- ámbito
- Portada Principal
Un país hostil al capitalismo
• Las limitaciones al derecho de propiedad. El Estado argentino está desarrollando un concepto vago de la propiedad. Tanto los flujos de ingresos como los activos existentes han sido gravados en diversas ocasiones con criterio retroactivo. Cuando ello sucede, con frecuencia es indicio de que el sistema jurídico convalida conductas oportunistas de expropiación. Del mismo modo, los contratos entre particulares, o entre particulares y el Estado, se han visto afectados en forma retroactiva. Ello es particularmente grave porque limita la posibilidad del cálculo económico (todo flujo debe ser descontado con una prima de riesgo correspondiente al eventual «cambio de régimen»). Más recientemente se ha desarrollado la idea de que la disposición de la propiedad de un activo está limitada por razones «de interés general», aun cuando se viole el derecho individual. El congelamiento de depósitos, la afectación de los fondos del sistema previsional y bancario para ser entregados a un deudor insolvente como el Estado (con lo que se viola el compromiso fiduciario con los individuos), la determinación arbitraria por el deudor de la tasa de interés bajo la amenaza de default, son todos indicios de que en nombre del «interés general», es decir del derecho que da el monopolio de la fuerza del Estado, puede justificarse hasta la confiscación de la propiedad. No es que no existan en la experiencia comparada límites al derecho de propiedad: el problema se presenta cuando el concepto es tan vago que genera la sensación de que la propiedad depende de la voluntad del príncipe. En ese escenario, la propiedad individual desaparece y se torna comunal.
• Destrucción de la tasa de ahorro. La Argentina tiene una baja tasa de ahorro doméstico, en razón del déficit (ahorro negativo) del sector público y un desarrollo tardío del mercado de capitales en el sector privado. El ahorro externo compensó en parte estas debilidades en la década del '90 y permitió financiar muy altas tasas de inversión y de crecimiento. Desde 2001, sin embargo, y por varios años más, con ahorro externo nulo o negativo y el sector público en desequilibrio, todo dependerá del ahorro privado. Sin embargo, sólo pueden esperarse caídas adicionales de ese ahorro, al desarmar el régimen de pensiones y destruir la confianza en el sistema financiero.
• Vivir con lo nuestro. La economía apunta por lo tanto a cerrarse en lo comercial, limitar la entrada de capitales y debilitar su moneda. Se trata del escenario preferido por los ex empresarios que abandonaron el barco durante el período de apertura y que procurarán hacerse de las rentas de monopolio en una economía más cerrada.
En una economía así, sólo valdrá la pena invertir (y traer capitales) si lo que se consigue es un monopolio con altas tasas de retorno. No es muy diferente al panorama que puede ofrecer un país petrolero de Medio Oriente, donde la falta de competitividad y las escasas garantías sobre la propiedad exigen muy altas tasas de retorno. Quizá todavía la Argentina pueda competir con alguna ventaja con países menores (en términos de su importancia económica) de América latina. Pero expulsar capitales, penalizar el ahorro doméstico y desconocer el derecho de propiedad tienen sus costos. En el futuro habrá que rehacer las cuentas del crecimiento potencial argentino. Ya no habrá el mismo impulso a la inversión y al crecimiento de la productividad factorial (TFP). La represión económica de hoy será responsable de un prolongado estancamiento. El Banco Mundial analizó a fines de los '80 diversas experiencias de reforma, y FIEL publicó en 1989 «Argentina: hacia una economía de mercado», que precisamente ilustraba sobre la secuencia y tiempos que se asociaban a la reforma y complementaba estudios previos como «El fracaso del estatismo» (1987).


Dejá tu comentario