Cumplidos doce días de la asunción presidencial, un tsunami parece estar atravesando el esquema político, y provoca cambios, pases y saltos de garrocha que aún no terminan. Sin completar siquiera el Gabinete, ahora nuevamente de 21 ministerios, la administración Fernández parece tener bien claro que, por un lado, no habrá “luna de miel”, y por otro, que lo que no haga mientras todavía los partidos y la sociedad están haciendo evaluaciones, no lo va a poder hacer después. Diferencia notable (una más) con el esquema de Macri-Peña-Durán Barba. Por supuesto que el epicentro de la semana, considerada como la última completa del año (en la actual están los feriados de Navidad y en la próxima el 31 de diciembre), se situó en un muy vallado Congreso, donde convergieron representantes de movimientos sociales, y donde terminó aprobándose la mega ley de Emergencia que dejó varios heridos (algunos por las desprolijidades y la premura), y donde Cristina Fernández de Kirchner estrenó su nuevo cargo de titular del Senado como vicepresidente de la Nación (aunque ella insiste en que la llamen “vicepresidenta”, con “a”). Mientras, lejos de Buenos Aires, comenzaron las protestas, en especial del sector agroindustrial, al que muchas de las medidas le pegan de lleno. Igual hubo muchas reuniones fuera del Gobierno y de los funcionarios de turno, desde la despedida del ciclo ´19 del Estudio Broda en la UCema, pasando por la Gala Aniversario de ALPI en el Teatro Colón; un glamoroso asado de la gente de Aberdeen Angus en el restorán Terrazas de La Rural que regentean los Petersen; el multitudinario congreso de finanzas que el Banco Ciudad con la Di Tella organizaron en el Four Seasons, con inédita cantidad de economistas, o un discreto desayuno en el Club Alemán donde también estrenó cargo Patricia Bullrich como presidente del PRO, acompañada con Miguel Angel Pichetto (aparentemente ya asimilado al espacio), y el ex ministro Ricardo López Murphy, quien parece estar terminando su “sabático” de silencio. Veamos los principales comentarios, y rumores:
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Charlas de quincho
Gala imperdible de ALPI en el Teatro Colon siempre animada por su jefa, Teresa Gonzalez Fernández. Hubo dúo de nuevos ministros que llegaron hasta allí (logro de la insistencia de la “Colorada”) con Felipe Solá y Ginés González García. Todos se quedaron a escuchar arias de la ópera bufa “Don Pasquale”, de Gaetano Donizetti. Al final hubo champagne y bocaditos y se armó allí, en el Salón Dorado, casi una cumbre de economistas y hombres del mercado imprescindible. Miguel Pesce, con su esposa Marcela, se acercaron a un rincon en el que también se despachaba con tranquilidad Ricardo López Murphy. A pesar de las diferencias de criterio el ambiente era de una civilización absoluta. Daniel Pellegrina pasó por allí, pero tuvo que retirarse antes y dejó como embajadora a su esposa Catalina, infaltable cada año. No era para menos: el tema de la noche (sin Solá de por medio, ya que aunque sea especialista ahora gira en modo canciller) era el impacto de las nuevas retenciones a las exportaciones del agro que la semana pasada estaban en marcha y entre viernes y sábado terminaron de convertirse en ley en el Senado. Adelmo Gabbi también fue uno de los mas consultados, En medio de todo ese movimiento pasó a saludar María Victoria Alcaraz, la directora general del Colón que, como recordó González Fernández en sus agradecimientos en el escenario antes de que comenzara la gala lírica, este año fue condercorada en Moscú por Vladímir Putin. Alcaraz estaba feliz porque en estos días tambien se puede ver en el Colón una exquisita puesta en escena de “El Lago de los Cisnes”. La economía entonces se convirtió en el centro de charlas en ese ágape y, curiosamente, sin guerra de argumentos entre los presentes, una suerte de paz temporal que se pudo vivir en el Colón en medio del tembladeral.
