Alberto Fernández brindó su primer discurso como rpesidente en el marco de apertura de sesiones ordinarias.
Foto: Noticias Argentinas
Fin de semana muy caluroso y fuertemente politizado, tanto en Argentina como en Uruguay, con la puesta en marcha ahora del año “real”, y mucha gente ya de vuelta por el reinicio de las clases. Hubo quinchos varios alentados por las muy altas temperaturas, y también almuerzos diplomáticos y hasta algún desayuno en esquina emblemática de Recoleta, donde comienzan a reaparecer políticos, hoy oficialistas, de otros tiempos. La atención central del Gobierno estuvo en el Congreso, con algunos detalles que dejó la Asamblea Legislativa y el mensaje presidencial que servirán en breve para analizar lo que viene en el país. En el interior siguieron las asambleas y el estado de alerta del campo a la espera de una definición que caería justo pocos días antes del 12º aniversario de la famosa Resolución 125, el próximo 11 de marzo.
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El coronavirus tomó todas las charlas del fin de semana, inclusive las más políticas y reflexivas. No es para menos. El temor, más allá de lo sanitario y el eventual peligro de vida, viene por lo económico. El Gobierno calla y evita hablar de este costado también peligrosísimo de la crisis mundial por el virus. En términos económicos violentos se considera que el daño que puede producir en la generación de hambre en el mundo por la caída en la actividad económica que se está registrando puede ser doblemente devastador. Alberto Fernández no hizo mención alguna al Coronavirus en su mensaje ante la Asamblea Legislativa. Siguió en esto la línea de Ginés González García, que desde el principio de esa crisis busca sembrar tranquilidad y la idea de que el Covid n19 tiene pocas chances de convertirse en una epidemia en Argentina. Los exportadores de carnes, los importadores y las empresas que necesitan comprar insumos en el exterior no opinan lo mismo y ya ven cómo las cadenas de aprovisionamiento se están cortando. Un empresario se quejaba amargamente el fin de semana: “Lo peor es que cuando esto termine la demanda de insumos retrasada por el virus en Europa y Estados Unidos va a hacer que los flujos de mercaderías chinas vayan hacia allí. Los emergentes vamos a tener que esperar y eso va a demorar más la recuperación”.
Por supuesto que los temas centrales de este fin de semana pasaron por el inicio de las Sesiones Ordinarias del Congreso que implicó, además, un discurso del presidente Alberto Fernández, que era considerado estratégico sobre lo que puede ocurrir en materia de política y economía en las próximas semanas, y por el estado de alerta del campo con asambleascomo la que tuvo lugar ayer en la Ruta 9, cerca de Baradero, Zárate y San Pedro, a la espera de una definición sobre movimiento de algunas retenciones (que ya estaría adoptado por el Gobierno), que se dilató la semana pasada cuando hasta se habían cerrado los registros de exportación, luego se dio marcha atrás parcialmente con esta medida, y nadie explicó el porqué. Las especulaciones estuvieron a la orden del día, desde eventuales cambios sobre lo ya decidido, hasta el “favor” de no provocar una escalada en la protesta del campo justo cuando se lleva a cabo una de las muestras agropecuarias más mediática del año, que puede ser un fracaso si los productores no concurren, o la boicotean. En medio, los menos extremistas, que hablan de una fuerte pulsada entre el Gobierno, que no quiere conflictos en la calle, y los dirigentes rurales, que no pueden garantizar la contención de la gente del interior. En todo caso, las versiones sostienen que el “piso” del Gobierno es la suba de los famosos 3 puntos (de 30 a 33) en las retenciones del complejo sojero, “siempre y cuando” la dirigencia garantice que no habrá medidas de protesta, caso contrario, la suba se podría aplicar también al maíz, al trigo y a la carne, aunque para calmar a algunos gobernadores de provincias más chicas, podrían disminuir algún punto a productos de menor volumen de exportaciones, como miel, maní, frutas, etc., por un monto que no llegaría a los u$s100 millones. Las diferencias entre los dirigentes nacionales tampoco ayudan, ya que fluctúan entre un oficialismo “exagerado” que le endilgan a alguno de ellos, hasta el hecho de no querer afrontar el costo político de aparecer como los primeros a hacerle una protesta formal a este Gobierno.
