28 de diciembre 2007 - 00:00

El turismo extranjero se adueñó de Puerto Iguazú

Un emblema de la ciudad es el lugar que señala la confluencia de las «tres fronteras», las de la Argentina, Para-guay y Brasil.
Un emblema de la ciudad es el lugar que señala la confluencia de las «tres fronteras», las de la Argentina, Para- guay y Brasil.
Escribe Leandro Ferreyra Enviado especial

Una delegación colombiana viaja en camioneta con destino al circuito inferior de las cataratas del Iguazú; un grupo de ecuatorianos espera el tren que los llevará a la Garganta del Diablo; una pareja de australianos ignoran las recomendaciones de los guardaparques y coquetean con un coatí hambriento, que termina por robarles el almuerzo. Muy cerca, un italiano es condecorado por haber sido el visitante un millón en ingresar al Parque Nacional.
Mientras tanto, la pequeña ciudad de apenas 40 mil habitantes es testigo de cómo decenas de japoneses, latinoamericanos, norteamericanos y europeos hacen colapsar la plaza hotelera, relegando al turista argentino a un segundo plano. Todo -o casi todo-, la noche, los bares y restoranes, las discotecas, las calles, y cada rincón de Puerto Iguazú lleva un sello inconfundible: el del turismo internacional.
Puerto Iguazú no tiene secretos. Tal vez el único inconveniente que debe sortear quien decida visitarla, es la falta de vuelos, dado que tanto Aerolíneas Argentinas como LAN operan con frecuencias reducidas y además está en veremos si el Estado nacional autoriza a volar a la compañía Air Iguazú, empresa aérea propiedad de Crucero del Norte. Si bien la transportista ya anunció una importante inversión en la compra de aviones para operar la ruta Iguazú-Posadas-Buenos Aires, «las autoridades del gobierno nacional frenan la iniciativa en el fango de la burocracia», asegura ante cada micrófono el gobernador misionero Maurice Cross.
Una vez en la ciudad, el visitante, a diferencia de otros grandes centros turísticos, encuentra todas las facilidades al alcance de la mano sin tener que acudir a una oficina de informes, contratar un guía ni revisar un mapa. Tampoco se necesita alquilar un auto, ni contratar un remís para descubrir los encantos del lugar. Allí la atracción se concentra en dos polos bien diferenciados: el centro de la ciudad y el Parque Nacional Iguazú, aunque también se puede optar por un tour de compras en la vecina Ciudad del Este, en Paraguay (ver recuadro), o un recorrido por Foz de Iguazú, hoy recomendable más para extranjeros que para argentinos, por la diferencia cambiaria.

Ir del centro a las Cataratas

En la terminal de ómnibus hay colectivos de línea que llegan hasta la puerta del Parque Iguazú (del lado argentino o a Foz). Una vez que se paga la entrada no es necesario contratar un guía, ya que en el lugar hay gigantografías con mapas y senderos bien señalizados.
Lo ideal es empezar por conocer el centro, que se caracteriza por su encanto y por no tener problemas de inseguridad, algo que no sucede en Ciudad del Este, por ejemplo.
De la misma terminal del centro de Foz sale otro colectivo que tarda 15 minutos en acceder a las Cataratas del lado brasileño. Si bien es aconsejable conocer ambos contrastes de las Cataratas (cada uno tiene su encanto y su particularidad) es conveniente contratar las excursiones del lado argentino, principalmente «la gran aventura», que consiste en recorrer en bote el paisaje hasta detenerse casi debajo de los saltos más imponentes y quedar empapado. Es recomendable llevar un bolso con ropa para cambiarse luego de la travesía o bien ir en short de baño y remera. Desde el lado brasileño la excursión no sólo es más cara, sino que también es más riesgosa.

Más recorridos y recomendaciones

A la hora de hospedarse, la particularidad de Iguazú (cuenta con una gama de hoteles y lodges que van desde lujosos cinco estrellas a sencillos hostales) es que todos los emprendimientos son conscientes del auge e importancia del turismo para la región y hacen principal hincapié en la atención personalizada y los servicios. Detalle que diferencia al lugar de otros destinos de la Argentina.
Un dato que distingue a la ciudad de las Cataratas es su vida nocturna. Al igual que sucede en los grandes centros urbanos durante todo el año, o en los destinos turísticos durante la temporada estival, Puerto Iguazú tiene una agitada actividad por la noche los siete días de la semana, tanto en bares (algunos temáticos), restoranes, pubs y discotecas. A última hora de la tarde, cientos de turistas invaden las diagonales y cuadras triangulares, especialmente la zona donde confluyen las dos avenidas más importantes: Victoria Aguirre y Brasil. El abanico de propuestas gastronómicas incluye desde comidas regionales y étnicas hasta cocina internacional, que ya no es exclusiva de los mejores hoteles. La movida pasa por juntarse a cenar o a tomar algo y luego ir a bailar hasta el amanecer. Desde la esquina de Perito Moreno y Brasil, hasta Paraguay, un conjunto de bares ofrecen el «predancing». Los más bohemios eligen el reggae de Puerto Bambú, Resto Bar; Jackie Brown (en honor al film de Quentin Tarantino) propone chill out todos los jueves, viernes y sábados. Dos bares abarcan -unidos- toda la esquina de Brasil y Paraguay: Puerta del Sol y Electra. El «pre dancing» termina en la puerta de la disco «Cuba Libre», destino final de la mayoría de la gente. Si bien el local abre a las 22, sus tres pistas comienzan a llenarse después de las 2 de la madrugada. El ingreso hasta la medianoche es gratuito, después de esa hora la entrada cuesta 15 pesos. Para quienes prefieren obviar el baile, las alternativas son dos: probar suerte en el casino, o acostarse temprano. El día siguiente seguramente no dejará de depararles nuevas gratas sorpresas.

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