30 de julio 2007 - 00:00

La modernidad en retrospectiva

Eduardo Sívori, retrato de Lucía Gasc Daireaux.
Eduardo Sívori, retrato de Lucía Gasc Daireaux.
Escribe Jimena Ferreiro Pella

En la sala más importante del Museo Nacional de Bellas Artes para exposiciones temporarias se exhibe «Primeros modernos en Buenos Aires 1876-1896», exposición curada por la historiadora del arte Laura Malosetti Costa, que presenta la trayectoria de aquellos artistas que fundaron el andamiaje institucional que permitió la consolidación del campo artístico de nuestro país, a la par que modelaban la imagen de la entonces joven nación.
La exposición es la expansión del libro «Los primeros modernos (2001)», publicado por el Fondo de Cultura Económica -imprescindible para la nueva historiografía del arte argentino-, donde Malosetti Costa reúne sus largas investigaciones sobre el período. El diálogo natural que se establece entre esta exposición y la colección de arte argentino que exhibe el museo -que vio modificada la ubicación tradicional de algunas de sus obras emblemáticas que ahora pueden verse en el «Pabellón», como «La lever de la bonne» («El despertar de la criada») de Eduardo Sívori (1887), «Reposo» de Eduardo Schiaffino (1890), «La vuelta del malón», de Angel Della Valle (1892) y «Sin pan y sin trabajo», de Ernesto de la Cárcova (1894)- se manifiesta expresamente en algunos de los textos que acompañan la muestra. Esta extensión ideal del recorrido permite poner en escena la trayectoria de aquellos artistas que fundaron en 1876 la Sociedad Estímulo de Bellas Artes y luego, de regreso del viaje «iniciático» por Europa, crearon el Museo, la Academia, e instalaron desde el Ateneo la realización periódica de exposiciones de arte en la ciudad.
La exposición activa nuevamente el horizonte discursivo de la época, donde las preocupaciones de la llamada «Generación del 80» -expresadas en el binomio «orden y progreso»- se articulan en la producción artística de sus protagonistas más destacados, entre los que se encuentran Eduardo Schiaffino, Eduardo Sívori, Angel Della Valle, Ernesto de la Cárcova, Graciano Mendilaharzu, Augusto Ballerini, Reynaldo Giudici, Severo Rodríguez Etchart, Lucio Correa Morales, Rogelio Yrurtia, entre otros. Este conjunto de artistas delinearon iniciativas y estrategias para promover la difusión y exhibición del arte en la ciudad, no sin resistencias del medio local. La polémica es un elemento fundamental en este recorrido histórico, que propone una visión en conjunto de las obras paradigmáticas de estos artistas, quienes compartieron un proyecto nacional y cosmopolita.

NUEVAS PRACTICAS

«Primeros modernos en Buenos Aires...» también explora las condiciones de producción, los proyectos creadores individuales y colectivos, las estrategias de circulación y los juicios de la crítica, que dieron como resultado la creación de nuevas prácticas, nuevas regulaciones y nuevas tradiciones que contornearon y dotaron de sentido un campo artístico en formación. Todo un universo complejo, fascinante y contradictorio, que da cuenta de las tensiones propias de un momento fundacional para el arte argentino. Lejos de la tendencia formalista y biografista que dominó las perspectivas más tradicionales, la curadora propone entender las obras como elementos dinamizadores de la cultura. Esta perspectiva teórica que vertebra su libro ha sido adaptada al nuevo dispositivo de la exposición por Tam Muro, quien estuvo a cargo de la museografía.
A partir de un cuidado diseño de sala que incorpora elementos escenográficos poco habituales en exposiciones en Buenos Aires, las obras han sido agrupadas en cinco ejes conceptuales que organizan el recorrido. En el comienzo de la muestra, «Academias y maestros» da cuenta de las diferentes instancias de formación, «El Salón de París» registra el momento del viaje a Europa y el vínculo con el canon vigente; «El Ateneo», al ser el principal órgano difusor de la modernidad estética en Buenos Aires, materializa el campo de batalla del debate estético; «El desnudo» expresa la tensión entre el modelo académico, los nuevos desarrollos plásticos y los gustos del coleccionismo local; y por último, «Trayectorias» reúne la producción posterior de algunos de los artistas de la muestra (Sívori, De la Cárcova, entro otros), mostrándolos «actuales», receptivos y en sintonía con las problemáticas de la época.
La selección de obras permite encontrarnos con algunas piezas verdaderamente excepcionales, como el único desnudo de Emilio Caraffa (1920), perteneciente a la colección del Museo Provincial Rosa Galisteo de Rodríguez, a la vez que enfatiza la importancia del dibujo como principio ineludible de una «buena pintura». El conjunto de bocetos y estudios que se exhibe con una modalidad muy «de salón», como los bocetos preparatorios que se muestran junto a la obra acabada, como es el caso de «Sin pan y sin trabajo» (1893-1894), de Ernesto de la Cárcova, «La mort d' un paysan» (1888), de Eduardo Sívori, «Après le bain» (1888), de Eduardo Schiaffino, permiten acceder a la instancia de reflexión de la práctica artística, al momento en que el artista define la marcha de su obra.
La comparación también nos permite descubrir las contramarchas en la factura final de una obra y vislumbrar, tal como lo señala Malosetti Costa en su análisis de «Sin pan y sin trabajo», que entre el boceto y la pintura existió una mediación por la cual De la Cárcova modificó el rumbo de la pintura por medio de la adición de una escena que se deja ver por detrás de la ventana, que determina la interpretación del tema: de ser un drama familiar naturalista que tematiza la pobreza urbana se convierte en una proclama por la represión de las huelgas obreras. Una curiosidad: también se exhiben la pequeña libreta de apuntes de Eduardo Sívori y un facsímil a tamaño real que podemos manipular sin mayores riesgos.
El efecto es completamente sorprendente. El dibujo nos devuelve el trazo de su pensamiento, el pulso de su duda, el espesor de su mirada. ¿Qué más decir? En vistas del Bicentenario, esta muestra nos permite «espiar» la factura de los grandes proyectos de nuestra modernidad, cuando el desconcierto parece haber ganado la partida.

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