«Negra Matiné». Libro y dir.: V. Wainberg y D. Dreizik. Int.: V. Wainberg, D. Dreizik y artistas invitados. Escenografía y vestuario: Alejandra Fenochio. (Bar El Anexo Rivadavia 878.)
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A pesar de sus múltiples defectos, las películas de Isabel Sarli y Armando Bo siguen ocupando un lugar importante en la memoria popular. Esos guiones de melodrama erótico, a los que luego se sumaban increíbles fallas de montaje y un estilo de actuación involuntariamente cómico, se han convertido con el tiempo en una exquisita muestra de arte bizarro. Dentro de este nuevo status (capaz de transformar el defecto en virtud) la dupla Sarli-Bo logró despertar el entusiasmo de las generaciones más recientes, aquellas que ni llegaron a padecer los temibles tijeretazos de la censura. Isabel Sarli tiene asegurado un sitial como ícono de nuestra cultura y desde allí sigue inspirando homenajes de todo tipo. Esta exuberante Venus criolla, que supo enardecer a miles de adolescentes cuando todavía no existían las siliconas, es la figura elegida por Vanesa Weinberg y Damián Dreizik (ex integrante de Los Melli) para poder burlarse un poco de las imposturas de la ficción.
La película elegida es «Furia infernal», cuyo argumento resume cómodamente toda la filmografía de Armando Bo. Diálogos inverosímiles, mucho escenario natural y una protagonista a la que todo el mundo intenta violar. Vanesa Weinberg, de celebrada actuación en «Venecia», juega con simpatía y excelente manejo corporal su rol de vampiresa inocente. Su monólogo en la hamaca paraguaya, es uno de los mejores momentos de la obra. Dreizik, por su parte, encarna el doble rol de patrón de estancia y peón indio. En ambos casos, sus dotes histriónicas logran arrancar carcajadas del público y lo mismo sucede con el video del final, en donde aparece promocionando una supuesta marca de dulce de leche.
El espectáculo carece de pretensiones y está planteado como un mero divertimento, informal y desprolijo, que más que home-najear al equipo Sarli-Bo intenta repetir sin demasiada suerte las alocadas noches del Parakultural, plataforma de lanzamiento de excelentes cómicos y artistas, en la década del '80. «Negra Matiné» tiene a su favor la fresca comicidad de sus intérpretes, pero en cuanto a espectáculo no logra llevar a buen puerto su atractiva idea inicial, ya algo distorsionada por la inclusión de actores y músicos invitados.
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