La decisión de Alberto Fernández de enviar un proyecto de revisión de los regímenes jubilatorios especiales es, por ahora, una estrategia para ganar tiempo. Habrá que ver en lo inmediato cómo avanza técnicamente. Así la reforma de los ‘90 que estableció un cambio integral con las AFJP no logró modificar el régimen judicial, ni el diplomático. La excusa es que mantienen una caja propia. Es decir, están excluidos de la solidaridad del sistema que es compulsiva para el resto y no es transparente si en ningún caso se requieren aportes estatales. Pero hay otras situación paradójica. Como la incorporación de dos millones de beneficiarios sin aportes que tuvo una primera ventaja con el macrismo que fue ser incorporados a la reparación histórica. Una situación escandalosa fue la decisión de conceder en silencio el beneficio de expresidente a los casos de aquellos no elegidos por el pueblo como Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Camaño. Así también Rodríguez Saá y Julio Cobos suman a sus dietas de legisladores el beneficio jubilatorio. En el mismo sentido deben interpretarse las declaraciones del Presidente sobre el pago de ganancias por parte de jueces, luego se extendió a los fiscales, luego a empleados, al Consejo de la Magistratura y demás empleados del mismo. Una buena idea sería solicitar los servicios de Osvaldo Giordano, funcionario del Gobierno cordobés y uno de los expertos del tema más importante de la órbita peronista que estudió a fondo como avanzar con una racionalización de todas estas diferencias dentro de nuestro sistema jubilatorio, característica que por otra parte no es monopólica de la Argentina, Si no, pregúntenle a Emmanuel Macron que tiene a Francia incendiada, en parte porque quiere unificar regímenes jubilatorios. Hay otras inequidades que el Gobierno deberá enfrentar en breve. No sólo los judiciales tienen el privilegio de no pagar Ganancias. En diferentes organismos, como la Sigen, se decidió que el impuesto a las ganancias se descuente como suma fija de $4 mil y el resto a pagar salga del presupuesto del organismo. La AGN algo de eso sabe también con adicionales que se fueron sumando hasta duplicar con los años las remuneraciones de su colegio de auditores muy lejos del sueldo equivalente a secretario administrativo del Senado, monto con el que se referenciaban. Ardua tarea le espera a Santiago Cafiero si está dispuesto a relevar todas las inconsistencias del Estado argentino y cualquier cosa se puede conseguir los teléfonos de Horacio Liendo o el Chango Díaz que bien pueden asesorar en el tema. Una incógnita que giró en varias de esas conversaciones. En momentos en que el gobierno de Axel Kicillof define las segundas y terceras líneas de sus funcionarios, hay un caso que llama la atención y que tiene lugar en la estructura del directorio de Aguas Bonaerenses SA, operadora de agua y saneamiento de la provincia de Buenos Aires. Se trata de Matías García, embargado por el Tribunal de Cuentas de la provincia, pero nunca citado en la causa. En su momento negoció con el gobierno de María Eugenia Vidal, a cambio de quedarse como director en ABSA. García ya ocupaba ese lugar en la gestión de Daniel Scioli, durante la presidencia de Guillermo Scarcella. Por estas horas García concentra sus esfuerzos en hacer lo imposible para que sea nuevamente confirmado como director de ABSA, pensando que el nuevo gobernador no prestará atención a su recorrido reciente.
Mucha cautela entre los dirigentes agroindustriales que enfrentan un interior que ya encaró protestas del tipo “cese de comercialización”, y volanteadas a los costados de varias rutas (9, 14, Túnel Subfluvial, etc.). Sin que se esperen respuestas favorables de parte del Gobierno, y más malhumorado aún por las concesiones a jubilaciones de privilegio y a mineras a las que les “bajaron” las retenciones, la dirigencia nacional se encuentra en un nuevo brete, y aunque la Mesa de Enlace luce aparentemente “unida”, y así se presentará ante el presidente Alberto Fernández que los convocó para esta semana, la realidad parece bastante distinta. Es que la “voracidad” de uno de los miembros (que ya habría obtenido la promesa de un organismo descentralizado y fondos de programas internacionales), estaría poniendo en riesgo toda la relación del campo que intenta ser dialoguista con el Gobierno, pero que ya está siendo desafiada por los productores. Vale decir, sin embargo, que con independencia de la postura nacional de los dirigentes de Federación Agraria, Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas y la Sociedad Rural, fuera de los alrededores de la Casa de Gobierno, todos se unifican bajo el paraguas de los reclamos que pueden ser crecientes a medida que se conozcan más detalles de la ley y, además, porque la propuesta del Ejecutivo de “segmentar” a favor de los pequeños y medianos, no solo sería discriminatoria, sino, especialmente inaplicable, como ya ocurrió en otro momento con la promesa de compensación a los fletes más alejados, que solo se cobró en muy bajo porcentaje. De ahí que algunos sostengan que “la estrategia de Alberto de dividir a la Mesa de Enlace (con una propuesta en favor de unos en detrimento de otros) no va a resultar. Los productores acosados por la caída de la rentabilidad y el mal clima, van a marchar juntos, no importa de que entidad sean, y también con los autoconvocados, como en 2008”, señalaba un productor de la Pampa Húmeda, en el asado de fin de año de Aberdeen Angus, mientras otro comentaba sobre los u$s100.000 millones anuales que exportan los Países Bajos en alimentos (solo superados por EE.UU.), y con subsidios en lugar de retenciones. “Y no están, justamente, entre los primarios”, ironizaba otro, por la primarización de la producción que le endilgan al sector agroindustrial argentino. Mucho más divertido, el comentario de otro de los presentes sobre las “selfies” con Moria Casán que habría logrado el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, en un canal de televisión de Palermo Hollywood.
