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Reclamos de vecinos no ceden contra el estadio de La Nación

SE PREVÉ QUE ALBERGARÁ "UN CENTENAR DE SHOWS AL AÑO" - Lo construye el diario de la familia Saguier en un predio que la Ciudad entregó a Atlanta en comodato y los habitantes de Villa Crespo advierten que "su funcionamiento traerá un sinfín de inconvenientes".

“El Luna Park ya no estará solo: Buenos Aires tendrá un nuevo estadio techado en Villa Crespo. Un Arena, como los que se levantan en las grandes ciudades del mundo”. En una nota publicada el 23 de marzo de 2018, así presentaba el diario La Nación “su Arena”, “un moderno centro de espectáculos artísticos y deportivos”. “Se prevé que albergue más de un centenar de shows por año. Tendrá una capacidad para 12.000 espectadores sentados, con la posibilidad de expandirse para alojar 16.000”, agregaba el artículo, que detallaba: “Para llevar adelante el emprendimiento, La Nación convocó a la compañía de entretenimientos más grande del mundo, AEG Worldwide”. La noticia del emprendimiento, que se lleva a cabo en un terreno que la Ciudad le entregó al club Atlanta en comodato por 40 años, lejos de alegrar a los vecinos de la zona, los inquietó. Desde entonces, se organizaron para llevar adelante una serie de medidas para que el nuevo estadio no impacte de manera negativa la apacible rutina del lugar.

“El movimiento de esta multitud de personas en un barrio tranquilo traerá aparejado un sinfín de inconvenientes que van desde el caos de circulación y estacionamiento hasta el cambio absoluto de la fisonomía barrial”, sostuvieron mediante un comunicado los “Vecinos Autoconvocados de Villa Crespo”. Después de solicitar reuniones durante más de diez meses, el 31 de enero fueron recibidos por Facundo Carrillo, secretario de Gestión Ciudadana del Gobierno de la Ciudad, quien se ofreció ser el interlocutor por parte del Estado. También se encontraron con un grupo de legisladores y con Gabriel Fuks, del área de Medio Ambiente y Seguridad de la Defensoría del Pueblo. “Nos dijeron que lo único que pueden hacer es seguir de cerca los requerimientos que pida la Agencia de Protección Ambiental (APRA) y controlar que eso se cumpla”, contó a este diario una de las vecinas, y agregó: “Pedimos que el estadio no se destine a espectáculos musicales. Que se destine a lo que dice la ley y el cartel de obra, que es a eventos deportivos. Que se hacen en otro horario, con otra asiduidad. La cantidad de público es distinta. Dejamos en claro que no es una lucha contra el club. Es contra el negocio privado del espectáculo”.

La obra avanza. Desde Juan B. Justo, a la altura de la calle Padilla, puede verse el perfil de una de las tribunas que se erige imponente: es, incluso, más alta que la platea del estadio de Atlanta sobre Humboldt. “Es un monstruo de 28 mil metros cuadrados que, además, le quita espacio permeable al suelo y puede producir inundaciones”, sostiene la vecina, quien grafica: “Por otro lado, ya cayó el precio de la vivienda”. Gustavo vive en un edificio frente al estadio en construcción. “Hace un tiempo quise vender mi departamento y busqué, a no muchas cuadras, otro que tuviera más o menos la misma antigüedad. Pero vinieron a tasarlo y había u$s30 mil de diferencia. Una pareja que vino a verlo llegó a la puerta y, cuando se enteró lo que se estaba construyendo, se fue sin siquiera subir. Me lo contó el encargado de la inmobiliaria”, señaló el vecino, quien también participó de varias de las reuniones. “Un legislador me dijo: ‘¿Te preocupan los ruidos molestos?’. Cada vez que miro por la ventana, veo las tribunas y da la sensación como que se viene encima”, acotó.