“La suba de las retenciones va totalmente en contra del discurso presidencial que sigue insistiendo en la importancia de aumentar las exportaciones argentinas”, señalaba en La Biela un reconocido analista de comercio exterior que comentó un hecho poco conocido, como sería el cambio del nombre del Sistema María por Malvinas. Por supuesto que el desayuno fue mucho más rico que ese mero dato. Por ejemplo, se preguntó en la mesa quién es el principal productor y exportador de maní del país, que ahora se vería favorecido si este producto es beneficiado por una baja en el impuesto a la exportación. La incógnita quedó flotando en el ambiente, mientras algunos espiaban las mesas cercanas. En una, por ejemplo, estaba el cordobés Humberto Roggero, buen conocedor de las lides justicialistas del Congreso, sobre todo en la Cámara baja. En otra, un grupo nutrido rodeaba a la corresponsal española Carmen De Carlo que, según parece, se está nacionalizando argentina.
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Ñoquis del 29 en la casa de un veterano embajador cerca de la Cancillería con varias presencias de juristas, y donde se habló mucho del escándalo alrededor de algunas estrategias en el Congreso para lograr la aprobación de leyes, y que esta semana pasada causaron revuelo con la oposición por la presencia del nombrado embajador en Itamaraty, Daniel Scioli, en el recinto. “El tema no es nuevo. Ya lo había hecho Justo con José Arce, al que hizo volver de Chile para asegurarse una votación”. O el caso de Duhalde y Alfonsín”, decía el que llevaba la voz cantante, sin olvidar que también puede haber habido otros votos “sospechados”, como los de quienes dieron quorum, pero no se quedaron al debate. Lo cierto es que toda la polémica sobre el voto de Daniel Scioli en la ley que modifica los regímenes jubilatorios de jueces y diplomáticos parece que tendrá vuelo corto en la Justicia. Scioli tiene acuerdo del Senado pero aún le restaban (movida que quizás fue estratégicamente diseñada por el Gobierno) dos pasos para ser embajador con todas las palabras: el decreto presidencial y que el recinto de Diputados le apruebe la renuncia a su banca. Mientras no se den esos pasos, podrá mantenerse en el Congreso como lo hizo ayer, casi en ritmo de desafío, durante la Asamblea Legislativa. Distinto es el análisis que podría corresponder a la prohibición constitucional de que los representantes del pueblo actúen en comisión directa del Poder Ejecutivo, algo prohibido de cuajo. En la multifacética charla se deslizó un dato llamativo indicando que cuando se produjo el embargo de la Fragata Libertad, su recuperación se pudo lograr, gracias a la jurisprudencia inglesa, ya que la argentina no defiende hasta ese punto, los bienes del país. Pero lógicamente, la asunción del presidente Luis Lacalle Pou en Montevideo se llevó buena parte de la conversación, entre otras cosas, por las diferencias con Argentina. Un hecho que llamó allá poderosamente la atención entre los argentinos que aún están por las costas orientales fue, por ejemplo, la gran movida a caballo que convergió sobre la capital para asistir a la asunción del presidente que, es evidente, cuenta con buena respuesta del interior del país; contrariamente, en Argentina el interior está en alerta y prometen nuevas asambleas para esta semana, mientras presionan también a sus propios dirigentes, a los que les “exigen” cambios en el proceder, y evaluar una rebelión fiscal con paro de comercialización, según surgió ayer de San Pedro.
Vamos a terminar con un chiste de la línea suave, sutil.
Un hombre joven, bronceado, con físico deportivo, barba y cabello bien recortados, buena ropa y una excelente corbata importada con nudo corazón, entra en un bar y se sienta junto a una rubia despampanante. Se pide un martini, le echa una mirada a la mujer, y de inmediato se pone a observar fijamente su reloj.
-¿Le falló la cita? -pregunta con una sonrisa cómplice la rubia.
-No, para nada -responde con seguridad el hombre-. Es que acabo de comprar este reloj de última generación en una joyería, y lo estoy chequeando.
-¿Reloj de última generación? -pregunta ella-. ¿Y qué tiene de especial?
-Usa ondas alfa con las que se comunica telepáticamente conmigo -le explica.
Ella lo mira, algo extrañada.
-¿No me diga? ¿Y qué le dicen esas ondas en este momento?
-Me dicen... a ver... me dicen que usted no lleva ropa interior.
La rubia lanza una carcajada.
-Me parece que le vendieron un reloj defectuoso... Yo estoy usando ropa interior.
Entonces el hombre se lleva el reloj al oído, le da unos golpecitos, y luego dice:
-Ah, caramba, no lo ajusté. Me está adelantando una hora.
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