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Una película para no quedarse dormido

«El origen» (Inception, EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: C. Nolan. Int.: L. DiCaE. Page, K. Watanabe, M. Cotillard, T. Berenger, M.l Caine.

La idea es original, y la realización es formidable. Leonardo DiCaprio lidera un grupo de gente especializada en meterse en los sueños de otras personas para extraer sus más íntimos secretos, algo que puede ser extremadamente provechoso en el campo del espionaje industrial, por ejemplo. Pero el argumento del último film de Christopher Nolan ubica al protagonista ante un desafío mucho más difícil: el de meterse en el subconsciente de alguien, no para robarle una idea, sino para sembrar un concepto que altere su vida para siempre.

En este caso, ese alguien es el heredero de un monopolio de energía eléctrica, cuyo principal competidor quiere ver disuelto. Para meterse en sus sueños hay que seguir la estrataegia de Edgar Allan Poe, «un sueño dentro de un sueño». Y si a esta altura el lector cree que en medio de tantos sueños puede quedarse dormido, tiene razón: éste es uno de los problemas de una muy buena película, ya que si no se siguen con cuidado todos sus detalles, se corre el riesgo de quedarse olímpicamente fuera de la trama, más allá de las imágenes alucinantes que pueda ofrecer.

Nolan se obliga a un tour de force narrativo, ya que la acción transcurre en varias realidades oníricas a la vez, una dentro de la otra como si fueran cajas chinas, donde el tiempo transcurre más lentamente a medida que se sumerge más y más en el subconsciente de los protagonistas, al punto de que los segundos necesarios para que una camioneta caiga desde un puente a un río son veinte minutos de acción en otra realidad onírica, donde la acción va transcurriendo en montaje paralelo con la caída del vehículo.

Más allá de la complejidad de estos conceptos, Nolan simplifica muchísimo las posibilidades infinitas de las tramas que el subconsciente de cada personaje puede ponerle a esta tarea propia de un film de ciencia ficción. No hay sueños con rarezas sexuales, ni cambio de época, ni nada lo suficientemente terrorífico o alocado para que parezca salido de una película de Freddy Krueger. Todas estas posibilidades están resumidas en la culpa del personaje de DiCaprio, que por experimentar con estas intrusiones al mundo de los sueños, tiene una esposa muerta que se le aparece sin control saboteando sus misiones.

Sintetizando, «El origen» es una gran película, que además de estar sostenida por una idea muy original y una realización asombrosa, tiene buenas actuaciones y un guión al que hay que prestar mucha atención.

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