Silvio Schachter es arquitecto e investigador sobre políticas urbanas y asesora a los vecinos en su reclamo. “Los vecinos carecen de la información técnica correspondiente, no conocen los detalles de la construcción y no saben por qué la APRA lo consideró de ‘bajo impacto’ ambiental. El procedimiento está cargado de irregularidades, la aprobación del proyecto en la Legislatura no habla bien de la Legislatura”, contó Schachter, y agregó: “No es un microestadio, yo lo llamo estadio cubierto. Tiene una escala que supera a todos los estadios cubiertos de la Ciudad, en un entorno habitacional. Además, no va a tener estacionamiento. Los vecinos deben ser consultados por la envergadura, debe haber habido una doble audiencia. Se van a hacer cien espectáculos por año, casi tres eventos por semana. Decir que toda esa gente no va a causar ningún impacto en el barrio es absurdo. Lo mismo el agua, cuando llueva, el uso de las cloacas, los problemas energéticos”.

“Para llevar a cabo este tipo de proyectos hacen falta tres permisos: el de obra, el de salubridad y seguridad, y el permiso ambiental. El permiso ambiental lo otorga la Agencia de Protección Ambiental

y es la parte que cuestionamos judicialmente. Dicen que no tiene impacto ambiental grande, se lo denomina ‘impacto ambiental sin relevante efecto’. Le otorga el trámite menos pesado, que es el trámite que tendría la habilitación de un restaurante o de un kiosco”, analizó Jonatan Baldiviezo, presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad. Y agregó: “Lo que pedimos que ese permiso se declare ilegal. La diferencia es que en un proceso ambiental ‘con relevante efecto’, se tiene que hacer un estudio de impacto ambiental y convocar a una audiencia pública y definir si se otorga el certificado o plantear condicionamientos: por ejemplo, la construcción de estacionamientos o que se pueda hacer recitales pero sólo una vez al mes. Esto no se hizo y los vecinos ven que el impacto va a ser tremendo”.

Desde la Agencia de Protección Ambiental, en tanto, respondieron ante la consulta de este diario que “se evaluó la documentación presentada, y en función de lo declarado, se establecieron las condiciones que deberá cumplir el titular tanto para la etapa de obra como de funcionamiento, para prevenir y mitigar el impacto ambiental”. En cuanto a los motivos para encuadrar el estadio Arena de La Nación como “sin relevante efecto” ambiental, sostuvieron: “El Decreto N° 222/GCABA/12, establece que aquellas actividades que obtengan un puntaje total de los indicadores de valoración ambiental (IVA) igual o superior a 8,5 resultan categorizadas como de Impacto Ambiental Con Relevante efecto. En el proyecto en cuestión, al aprobarse la modificación de superficie y de titularidad, se concluyó que se obtuvo un puntaje de 6,5, a partir de lo declarado por el profesional interviniente y el Estudio de Impacto Ambiental pertinente. Es decir, no alcanzó el puntaje de 8,5 para ser considerado como Con Relevante Efecto Ambiental”.

“Al ser cubierto el lugar no genera el mismo efecto (en cuanto al ruido), como si hicieras un recital en una cancha de fútbol. Por otra parte, estamos por cerrar un acuerdo por tema estacionamiento. Además, la elevación de las vías del tren San Martín permite la posibilidad de tener doble acceso: por Humboldt y por Dorrego”, respondió a Ámbito Financiero Alejandro Korz, vicepresidente de Atlanta.

Historia

El predio donde se construye el “Buenos Aires Arena” de La Nación fue cedido a Atlanta en 2005. En 2012 se aprobó la ley que permitía la ampliación de la Sede Social del Club. En 2014, la firma Lugones Center S.A. comenzó a construir el “microestadio”, luego de recibir un préstamo de $100 millones del Banco Ciudad. En 2015, después de un derrumbe en la obra, la firma abandonó la construcción. El 28 de septiembre de 2017, la Legislatura porteña aprobó la Ley N°5874 por la cual el Gobierno le cede en comodato el terreno al club por 40 años (antes de esa modificación, era por 20): según la versión taquigráfica de esa sesión, “el predio (…) estará exento de la tasa retributiva del impuesto inmobiliario y de la tasa retributiva de los servicios de ABL, mantenimiento y conservaciones de sumideros”. Además, parte de esas tierras, “serán destinadas para la ampliación de la Sede Social e instalaciones deportivas del Club Atlético Atlanta, pudiendo el club construir y explotar un Miniestadio cultural y deportivo”.

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