Caminando por ''la ciudad de las perpetuas rosas''

Secciones Especiales

Escribe Diego González Enviado especial

Un pequeño país de Centroamérica pero con una realidad política, económica, social y cultural que lo distinguen. Así es Guatemala, ese lugar que, pese a tener un pasado no muy lejano bastante turbio, ofrece varios recorridos únicos y hasta cuenta con un premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, candidata a presidenta para las próximas elecciones de setiembre. Este país, cuyo segundo motor económico es el turismo (el primero son las remesas que envían guatemaltecos del exterior), cuenta con dos atracciones que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (es más, es el único país que tiene dos). La primera, Tikal, es una de las ciudades mayas más importantes (si no la primera). La segunda, Antigua, parte de historia del país y de todo el continente, y sobre la que girará esta historia.

Construcción y restauración

«Pocos lugares en el mundo conservan tantos elementos, imágenes, calles y arquitectura del pasado como la Antigua Guatemala.» Así es como se presenta a la ciudad y no es pura publicidad. La ciudad de Antigua fue la capital de Guatemala y «Capital del Nuevo Mundo» para la corona española en Centroamérica desde 1543. Aún conserva rasgos de arquitectura renacentista y barroca del siglo XVI, distribuida en edificios y ruinas donde abundan las construcciones ligadas a lo religioso. Pero su estado actual es fruto de siglos de construcción y sobre todo de restauración.
Antigua se ubica en el Valle de Pamchoy a 40 kilómetros de la ciudad de Guatemala (actual capital del país), se accede por medio de una autopista y su recorrido ya nos adentra en un paisaje diferente. La ciudad está ubicada entre montañas y en el ascenso se observa una espesa vegetación húmeda con verdes intensos. Además, está rodeada por volcanes y asentada sobre tres placas tectónicas que sufren temblores. Pero tranquilos: los volcanes están inactivos y terremotos de gran escala no se registran desde hace décadas.
Esa es una de las explicaciones por lo que la ciudad fue removida tres veces hasta donde se encuentra hoy. Los desastres climáticos hicieron que sus pobladores se mudaran a zonas más seguras. En la segunda refundación estaban en la ladera del Volcán de Agua y cuenta la historia que un sismo en una madrugada de 1541 hizo desbordar el agua estancada en el cráter del volcán y un alud sepultó bajo lodo la ciudad. Desde ese entonces los habitantes se trasladaron hasta el Valle de Pamchoy.

Extravagante y original

«La ciudad de las perpetuas rosas», como se la conoce, ya que ésta es la flor que más crece en sus jardines (aunque no se haya visto ninguna por sus calles), ofrece para el visitante un sinnúmero de actividades. Los amantes de la arquitectura se puede recorrer los más de 30 monumentos y sitios de interés como iglesias, monasterios, conventos, plazas y museos.
La arquitectura colonial muestra una extravagancia original para su época. La Catedral de San José, frente a la plaza principal, es un testimonio de la permanente restauración de la ciudad. Una parte está habilitada para realizar celebraciones religiosas y la segunda, en la parte de atrás, está abierta al público y es donde se realizan todavía restauraciones.
Sobre la Catedral, no se sabe con exactitud la fecha del comienzo de su construcción ni cuándo se terminó. Este edificio marcó historia. Su arquitecto, José de Porres, introdujo la columna salomónica en la arquitectura guatemalteca. Su particularidad es que por su forma espiral añade la sensación de movimiento a las edificaciones. A esto se suman los acabados con estatuas de ángeles en tamaño real que custodian los techos, que en algún tiempo fueron abovedados, y que hoy son un espacio abierto al cielo.
Por los movimientos de la tierra, se necesitaron varias reconstrucciones que fueron erigidas conservando las ruinas anteriores. El edificio que hoy se puede visitar, data de 1680. Para su tiempo fue considerada como la obra más hermosa y lujosa de su tipo en Centroamérica.
Bajo la inmensa construcción se localizan criptas utilizadas para conservar los restos de fieles ilustres, que durante mucho tiempo eran confundidas con túneles de comunicación entre conventos.
Antigua es una ciudad religiosa por donde se la mire. En la actualidad son reconocidas sus celebraciones religiosas por Semana Santa. Según comentan los lugareños es la celebración por excelencia y sus preparativos llevan bastante tiempo. El camino por donde se realiza el Vía Crucis es adornado con pétalos de rosas. Hay que imaginar 14 estaciones, un recorrido de al menos un kilómetro, donde todo el suelo está vestido de rojo carmesí. A esto debe sumarse la caracterización y dramatización del raid cristiano. Un espectáculo imponente para quien disfrute del turismo religioso.
Otros lugares donde se puede apreciar arquitectura colonial son el Parque Central, la Vieja Plaza Real, el Palacio de los Capitanes Generales y el Palacio Municipal. Los museos albergan una gran colección de arte religioso, esculturas, muebles y murales que detallan la vida colonial.

