Salarios deben subir si mejoran empresas

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Los salarios sólo deberían aumentar en la medida que las empresas recobren gradualmente actividad económica, a cuyos efectos se pueden resolver en forma unilateral o por medio de un convenio de empresa.

De hecho, eso es lo que está ocurriendo. Minería, frigoríficos, curtiembres, autopartistas, alimentos envasados, vitivinícolas y otras actividades, en la medida que exporten están recuperando su nivel de actividad normal. En general, las empresas actúan con cautela. Por ende, los aumentos que se están otorgando son préstamos (a restituir en cuotas, o compensables con una gratificación), anticipos a cuenta de futuros aumentos (con cláusula de absorción), y premios o incentivos para lograr ciertos objetivos predeterminados (una vez alcanzados los mismos).

Con ello, se previenen de cualquier sorpresa que pueda surgir del Estado, que bajo la presión sindical, hoy instalada en el seno del gobierno, podría inclusive disponer ajustes generales. Resulta claro que un aumento de salarios es imposible para las empresas en crisis, que se mantienen con suspensiones y reducciones de jornada y salario, situación en la que se encuentra la mayoría.

Es más, el Estado no cuenta con recursos genuinos para pagar salarios, y los está suplementando con emisión y bonos
. En cuanto a las eventuales alternativas, resulta claro que el aumento de los precios de los productos de primera necesidad empujará al gobierno a disponer alguna salida. En el cuadro se observan todas las alternativas posibles.

La primera es la de convocar al Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, cuyo monto hoy está ubicado en $ 200 para un mensualizado que preste 200 horas de trabajo, y que no se modifica desde 1991
. Su incremento obligará a las empresas a corregir con un suplemento lo que falta hasta alcanzar el nuevo valor, en actividades donde la retribución se encuentra en el mínimo de la escala. Recordemos que el aumento del SMVM no desplaza las categorías convencionales o contractuales. Sólo eleva el piso y obliga a pagar la diferencia para los que se localicen debajo del monto establecido. Estas modificaciones han tenido un efecto negativo dentro de las empresas, ya que el achatamiento de las categorías inferiores obligó -bajo presión sindical- a producir ajustes que preservaran las diferencias históricas entre los distintos niveles.

La segunda alternativa es disponer un aumento de suma fija, que beneficia a los ingresos más bajos
. Si esta suma es no remunerativa (se debería disponer por ley) no tiene cargas sociales ni incidencia en las prestaciones salariales. Si es en cambio remunerativa, se emplea como base de cálculo a todos sus efectos, y está alcanzada por las cargas sociales.

El Estado podría también disponer un aumento general calculado sobre los salarios básicos de los convenios, al estilo de
José Martínez de Hoz que a partir de 1976 gobernaba los salarios convencionales con aumentos por decreto (Ley 21.307). Este aumento no debería gravitar sobre dichos básicos ni los alteraría, para evitar que se produzcan efectos no deseados por aplicación de los adicionales convencionales. Con ello se evita el desgaste de la negociación convencional, pero se ajustan los salarios sin ninguna diferenciación, lo que condena a muchos a que no reciban nada, porque sencillamente las empresas no lo pueden dar. También condena a otros a pagar el aumento a pesar de no estar en condiciones económico-financieras para ello. Otra alternativa, la tercera -quizás la única aconsejada por el sentido común- es la de otorgar los aumentos por empresa, partiendo de aquellas que registren mejoras en los niveles de actividad con tendencia a la normalización. De hecho, esto ya está ocurriendo. Un último recurso, parecido al Decreto 815/2001 de Cavallo-De la Rúa, es la de otorgar un incremento en especie, para los trabajadores por debajo de un determinado nivel de salarios (por ejemplo debajo de $ 1.500) consistente en una canasta de productos de primera necesidad, con un valor cuyo tope podría oscilar en $ 300 (ver art. 105 bis LCT, 1er. y 2do. párrafos) o con una serie de productos mínimos que podría ser complementado por las empresas. En síntesis, dado la peculiar profundidad de la crisis, cualquier aumento que se disponga en forma general perjudicará a la mayoría que aún no tiene signos que revelen que comienza a salir de la depresiónrecesión.

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