Solución para regenerar y limpiar suelos contaminados

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Las raíces de la planta cannabis absorben metales contaminantes y los transforman en sustancias inocuas sin afectar su crecimiento.

Agricultores italianos de la zona de Taranto, en el sur del país, utilizan cáñamo industrial para recuperar la vida de las tierras intoxicadas por una de las fábricas de acero más importantes de Europa. Años atrás, territorios cercanos a Chernóbil también plantaron este tipo de planta, con baja cantidad de THC, para acabar con los materiales radioactivos de sus suelos.

En Italia

En el proyecto de Taranto se está cultivando Cannabis Sativa con niveles de THC muy bajos, que absorbe las toxinas y es legal por su baja psicoactividad. La asociación CanaPuglia que está difundiendo el cultivo de cannabis como vía para descontaminar los suelos de las granjas afectadas por la planta de acero, viene defendiendo el proyecto argumentando que las raíces de la planta del cannabis absorben una gran cantidad de compuestos tóxicos y son muy útiles para limpiar los suelos.

La planta de acero Ilva, fundada en 1905, causó un gran impacto medioambiental en la zona de Taranto. Los niveles de contaminación llegaron a provocar que en 2008 el Gobierno se viera forzado a sacrificar un grupo de ovejas por los altos niveles de toxinas que habían ingerido.

En España

Lo mismo sucedió en la zona de Palomares, en Almería, escenario de uno de los desastres medioambientales más graves sucedidos en España cuando, en 1966, cuatro bombas termonucleares cayeron sobre el municipio de Cuevas del Almanzora desde un bombardero B-52 estadounidense. Igual que en el caso de Chernóbil, en plena Guerra Fría, la aeronave que transportaba las bombas chocó contra un avión cisterna. Las consecuencias todavía están ahí: una contaminación nuclear desproporcionada en comparación con otras zonas de la región. Ahora la asociación Flecha Verde tiene una idea para cambiar las cosas: sembrar cannabis.

El funcionamiento es el siguiente: los vegetales sembrados descontaminan los suelos y depuran las aguas mediante la absorción de metales pesados o plaguicidas. Por ahora se trata de un proyecto piloto de una hectárea, apoyado por investigadores de las universidades de Almería, Granada y Barcelona, pero según sus impulsores tiene un potencial enorme.

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