Cuatro siglos atrás

Calles angostas con empedrados originales de 1600, veredas casi inexistentes y fachadas coloniales donde dominan el contraste de colores vivos, amarillo, colorado, bordó, marrón, entre otros, se repiten durante todo el recorrido por las callecitas de Antigua.
La ciudad podría decirse que es una torre de babel de lenguas por la cantidad de turistas que la visitan, en particular norteamericanos y europeos. Pero la realidad es que casi todos hablan en español. No es un dato menor, Antigua se ha convertido en uno de los lugares más populares de América latina donde se aprende nuestro idioma. Existen muchas escuelas de español y muchos extranjeros viven largos períodos para hacerse del español.
La Antigua Guatemala (su nombre oficial) cuenta con grandes y lujosos hoteles que se amoldaron a las características edilicias de la ciudad. Es decir, casas bajas, de dos plantas a lo sumo, rejas negras y contraste de color en sus fachadas. En forma de posadas se ofrecen servicios cinco estrellas, boutiques y gastronomía de primer nivel.

¿Hacemos trato?

«Usted quiere comprar y yo tengo ganas de vender, entonces, ¿hacemos trato?» La frase pertenece a una niña de unos 10 años de tez mate, cabellos color azabache, ojos rasgados de un negro intenso y mirada enternecedora. Es una vendedora hábil y está en unos de los tantos puestos ambulantes a unas cuadras de la plaza principal. Junto con su madre, ambas vestidas con ropas tradicionales, bajan de las zonas alejadas en buscan de su sustento vendiendo artesanías.
En la ciudad hay tres tipos de lugares donde uno puede llevarse recuerdos de su visita. El Mercado de Artesanías, que en algún momento habrá sido una casona antigua con dos patios interiores, con fuentes de agua y locales bien montados.
Un mercado alternativo, afuera del recién nombrado con puestos al estilo feria y, por último, a un par de cuadras del centro, en las veredas o calles están en el suelo los vendedores ambulantes, como la niña que me encaró y me convenció de comprar.
El regateo es moneda corriente y se pueden conseguir rebajas de hasta 60 por ciento, quizá por eso al final «hicimos trato».
Cerca de la plaza hay tiendas especializadas con un arte y acabado exquisito para las prendas y piezas elaboradas. En todos los lugares se ofrece una diferente variedad de arte popular guatemalteco en distintas formas como; piedra, oro, madera, cera, vidrio, plata, jade y textiles.
Pero la diferencia radica en que en el mercado oficial se puede encontrar toda clase de artículos procedentes de todo el país. Y en los puestos ambulantes hay arte hecho a mano y a máquina único en Guatemala.
Los volcanes que la rodean pueden ser visitados, pero requieren una excursión de otro día. La visita a la antigua capital, su historia, colores, sabores y calidad humana de los habitantes sirven para cerrar una buena jornada y tener ganas de más. Es así que «hago un trato» conmigo mismo y anoto en mi agenda una palabra: volver.

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