El cabello de una doncella que escapó al sacrificio. Es el agua que hoy baja por las cataratas del Iguazú, según una leyenda de las que siempre acompañan a cada lugar que se visite de la Argentina, y que generalmente tiene como tema central una historia de amor. Pero más allá de los mitos y leyendas populares, lo cierto es que las cataratas del Iguazú son uno de los escenarios naturales más fascinantes de América latina. Esos más de 270 saltos que comparten la Argentina y Brasil en cerca de 200 mil hectáreas -declarados Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco-, son cada vez más una fuerte referencia para el turismo. Las Cataratas llevan el nombre de ese río, el Iguazú, que nace en el sur de Brasil (cerca de la ciudad de Curitiba, en la Serra do Mar) y recorre más de 1.300 kilómetros antes de precipitarse por el desnivel de 80 metros que forman los saltos: un semicírculo de 2.700 metros. El Parque en sí fue creado en 1934 con el fin de proteger uno de los ambientes más diversos que existen. Enmarcada por la selva subtropical paranaense, la cantidad de especies que habitan este ecosistema sorprende aún a los visitantes más experimentados. Es el hogar de 450 especies de aves y 80 mamíferos, que incluye al yaguareté: el felino más grande del continente americano. También es muy importante la variedad de anfibios, reptiles, peces e invertebrados. El más importante de los saltos de las Cataratas, descubiertas por Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541, quien las bautizó como Santa María, es el Unión, que forma la espectacular Garganta del Diablo. Los más conocidos son el Bosseti, Dos Hermanas, San Martín, Adán y Eva, Tres Mosqueteros y Rivadavia.
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Más allá de las Cataratas
Debido al impulso que tomaron las Cataratas como destino turístico internacional, la ciudad de Puerto Iguazú comenzó a crecer en los últimos años en propuestas hoteleras de todas las categorías, así como también en lo que a gastronomía se refiere. Cocina internacional, parrillas, pizzerías, comida china, especialidades en pescado de río, comidas típicas regionales son sólo algunas de las variables. Para el esparcimiento, la oferta de confiterías, boliches, peñas, salas de juego y casino internacional, hacen grata la estadía. Puerto Iguazú es también el punto de partida de algunas excursiones, tanto a los países limítrofes como de circuitos de aventura que se están implementando para que las aventuras por la tierra colorada no tengan fin. A tan sólo cinco minutos del centro de la ciudad, sobre Ruta Nacional 12 se pueden encontrar distintos atractivos turísticos como La Aripuca, que representa una trampa gigante construida de forma muy inteligente con treinta especies nativas de árboles, que ya han cumplido su ciclo de vida útil en la selva y fueron extraídas para la concreción de este proyecto. La Aripuca, según explica su diseñador y propietario Otto Waidelich, intenta «atrapar» la conciencia de quienes la visitan para cuidar el medio ambiente. También están las cabalgatas ecológicas, que se desarrollan en una porción de selva, colindante con la ciudad y a través de los senderos o picadas se puede visitar la aldea aborigen Iriapu y observar las viviendas típicas que habitan los mbya guaraní, conocer sus artesanías, sus plantaciones y forma de vida o bien escuchar a través del relato de los guías leyendas e historias de la selva misionera. A quienes les guste mantener un contacto directo con la selva y principalmente si disfruta de observar aves, el lugar ideal es el centro de recría y de aves amenazadas en peligro de extinción, Guira Oga. Allí se podrán observar, siempre con la compañía de un guía especializado, distintas aves que han llegado al centro para ser recuperadas. Para los amantes de la aventura o de los deportes, también dentro de Puerto Iguazú se ha generado un circuito de aventuras que incluye, el Canopi, caminatas por la selva, mountain bike, tirolesa, todas estas actividades se desarrollan en compañía de guías e instructores debidamente habilitados para ejercer con responsabilidad y seguridad, pero principalmente con un gran respeto y sentido ecológico, dentro de este gran hábitat natural como lo es la selva misionera.
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