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23 de mayo 2013 - 08:33

Arrancó con entidades delicadas que terminan con liquidez y solvencia

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Jorge Brito.
Por Jorge Brito, especial para ámbito.com.-

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El período transcurrido entre Mayo del 2003 y Mayo del 2013 se puede calificar como muy satisfactorio en términos del desempeño de la economía y del sector bancario y financiero. Ha sido una época de crecimiento sostenido, con tasas muy altas entre el 2003 y el 2008 y un poco más moderadas en promedio entre el 2009 y el 2012. Pero no caben dudas que el balance ha sido positivo, sobre todo teniendo en cuenta que el período bajo análisis es el de la salida de la profunda crisis del 2001 y parte del 2002, en que el país emergió luego de la traumática implosión de la convertibilidad. Hay que recordar que en esa dramática circunstancia llegó a estar en juego la paz social y la continuidad institucional, amenazas que se vieron felizmente superadas gracias a políticas públicas impulsadas por el Gobierno Nacional que fueron eficaces, al esfuerzo de la gente común y al comportamiento responsable de las dirigencias comprometidas con el futuro de la Nación. No hay dudas que el proceso de desarrollo con inclusión impulsado fue exitoso y permitió sacar a la Argentina del riesgo de la disolución social y colocarla en el camino del crecimiento.

Las políticas públicas supieron promover el consumo interno y la inversión, y se vieron también apuntaladas por un interesante proceso de incremento de los precios internacionales de las commodities que la Argentina exporta, lo que facilitó la recomposición de un robusto saldo positivo de la balanza comercial. Esa tendencia de crecimiento de los precios de las commodities, que algunos pronosticaron como un fenómeno de corto plazo, se está manteniendo en el mediano, justificada por los intensos procesos de crecimiento de extensas economías que hasta entonces aparecían como emergentes y que ahora se han transformado en actores privilegiados de la economía internacional. Estamos hablando de India, y fundamentalmente China, uno de nuestros principales clientes. También ayudó el importante desempeño de la economía brasileña, uno de nuestros principales mercados externos.

Debe destacarse que este proceso tan positivo para la Argentina se dio en el contexto de una crisis internacional muy severa en los países centrales, particularmente USA y Europa, crisis que comenzó siendo financiera y que después derivó en una situación generalizada de recesión que todavía persiste y que a ciencia cierta no se sabe hasta dónde se va a extender y cuánto puede perdurar. Lo cierto es que las prácticas anticíclicas que habían sido efectivas hasta ahora, no tuvieron en esta crisis el rápido efecto esperado. Esto nos deja como lección que paradigmas que hasta este momento aparecían como irrefutables, hoy han sido puestos en tela de juicio, y la propia experiencia de la integración europea, que era el prestigioso ejemplo de integración supranacional económica e institucional, incluida la moneda común, hoy merece por lo menos ser discutida críticamente, ya que ha sumido a varios de sus integrantes en una situación de incertidumbre, de estancamiento y de otros efectos indeseados, tales como desocupación y abultados déficit fiscales sin posibilidades ciertas de financiamiento. Una de las conclusiones que se extrae de esta experiencia es que las recetas recesivas y de ajuste en esta oportunidad no han sido efectivas y que en cambio parece más atinado apuntar a medidas de aliento a la actividad económica, que es lo que han hecho muchos países emergentes. Por este motivo, quizá por primera vez en la historia, los países emergentes hoy son parte de la solución y no del problema. También importa destacar que, en medio de este contexto de crisis, la Argentina ha logrado superar una tendencia de largo plazo de su economía que interponía una crisis económica cada siete años. En esta oportunidad llevamos diez años de comportamiento regular de la economía en los índices de crecimiento.

En lo que hace al sector bancario, esta etapa que arrancó con una situación muy delicada del sector, concluye con entidades fortalecidas patrimonialmente y con más que satisfactorios índices de liquidez y solvencia, preparadas para asistir a la producción y el consumo de la nueva etapa que ahora se inicia. El sector bancario se plantea como principal objetivo del momento actual el de profundizar la inclusión financiera, que es la iniciativa que se propone que los servicios bancarios sean accesibles a la mayor cantidad posible de personas.

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