11 de enero 2007 - 00:00

Las víctimas del sindicalismo ortodoxo

También la dirigencia sindical fue víctima de la violencia terrorista de uno y otro lado del arco ideológico. A los fines del presente trabajo, podemos decir que comenzó meses antes de entrar en la década del 70. Los principales hechos contra representantes sindicales de la «ortodoxia» peronista fueron:

Lunes 30 de junio de 1969. Asesinato de Augusto Timoteo Vandor (UOM). Conocido como «el Lobo», era señalado como uno de los dirigentes sindicales más lúcidos de su tiempo, con un fino sentido político. Antes de ser sindicalista fue suboficial de la Armada. Luego entró a Philips como matricero hasta escalar a la cúspide de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En diciembre de 1964 condujo el Operativo Retorno, la vuelta de Juan Domingo Perón a la Argentina, impedida por el gobierno de Arturo Illia. En junio de 1966, acompañado por el sindicalista José Alonso, asistió a la jura de Juan Carlos Onganía en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Un hecho que respondió, se supo más tarde, a una directiva de Perón a sus seguidores: «Desensillar hasta que aclare». Vandor protagonizó hasta su muerte distintos hechos de la historia peronista. Estuvo en la Resistencia. Más tarde, en 1966, desafió a Perón con un candidato propio a gobernador de Mendoza.

Le disputó la conducción de la CGT y propugnó un «peronismo sin Perón». Encabezó el ala «participacionista» del sindicalismo en su relación con el gobierno militar de Onganía, aunque no llegó a la adhesión total. Combatió férreamente al «entrismo» de la izquierda dentro del sindicalismo. La muerte lo encontró reconciliado con Perón. «Tenga cuidado, Vandor, no saque los pies del plato porque la organización puede tomar medidas. No soy yo quien va a tomarlas, porque siempre he perdonado a todos»21, le advirtió Perón en una ocasión. Con el paso del tiempo, quienes lo asesinaron relataron cómo lo hicieron. Fue en la revista «El Descamisado» del 26 de agosto de 1974: un pelotón del denominado grupo Descamisados (que más tarde se fusionó con Montoneros). El hecho, denominado Operativo Judas, se llevó a cabo en la sede de la UOM de La Rioja 1945, en pleno centro de Buenos Aires. Intervinieron: Dardo Cabo (director de la revista, ex guardaespaldas del propio Vandor), Carlos Caride y Horacio Mendizábal. El jefe de Inteligencia, el planificador, fue Rodolfo Walsh, más conocido como «Profesor Neurus» o «Esteban». La muerte de Vandor fue conmocionante. Horas más tarde, el gobierno del general Onganía intervino la central izquierdista «CGT de los Argentinos» y fue detenido Raimundo Ongaro, de quien Perón dijo en una oportunidad: «¿Para qué quiere verme? Si él conversa directamente con Dios.» Vandor fue ejecutado días más tarde del «cordobazo» (mayo de 1969) y setenta y dos horas después del asesinato, en las cercanías de Plaza Once, de Emilio Jáuregui, del Sindicato de Prensa.

27 de Agosto de 1970. Asesinato de José Alonso. Dirigente «participacionista» del gremio de los textiles, quien, como Vandor, perteneció a las «62 de Pie Junto a Perón». Murió cuando se desplazaba en su automóvil desde su domicilio en Belgrano hasta la central obrera. Varios días más tarde, un autodenominado «Comando Montonero Emilio Maza», perteneciente al «Ejército Nacional Revolucionario», se adjudicó el hecho (y de paso, el de Vandor). Cuatro años más tarde, la revista «La Causa Peronista» daría a conocer los pormenores del operativo terrorista. Varios de los nombres que surgieron por una investigación posterior son reconocidos en la muerte de Vandor. También pertenecían a Descamisados: entre los principales fundadores estaban Roberto Cirilo Perdía, Horacio Mendizábal, Fernando Saavedra Lamas, Norberto Habegger y «Mateo» Emilio Alberto Girondo Alcorta.

22 de Mayo de 1973. Asesinato de Dirk Henry Kloosterman, secretario general de SMATA. Fue muerto por las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), a 72 horas del recambio presidencial (de Lanusse a Cámpora). Su muerte fue anunciada poco antes en la revista «El Descamisado», de la siguiente forma: ilustrando un artículo del abogado Mario Hernández, cuyo título era «Los que se oponen a Cámpora», aparece una imagen de la cara de Kloosterman enmarcada por una mira telescópica. «El asesinato de Dirk Kloosterman significó una advertencia de lo que los peronistas pueden esperar en un futuro próximo», escribió Clive Petersen (un alias de James Neilson, que también usaba el de «Santiago O'Neill») en el Buenos Aires Herald, en su columna «As I see it» (Así lo veo yo).

