deberá demostrar su «buen comportamiento» y cumplir con el alto el fuego.

•Pedido

Mientras, Arafat se esmera. Ayer llegó por primera vez en doce meses a Rafiaj, al sur de la Franja de Gaza, para pedir personalmente a los más duros que interrumpan los ataques contra Israel. Hasta Hamas y la Yihad Islámica consintieron en silencio con la necesidad de alejarse por ahora de los atentados.

En el Ministerio de Defensa israelí entienden que el terror palestino es visto hoy en Washington como un fenómeno local, casi incipiente y muy alejado del centro de mira de las armas estadounidenses.

Mientras,
los israelíes observan absortos como Arafat, en una maniobra casi mágica, logra colocarse en el centro del grupo de «los buenos» en el presente conflicto.

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