En un verdadero cónclave de economistas se convirtió la Conferencia Internacional de Economía y Finanzas CIEF 2019 en el Four Seasons. “Argentina tenía más de 8 millones de empleos en 2015 y ahora apenas arañamos los 7 millones”, decía una asistente ante la mirada atenta de Javier Ortiz Batalla, todavía presidente del Ciudad, y Guillermo Calvo, mientras Miguel Kiguel, Daniel Marx y Eduardo Levy Yeyati seguían discutiendo la reducción de la inflación y la reestructuración de la deuda pública, como los desafíos que hoy presenta la Argentina para recuperar el crecimiento. Kiguel, a su vez, recalcó que “Argentina no tiene un problema de solvencia”, y precisó que “la deuda neta se ubicará en torno a u$s212.000 millones en 2019, es decir, equivalente a 50% del Producto Bruto Interno (PBI)”. Este mismo porcentaje también es el de la inflación que, dijeron, se mantendría durante el próximo año.
En otro corrillo Pablo Guidotti, el exministro Roque Fernández y Pablo Leme, pulseaban por reactivar el consumo, o la producción como salida de la crisis, aunque esto fue antes de que se votara la Emergencia en el Congreso que definió los tantos en favor del primero. Y, aunque no hubieran estado tan ensimismado, difícilmente hubieran podido reconocer a primera vista, a otro ex, Martín Lusteau que con cabello super corto, camisa desabrochada y mochila colgando, se paseó por los salones y por la terraza del cóctel posterior, casi como un turista, aunque por su acuerdo con Horacio Rodríguez Larreta, ya colocó al frente del Ciudad a Guillermo ‘Colorado’ Laje, aunque el desembarco final será recién en febrero, marzo...
Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte, de esos que nos piden nuestros lectores.
Dos amigos salen a jugar al golf, como todos los sábados, y en un momento se les suma un tercero, que les pregunta si puede unírseles al juego. Ellos se miran, se encogen de hombros, y le dicen que sí, que no hay problema. Después de jugar una media hora, los jugadores le preguntan al recién llegado a qué se dedica.
--Soy sicario --les responde.
Los amigos se ríen pero el hombre continúa, seriamente.
--Es cierto lo que les digo. Fíjense en mi bolsa de golf, allí llevo a todas parte mi arma.
Asombrados, los otros examinan la bolsa y descubren un rifle con mira telescópica. Uno de ellos lo saca y se pone a mirar a través de la lente.
--¡Qué bien se ve mi casa desde acá! --exclama--. Allí veo a mi mujer... oh... está desnuda... y... ¡también está mi vecino, desnudo!
El descubrimiento lo pone furioso y violento, y entonces pregunta al sicario:
--¿Cuánto cobra usted?
--Mil dólares por disparo --responde tranquilamente el asesino.
--¡Muy bien! --dice el hombre--. Pero no los mate. A mi mujer dispárele en la boca, porque siempre me está insultando. Y a él dispárele en el pene, para que deje de hacerse el galán para siempre.
El sicario toma entonces el arma y se pone a mirar a través de la lente. Al cabo de unos minutos de demora, el marido engañado exclama ansiosamente:
--¿Y? ¿Para cuándo?
--Espere, espere... que estoy por hacerle ahorrar mil dólares.







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