25 de setiembre de 1973. Asesinato del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Su carrera gremial se desarrolló dentro de la UOM. Le tocó organizar el retorno de Perón a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972. A diferencia de Vandor, Rucci nunca tuvo un gesto de independencia frente a las directivas de Perón. Apoyó la candidatura de Héctor J. Cámpora a la presidencia, en marzo de 1973. Cuando la gestión de Cámpora se hizo ingobernable - con la plena acción del sector peronista de izquierda-, Rucci pronunció una de sus frases más postreras. Se presentó en la sala de prensa de la Casa Rosada y dijo: «Se terminó la joda». Horas más tarde, Cámpora renunció. Nunca fue perdonado. Su asesinato llevó el nombre de Operativo Traviata (por el anuncio de Bagley de las galletitas de «los veintitrés agujeros»). Intervinieron en el atentado, con la conformidad de la conducción de Montoneros, entre otros, Horacio Mendizábal, Roberto Cirilo Perdía, Norberto Habegger, Francisco Urondo, Juan Julio Roqué y Lidia Mazzaferro. Las tareas de «inteligencia» les demandaron unos cuatro meses de relevamientos, a las órdenes de Antonio Nelson Latorre («Pelado Diego») y Rodolfo Walsh («Esteban»). La muerte de Rucci se llevó a cabo dos días más tarde de la elección que llevó a Juan Domingo Perón a la presidencia de la Nación. Cuando se enteró se lo vio conmovido. Dijo: «Me cortaron las piernas». Años más tarde, el diputado Miguel Bonasso, en ese entonces de Montoneros, reconoció que el asesinato de José Ignacio Rucci había constituido un error de la organización. «Fue una gran cagada», comentó privadamente un ex miembro de las FAR (que días más tarde se fusionarían con Montoneros).

22 de marzo de 1974. Asesinato de Rogelio Coria. Murió en la planta baja de su casa a manos de dos jóvenes «milicianos» de Montoneros, cuando estaban realizando el usual «ambiental» de inteligencia para su futuro asesinato. Como observaron que estaba solo y desarmado, le pegaron dos tiros en la cabeza y huyeron. La organización los condecoró por la «valiente iniciativa militar». Coria perteneció al gremio de la construcción (UOCRA); se había enrolado en el ala más «participacionista» y en el momento de morir se encontraba retirado. Perón, irónicamente, dijo de él: «Más aceite da un ladrillo».

17 de diciembre de 1975. Asesinato de Alberto Campos. Fue muerto por la «Columna Norte» de Montoneros. Era un «enemigo emblemático» de los terroristas porque representaba tres vertientes: enemigo político (porque era intendente de San Martín), enemigo sindical (dirigente de la UOM) y enemigo militar porque lo acusaban de apoyar a matones de la CNU y las Tres A. Campos llevó a Madrid las cintas con las declaraciones grabadas en las que Rodolfo Galimberti apoyaba las «milicias armadas». Una vez que las escuchó, Perón expulsó a Galimberti como delegado de la juventud partidaria. Se atribuyó a Galimberti la jefatura del comando que ajustició a Campos, a un funcionario de la intendencia y a su chofer.

22 de marzo de 1976. Asesinato de Atilio Santillán. El crimen fue adjudicado a un comando del ERP, bajo la jefatura de Enrique Haroldo Gorriarán Merlo. Se llevó a cabo 48 horas antes del golpe militar. El secretario general de la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA) fue atacado en sus oficinas de la avenida Rivadavia 1128, en Capital Federal. Lo ataron a una silla y Gorriarán Merlo le dio un escopetazo dentro de la boca. Lo acusaban de haber apoyado al gobierno justicialista y a los militares durante el Operativo Independencia.

Estos son apenas unos pocos nombres, los más conocidos, de dirigentes sindicales asesinados antes del 24 de marzo de 1976. Otros apellidos escalonan un largo sendero de cientos de víctimas de la violencia. Entre otros: Antonio Magaldi, Teodoro Ponce, Adolfo Dibatista, Ignacio Desosi, José Chirino, Ricardo Sánchez, Héctor Noriega, Juan Pelayes y Vicente López.