Opiniones

Recalculando escenarios tras la devaluación

Las PASO fueron un balde de agua helada para los mercados. El dólar subió un 40%, el riesgo país se acerca a los 2000 puntos, y el valor promedio de las empresas argentinas que cotizan en bolsa cayó un 50%.

Un balde de agua helada. Así fue la sensación del domingo 11 a la noche por el resultado provisorio de las PASO, que, si bien son solo elecciones primarias, fueron interpretadas como una señal importante respecto de quien podría ganar en octubre.

Y la sorpresa viene dada no por el hecho que una fórmula no pueda recolectar votos, sino de la diferencia entre expectativa previa y resultado posterior cuyo efecto, hasta que no haya sedimentado y digerido por el mercado, genera una sobrerreacción.

El dólar subió un 40%, el riesgo país se acerca a los 2000 puntos, y el valor promedio de las empresas argentinas que cotizan en bolsa cayó un 50%. Datos que impactan por su magnitud, habiendo atraído la atención mundial (el especialista N. Taleb que analiza estos fenómenos se interesó en Twitter).

El efecto proviene de la siguiente interpretación. Primero de la sorpresa, y luego del ajuste al posible nuevo escenario (que significa acomodarse). Ese escenario muestra que la Argentina tiene fuertes compromisos de deuda en 2020, cercanos a los u$s 40 mil millones solo en vencimientos de capital, y u$s 12 mil millones de intereses (entre pesos y dólares), lo que requiere si o si de la asistencia externa, en especial de los mercados voluntarios. Se interpreta que un gobierno posiblemente menos amistoso con el mundo y con los mercados tenga problema en conseguir dicho financiamiento. Eso se refleja en el riesgo país.

La necesidad futura de dólares dispara la demanda presente, y el tipo de real de cambio multilateral (el precio relativo que muestra si el dólar esta caro o no) se dispara a niveles consistentes con miedo, no con variables económicas. El TRCM actual es significativamente más alto que el eventual de largo plazo, pero el problema es que el ajuste puede darse por una baja en el tipo de cambio nominal, o en su defecto, por una mayor inflación, con su consecuente efecto sobre los sueldos reales.

Finalmente, el efecto sobre el precio de las acciones. Recordemos que el precio de las acciones refleja el valor del derecho sobre las futuras ganancias de las empresas, y dicho precio crece fundamentalmente en base a dos componentes: crecimiento de la economía y riesgo. Desde 2011 que la economía argentina no crece, por lo que las subas que vimos son más bien explosiones esporádicas de optimismo, que se chocan de frente con realidades, lo que sumado al mayor riesgo terminan desinflando cualquier entusiasmo pasajero. En el caso argentino hay un tercer elemento dado por el tipo real de cambio, que con sus vaivenes también engaña creando subas artificiales luego desinfladas por el salto.

La reacción de los precios mencionados viene dada por la sorpresa y la necesidad de digerir el nuevo escenario. En ese enfoque, debe tenerse presente que el país tiene un acuerdo firmado con el FMI que se está cumpliendo, y lo más razonable es que se vaya a seguir cumpliendo, dadas las circunstancias. Este aspecto debería ser el mejor reaseguro, y contribuir a acomodar las variables aun con el cambio de escenario, aunque dos meses en Argentina son una eternidad.

(*) Director del Departamento de Finanzas de la Universidad del CEMA

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA

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