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El maestro del perceptismo y el nuevo arte del siglo XX

Los incipientes precedentes de la abstracción producidos por artistas argentinos no están próximos a sus búsquedas, ni a las de signar un espíritu de la época. Considerando el espacio rioplatense, sólo Torres García puede considerarse como un precedente.
En lugar de trabajar "manchando" una tela y siguiendo subjetivamente las sensaciones percibidas, los artistas concretos piensan paralelamente en la ciencia. No "crean", sino que «inventan» como el ingeniero. La obra no es así producto de un hacer intuitivo sino el fin de un "proyecto", una "invención".
Así nace el perceptismo en 1947, encabezado por Raúl Lozza, que fue un segmento de la Asociación Arte Concreto. "El perceptismo impone en el observador una actitud dinámica hacia la acción y exaltación de su propia facultad creativa, en nuevas condiciones para la visión y la emoción estética. Lo acompañan sus hermanos Rembrandt V.D. Lozza y Rafael O. Lozza.
Desde muy temprana edad, Raúl Lozza demostró su inclinación por la pintura, y expuso por primera vez a los 17 años. Presentó 49 óleos, y sus hermanos, obras al "claroscuro", pinturas y dibujos que en su mayoría reproducen obras maestras y algunas toman motivos del natural.
A los 19 años ya había dejado su tranquila ciudad natal, hoy sede de un museo con su nombre, y se había trasladado a Buenos Aires, en donde publicó sus primeros escritos teóricos y de imaginería.
Teniendo como actividad permanente la pintura, comienza su actividad literaria con la difusión de sus poesías y actos sacramentales, y estrenó una obra de teatro en Alberti.
Hasta 1936, con apenas 25 años, colaboró en diversos diarios y revistas y realizó dibujos sobre temas sociales y de protesta. A partir de dicho año se dedica a las corrientes renovadoras de las artes y en 1939 logra realizar sus primeros objetos espaciales. Su revolucionaria teoría, puesta de manifiesto en su revista "Perceptismo" y las discusiones sobre sus ponencias tienen un importante campo de acción en la revista «Arturo». La publicación del libro de Abraham Haber, en 1948, "Raúl Lozza y el perceptismo" y la primera exposición de su pintura en Galería Van Riel en octubre de 1949 contribuyó a percibir su nuevo "lenguaje plástico".
Es necesario destacar que las pinturas de Lozza están hechas para la pared, "para una determinada pared", dice Haber. Por motivos prácticos, en algún momento decidió que para exhibirlas en público en diferentes lugares, debía enmarcar "fragmentos de muro" con sus elementos pictóricos. Esto es importante comprenderlo para entender su búsqueda de una relación dialéctica entre pintura y ambiente.
Entre los cargos importantes que ha desempeñado en su vida figuran el de secretario y presidente de la Sociedad de Artistas Plásticos y el de la Federación de Entidades Afines, respectivamente.
Los premios más importantes de su actividad artística recibidos en Buenos Aires son :1971, Medalla de Oro de la Cámara de Diputados de la Nación; 1986, Distinción del Premio Fortabat; Premio a la Trayectoria, Asociación de Críticos de Arte; Premio Don Quijote y Sancho, Colectividad Española; 1991, Premio Palanza; 1992, Diploma al Mérito y Estatuilla de Platino, Konex; 1992, Premio Consagración Nacional, Secretaría de Cultura; 1997, Gran Premio de Honor, Premio Fortabat; 1998, Premio Leonardo a la Trayectoria, Museo Nacional de Bellas Artes; 2007, Premio a la Trayectoria, Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, entre otros. Como epílogo de una trayectoria en el arte de una poderosa riqueza creativa, en el concepto y el color, podemos reiterar sus propios principios: para Raúl Lozza el arte no es "ni buscar, ni encontrar, es inventar".


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