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Para evaluar un restorán, antes hay que saber cocinar
«Ya de chico aprendí que la comida y la política son cosas que van jun-
tas», sostiene Fernando Vidal Buzzi.
Como su padre era escribano (además de diputado, concejal e intendente radical), Fernando en los años 50 entró a estudiar Derecho (dejó colgadas tres materias para recibirse). «Yo era de la FUBA y muy antiperonista, y ahí comencé a escribir panfletos, manifiestos, artículos en revistas, y ésa era la forma de iniciarse en el periodismo». Un tiempo después, editó y dirigió la revista «El Príncipe», «que tuvo una vida política significativa. No teníamos oficina, así que nos juntábamos a almorzar los seis que formábamos la redacción, y siempre se agregaban algunos otros, en La Bolsa, un restorán de la City. Entre nuestros colaboradores estaban Mariano Grondona y Jorge Mayer. Y, bueno, la política y la comida son cosas que van juntas. Recuerdo la impresión que me llevé de adolescente cuando con mi padre, para celebrarme un cumpleaños, fuimos al restorán Pedemonte, un reducto de hombres solos, de políticos y empresarios, y muchos hablaban sobre la composición de los platos, cómo debían ser, cómo se hacía un auténtico puchero y la diferencia con el cocido español. Ahí creo que comencé a desarrollar mi gusto por comentar los platos, algo que se incrementó en las comilonas de 'El Príncipe'. Además, conocí a Miguel Brascó, que dibujó varias tapas de la revista, y eso hizo que tiempo después, cuando salió la revista 'Status', me pidió que, ya que yo había cocinado en clubes gastronómicos, escribiera sobre comidas».
El mundo editorial, no falto de exigencias, no era suficiente para Vidal Buzzi. «Junto a eso escribía un poco de política y economía en la revista 'Mercado', algo de libros y de música clásica, también». «Un día Alberto Borrini dijo que la revista tenía que tener un 'after six'. En el reparto me tocó escribir sobre restoranes y vinos. Eso fue el 4 de mayo de 1980, a partir de ahí no he dejado de hacerlo ni una sola semana sobre esos temas en diarios y revistas. Lo hice en la revista de 'La Nación', en 'Salimos', 'Cuisine & Vins', 'Cava Privada', 'Todo es Historia'. Cuando Sergio Sinay entró a dirigir la revista 'Hombre', y luego 'Playboy' en la Argentina, me ofreció las columnas de gastronomía, turismo, libros y música clásica; de ahí pasé con mi columna de restoranes y vinos a 'Noticias'.En 'El Conocedor', una ambiciosa revista de Augusto Foix, surgió algo, una idea. Estábamos 'after six' en un bar y pedí un Martini dry. Les pareció que no era para esa hora. Les expliqué que era relajante, que la cuestión era tomarlo a sorbitos, que una copita dura una media hora. De eso salió que escribiera una sección que se llamó 'Manual de Relajación' donde explicaba que uno tiene a la mano cosas simples que permiten relajarse como barrer, cocinar, cepillar a nuestra mascota, en fin, ejercicios de paciencia que llevan a sentirse mejor. Un editor quiso hacer un libro con todas esas notas, pero aunque tengo firmado el contrato, no tengo tiempo para revisar las notas y armarlo. Algo semejante me pasó con un directivo de MasterCard. Me preguntó cómo habiendo escrito sobre tantos restoranes y vinos no había publicado una guía, y que si la hacía él me compraba una parte importante de la edición para regalar a sus clientes. Así en 1994 salió la primera 'Guía de Restaurantes de Buenos Aires'. Y distribuyéndola en lugares muy seleccionados, en librerías del Barrio Norte, y muy ayudados por aquella compra de base que nos hizo aquella tarjeta de crédito, vendimos 3.000 ejemplares. El éxito nos hizo crecer en páginas y formato. Si nuestro modelo fue la famosa guía 'Michelin', nuestra línea la lanzó un colaborador cuando propuso que fuera la única guía que premia y que castiga. Creo que eso ha hecho que se espere año tras año para saber quiénes subieron, quiénes bajaron y quiénes ya no están».


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