2 de agosto 2005 - 00:00

También en Jujuy gobierno va por dentro y por fuera

Tierra de paradojas, Jujuy ofrece un panorama electoral que exagera ese juego de espejos que ya es la política nacional. El kirchnerista gobernador Eduardo Fellner lleva candidatos propios a senadores y diputados, pero un legislador del oficialismo va por fuera del PJ con el argumento de que él es más kirchnerista que todos. Con eso también en la provincia norteña el peronismo abre varias canastas para recibir votos y quedarse con más bancas. Esta provincia, recorrida esta vez por los periodistas del diario, tiene una aspiración no escrita, superar el trauma del caos institucional que la llevó a tener ocho gobernadores en diez años. Desde hace 22 el PJ administra ese distrito a pesar de tener el radicalismo más fuerte de todas las provincias del Norte, que ya acarició la gobernación -la perdió por 1.000 votos en 1999- y que también es actor principal en la elección que se viene.

Néstor Kirchner contó en 2003 con el respaldo clave del gobernador Eduardo Fellner. La UCR se mantiene competitiva, toda una rareza en el Norte. Se repite en Jujuy la constante de alto porcentaje de votos en blanco en legislativas.
Néstor Kirchner contó en 2003 con el respaldo clave del gobernador Eduardo Fellner. La UCR se mantiene competitiva, toda una rareza en el Norte. Se repite en Jujuy la constante de alto porcentaje de votos en blanco en legislativas.
San Salvador de Jujuy - En diciembre próximo, los justicialistas jujeños tienen motivos para festejar: cumplirán 22 años de gobierno ininterrumpido en esta provincia norteña, un verdadero logro propio y ajeno (de la oposición) en medio del caos político y las consecuencias sociales generadas.

Los peronistas de Jujuy llegaron a este récord a su modo. Antes de que el actual gobernador, Eduardo Fellner, ganara en 1999, sólo Carlos Snopek (1983-1989) había culminado su período constitucional. Si cada versión del peronismo es un mundo, el caso jujeño es un extremo lejano en ese universo. El mero recorrido por esos silenciosos caminos de la Quebrada o la Puna, paisajes opuestos a la selva de Las Yungas, con habitantes predominantemente de origen quechua y aimara, torna arbitrarias muchas de las categorías políticas pensadas en las grandes ciudades. ¿Qué queda de las batallas del peronismo bonaerense en las calles de Purmamarca?

El justicialismo jujeño no se parece hoy ni al de las provincias vecinas. Más allá de los matices, los Romero, los Menem, los Saadi o los Juárez tienen o han tenido hasta fecha reciente un papel casi totalizador en el PJ de cada distrito. Los apellidos del PJ de Jujuy para tener en cuenta son Snopek y Martiarena, pero aunque siguen presentes, hace rato que cedieron el dominio.

Desde que el cafierista Ricardo de Aparici renunció en 1990 ante una revuelta popular en el segundo año del gobierno de Carlos Menem, siete gobernadores pasaron hasta la asunción interina de Fellner en 1998, quien presidía entonces la Legislatura provincial.

El actual gobernador sucedió a Carlos Ferraro, quien dejó el cargo tras recibir tres denuncias penales por casos de corrupción, todo un clásico del peronismo jujeño de los '90.

Fellner
enfrentó en 1999 a la Alianza, que con la candidatura del radical Gerardo Morales se quedó en las puertas de la gobernación por poco más de mil votos. Es más, en el Comité Central de la UCR jujeña se escucha la leyenda de que esa elección fue ganada de la mano del aluvión de sufragios para De la Rúa-Alvarez, pero que un misterioso desbarranque de mulas que transportaban urnas desde el interior de la Puna a San Salvador, cambió inesperadamente el escrutinio.

Con los fantasmas del partido debilitados, Fellner se encontró en el gobierno ante la necesidad de darse alguna previsibilidad en el cargo e inventó una hegemonía, en lo que podría definirse como un estilo peronista levemente matizado
. Hacia afuera y tras la crisis, el gobernador jujeño pareció atarse a Eduardo Duhalde y siguió en ese camino hacia Néstor Kirchner, por quien al día de hoy terminó de decantar. De la mano del gobernador jujeño, el Presidente alcanzó en esta provincia un nivel de votos inusitado para el Norte. El PJ oficial lleva para octubre como primer candidato a senador a Guillermo Jenefes, quien va por la reelección, y a la diputada Liliana Fellner en segundo término. El primer candidato a diputados es el actual legislador Carlos Snopek (se eligen tres). Jenefes es dueño del único canal de aire local y de las dos radios de AM que se escuchan en la capital, a excepción de «Radio Nacional». El poder mediático compensaría las posturas políticas pasadas, que, según afirman todos en el PJ jujeño, no hacen del senador precisamente un hombre K.

El diputado kirchnerista de la primera hora (una rareza en Jujuy) Rubén Daza lanza un ensayo en estas elecciones con el variopinto frente Unión por Jujuy
. Daza dice que no soporta ni la ideología ni las reglas de juego del oficialismo provincial. Aunque la meta de su propia candidatura a senador es improbable, si consagra un diputado (sería Fernando Arnedo), es casi seguro que se anota para la competencia provincial en 2007.

Fellner agotó las reelecciones y ya están los justicialistas haciendo apuestas. Liliana Fellner (hermana), algún Snopek, Daza y Rubén Rivarola. Este último es otra pata mediática del oficialismo. Es candidato a diputado provincial y tiene parte del diario «El Tribuno» junto con los Romero de Salta. La versión de mínima dice que Rivarola tiene la empresa de recolección de basura de la capital y la de máxima asegura que maneja varias concesiones en la provincia, entre otros negocios.

Queda el papel de la Unión Cívica Radical que no se extinguió en Jujuy y conserva las intendencias de Monte Rico, Tilcara y El Carmen, entre otras. Este partido también tiene sus apellidos históricos, como el de Alejandro Nieva, quien intentará su casi segura reelección en Diputados, aunque está comandado por el senador Gerardo Morales, aspirante a otro mandato. Algo ocurre con la oposición (UCR; Movimiento Popular Jujeño de los Guzmán hasta los '90; y otros menores en los últimos años, como el Movimiento de Renovación Cívica) que no se convierte en gobierno ni siquiera cuando el oficialismo naufraga año tras año, como lo hizo el peronismo jujeño. Aunque sea, de Morales se escucha un discurso claro. Podrían ser sólo palabras de campaña, pero no es poco en un opositor radical.

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