Jornada difícil para Roberto Lavagna. En apariencia, lo invitaron a la Jefatura de Gabinete para asistir a la firma de un acuerdo con el Banco Mundial (el que comenzaría a regir si a su vez se consagra la negociación con el FMI). Ya estaba su segundo, Enrique Devoto, y, por consiguiente, no se requería su firma. Por lo tanto, había otra historia en el medio: Lavagna se acercó a Alfredo Atanasof para que éste lograra de Eduardo Duhalde una nueva confirmación de que continuaba como ministro de Economía. Encomienda fallida: el Presidente estaba con fiebre, no quería atender este tipo de minucias, sólo pensaba -si le bajaba la temperatura- en asistir a la casa de un vecino, en Banfield, a disfrutar de un asado y otros goces lúdicos. Para algunos, ese silencio era una señal.
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Inquietante para el ministro el silencio anoche de Duhalde, ya que durante la jornada habían circulado dos datos comprometedores: por un lado, al vice del Banco Central y siempre bien relacionado con los bancos, el ex senador Ricardo Branda, le atribuían haber deslizado que Lavagna iba a renunciar y, más importante, se recogía desde Washington la novedad de Aldo Pignanelli: «Hoy un grupo de técnicos me terminó de aprobar la propuesta para salir del 'corralito'. Esto confirma la venia de Anne Krueger y, por lo tanto, la semana próxima la comisión de los 4 notables del FMI en Buenos Aires avalará este proyecto». Hasta se supone que cuenta con algún tipo de respaldo material para su idea.
Si esto fuera así, triunfa la iniciativa de Pignanelli sobre el «corralito» (al cual, seguramente, asistió Mario Blejer) y cae la de Lavagna, quien no sólo cuestionó esa salida (por generadora de inflación, entre otras razones) sino que además advirtió que la resolución de los 4 notables del FMI no es vinculante y la Argentina no tiene por qué aceptarla. Ante esas dos alternativas, si persisten en su inflexibilidad las partes, debería decidir Duhalde sobre la que elige. Aunque no hay siquiera un guiño del mandatario, quienes lo secundan advierten: «Si todo es como dice Pignanelli, vamos a sostenerlo. Ese es el camino que seguiremos y confiamos en que nos siga acompañando Lavagna». Sugestiva declaración que abre un duro trance para el ministro, mientras Pignanelli -quien es su crítico desde que estaban juntos con Antonio Cafiero-probaría no sólo la autonomía del Banco Central sino también que políticamente es mucho más astuto.