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8 de octubre 2007 - 00:00

Argentinos en Nueva York, con “arte, arte, arte”, como dice la diva Minujín

Dicen en Nueva York que el arte argentino está de moda. El comentario se escuchaba en la Americas Society, durante el vernissage de la muestra «Beginning With A Bang! From Confrontation to Intimacy» (Comenzando con un estallido! De la confrontación a la intimidad), curada por Victoria Noorthoorn, que presenta obras de Marina De Caro, Ana Gallardo, Gachi Hasper, Roberto Jacoby, Fabio Kacero, Fernanda Laguna, Patricio Larrambebere, Eduardo Navarro, Lean-dro Tartaglia y Judi Werthein.

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Jacoby y Syd Krochmalny presentan «La castidad»,
Escribe Ana Martínez Quijano

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También en Nueva York, el Metropolitan Opera House acaba de inaugurar la estupenda GalleryMet con una muestra de Guillermo Kuitca, «Miedo escénico». El Museo de Arte de Chelsea reúne varias estrellas internacionales, y una de ellas es Manuel Esnoz. En la galería Phillipe de Pury se exhiben fotografías de Marcos López, y en Spanierman Modern presentan a la platense Marcela Cabutti y la misionera Mónica Millán con su «Picnic a orillas del Paraná». Además, la galería Grey de la Universidad de Nueva York inauguró «La geometría de la esperanza», con la Colección de Patricia Cisneros donde figuran Tomás Maldonado y Alfredo Hlito, y como disertantes en el seminario que enmarca la exhibición, están Liliana Porter y Cecilia Torres. Finalmente, en noviembre, Nueva York estrenará la prime-ra Feria de Arte Latinoamericano: Pinta, creada y dirigida por el argentino Diego Costa Peuser, que supo sumar a la gestión el influyente Mauro Herlitzka.
La exposición de la Americas Society da prueba del eclecticismo argentino, pero el acento está puesto en las relaciones humanas entendidas como objetos estéticos, que al igual que un cuadro o una escultura pueden escalar al status de obra de arte. ¿Qué fue si no esa fiesta que organizó Federico Peralta Ramos con el dinero que ganó en la beca Guggenheim, cuando en vez de pintar una comida «hizo» una comida? Esta y otras sorprendentes acciones de los sesentistas Alberto Greco, Marta Minujín, Pablo Suárez, Roberto Jacoby, Eduardo Costa y Raúl Escari, entre otros, figuran documentadas en imágenes. «Nuestro arte es tan complejo y contundente, que requiere un estudio que va más allá de las individualidades que se presentan en la muestra», señala la curadora.
Para demostrar la diversidad, contrapuso el caldero de los años 60 a la sensibilidad del arte actual, representada en gestos mínimos y mayormente efímeros. Los politizados y -en ocasiones-divertidos 60, con sus performances y happenings, no están presentes con las obras sino a través de una profusa documentación. Las obras que sí se exhiben son las de los contemporáneos, que participan de una vertiente «dulce» si se la coteja con los explosivos 60. Los artistas ya no aspiran a cambiar el mundo, sino a explorar mundos posibles, y éste es el secreto de una muestra que aborda la «política de la intimidad». «Ya no se confronta el sistema del arte como los de los años 60 sino que por el contrario, los artistas intentan 'construir' un sistema propio», observa Noorthoorn. Es decir, los artistas comenzaron a ocupar espacios de poder a los que nunca imaginaron que podían acceder, y llenaron como pudieron el vacío institucional creado por un estado ausente que siempre los ignoró. Salvo, claro está, en los casos de extrema necesidad, como las campañas electorales que a veces interrumpen la tradicional indiferencia de los funcionarios del área.

BELLEZA Y FELICIDAD
Si bien los proyectos utópicos nunca desaparecieron del todo, a fines y principios del nuevo siglo cobraron la forma de extensas redes de artistas decididos a procurarse lo que nadie les brindaba, a autogestionar sus estudios y becas, y la difusión y circulación de sus obras. Fernanda Laguna es un buen ejemplo. Creó Belleza y Felicidad, espacio donde posicionó el arte más allá de su valor económico o estético, como vehículo de una nueva ilusión. En plena crisis fundó «Eloísa cartonera», una editorial que vincula artistas, escritores y cartoneros y que curiosamente funciona muy bien. Para la muestra neoyorquina, escribió una carta que «no es una obra de arte», donde dice: «Yo sé que simplifica llamar obras a las acciones que realizo de casualidad en la vida. Pero para mí es necesario privarme de esa simplificación ya que si no perdería la magia que he conseguido como chica que va por la calle y se mete en una casita de cartón». Desde ese mismo lugar en el cual el arte se confunde con la vida, el sesentista Jacoby (que también figura en el núcleo histórico de la muestra) forjó el Proyecto Venus, un exitoso modelo de sociedad con el que ganó la beca Guggenheim. Ahora, Jacoby y Syd Krochmalny presentan una rareza, el video «La castidad», para plantear que «en tiempos de hipersexualización la casta amistad socrática resulta una provocación, un verdadero deleite de minorías». Gallardo muestra un video cargado de resonancias afectivas, y De Caro unos vestidos imposibles, que remiten al mundo del absurdo, aunque el ingrediente crucial es la ternura. Larrambebere vende «Tickets to the moon», Kacero trabaja el tema de la muerte y «fallece» de repente, Hasper muestra su editorial «Casa de edición de Páginas en cemento», Werthein un poético relato, Navarro documentos de «performers new age» y Tartaglia articula las palabras de los artistas y las suyas con los sonidos de Buenos Aires. Así, casi todo queda librado a la interpretación, corre por cuenta del espectador. Como dice Nicolás Bourriaud en «Estética relacional», texto fundamental para la comprensión de estos gestos surgidos en la década del 90: ya existe la historia de las obras de arte, «ahora queda por inventar una historia de los comportamientos artísticos». En suma, la muestra un arte que mayormente se desmaterializa tuvo un costo material de 80.000 dólares, y entre sus variados patrocinantes estuvo la Fundación arteBA. En la simpática comida que la presidenta del Council, Susan Segal brindó para los argentinos, estuvieron funcionarios, patrocinantes y artistas, para dar cuenta de unos ravioles de colores, como Alex Reynal, Silvia y Jorge Neuss, Marta Minujín, Amalia Fortabat, Alejandro Corres, Sergito Baur, Woods Statton, Magdalena y Alejandro Cordero, Jorge Taiana, Teresa Bulgheroni, Mauro Herlitzka, Diego Costa Peuser, Roberto Jacoby y José Bordón.

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