1 de agosto 2001 - 00:00

Respetemos la verdad

Una vez más, tenemos que leer en diario «Clarín», afirmaciones alejadas de la realidad. Debo interpretar esta conducta como una costumbre asumida para desacreditar todas las acciones de mi gobierno, aunque para ello deba recurrirse a la mentira.

Esta vez, al referirse a los bonos provinciales emitidos y a emitirse por las provincias (diario «Clarín» 29-07-2001, pág. 19) afirman: «Los riojanos ya conocieron bonos cuando los hoy detenidos Carlos Menem y Antonio Erman González gobernaban la provincia y sus finanzas. El esquema terminó mal aquella vez: con crisis y cierre del Banco Provincial». Tamaña afirmación falsa, nos obliga a la siguiente aclaración: La provincia de La Rioja emitió los Bonos de Cancelación de Deuda -BOCADE-como medio de pago, o el equivalente a una moneda provincial, si así se la quiere catalogar, pero con total convertibilidad, ya que el Banco de La Rioja canjeaba los mismos a su valor nominal, sin descuento alguno, a todos los tenedores que quisieran convertirlos en australes, la moneda oficial de ese momento. Esa «magia» funcionó por la simple razón que la emisión de esos bonos estaba respaldada íntegramente por los australes depositados por el Estado provincial en sus cuentas corrientes del Banco de La Rioja. La «retención» y «circulación» entre el público de esos bonos, permitieron al gobierno reducir el «encaje técnico» desde 100% al inicio de las operaciones, hasta 30% en tan sólo cuatro meses, porque los mismos habían ganado la confianza necesaria entre el público, los comerciantes y todas las entidades que manejaban moneda. Al vencimiento establecido en la ley de creación, la provincia ordenó el retiro de circulación de los bonos, convirtiéndolos en moneda de curso legal, sin pérdida alguna para los tenedores.

Por lo tanto, ni el banco se «perjudicó» como afirma el diario citado, ni fue la causa de su cierre, ya que la entidad siguió funcionando normalmente por ese entonces y hasta bien entrada la década de los '90.

Los beneficios de la operación fueron múltiples. Pero señalamos en primer término que con este procedimiento compensamos a la provincia por el «impuesto inflacionario» que no coparticipaba el gobierno nacional con sus continuas emisiones monetarias. Por otra parte, ahorramos a la provincia millones de dólares que debía pagar al circuito financiero por préstamos siempre a corto plazo y poder atender al pago de sueldos y gastos del Estado. Esos acreedores fueron reemplazados «automáticamente» por el público que retenía y hacía circular los bonos. Entonces, si de algún perjuicio podemos hablar, no fue otro que la misma depreciación que sufrió el austral, algo que se hubiera producido en igual medida y no como consecuencia de una práctica del gobierno provincial.

Valga esta breve aclaración como la expresión de esos «dos detenidos» que seguirán aportando al país lo mejor de sí y confiando en una Justicia que no sea influenciada con falsedades.

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